El centenario de la Reforma Universitaria

El viernes 15 de junio se cumplirán cien años de un acontecimiento fundamental en la historia del país: el inicio del movimiento de la Reforma Universitaria, sucedido en Córdoba. Fue un hecho de enorme relevancia nacional que trascendió las fronteras del país para expandirse al resto de América Latina con los profundos cambios que logró instalar.
El movimiento estuvo en consonancia con los nuevos rumbos políticos que había tomado la Argentina con el acceso al gobierno de la Unión Cívica Radical después décadas de dominio del conservadorismo. Aquel radicalismo fue promotor del progreso de las clases medias y los sectores populares, en una nación que sorprendía al mundo por su crecimiento y posibilidades aunque también mostraba el descontento y las protestas de los sectores obreros de la ciudad y el campo, postergados por una oligarquía que detentaba su poder basado en la posesión de la tierra
En lo que respecta a la actividad científica la universidad de entonces se encontraba muy alejada de los avances que venía exhibiendo la investigación en el campo de las ciencias exactas y naturales. Dos detalles acaso ilustren mejor el panorama universitario cordobés de aquel entonces: entre los casi 1.600 estudiantes que cursaban no figuraba ninguna mujer y en el programa de una de las carreras constaba el punto “Deberes para con los siervos”.
Semejante panorama posibilita una revaloración de la hazaña política e intelectual que tuvo lugar hace exactamente un siglo y que representó la rebelión contra aquel orden retrógrado y autoritario. Pero también corresponde señalar que lo que comenzó con huelgas y movilizaciones y culminó en el mes de junio de 1918 con una abierta rebelión estudiantil se anticipó en décadas al espíritu de otras revueltas juveniles en el mundo.
La prolongada lucha eclosionó con una huelga general, a partir de la cual germinó la semilla de las universidades cogobernadas por docentes, estudiantes y egresados que, con variaciones, rige hasta hoy; esa forma tomaba como base de la enseñanza y acceso a los cargos la idoneidad del profesor y no su origen social. Ejercía el reconocimiento a la posibilidad de la docencia libre, con existencia de cátedras paralelas basadas en la jerarquía académica y científica. Las actividades de la extensión universitaria fueron, también, aspectos de gran relevancia que fogonearon el movimiento estudiantil cordobés. El ejemplo de la provincia mediterráneo se expandió por todo el país primero y Latinoamérica después, dando fundamento a la concepción moderna de las casas de altos estudios.
Lo notable, y paradójico, es que este centenario se cumple en medio de una ofensiva contra la universidad pública que pretende, en buena medida, hacerla retroceder a aquella condición elitista y conservadora. No es una afirmación exagerada si se tienen en cuenta las recientes declaraciones públicas de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires cuando cuestionó la creación de nuevas universidades en su jurisdicción con el argumento de que “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”.
Inmerso en el caos económico y social que él mismo desató, el gobierno nacional se cuida mucho de otorgar a este aniversario la trascendencia que verdaderamente tiene. Todavía más, bien puede decirse hoy que la Reforma Universitaria no deja de ser un hito que confronta con el pensamiento y el origen social que caracteriza a los más altos funcionarios del macrismo. La mejor prueba de ello es el maltrato que hoy padece la educación pública y los organismos nacionales vinculados a la actividad científica, con sus presupuestos reducidos y sus representantes menospreciados.
Bien podría decirse hoy que la pelea por el presupuesto y los salarios de docentes e investigadores reproduce -en otro tiempo y escenario- el núcleo de aquel enfrentamiento del ’18.