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El costo económico de la pandemia

La dramática situación que vive la actividad hotelera quedó plasmada en los datos que brindó a este diario el titular de la cámara que representa al sector. Un estudio realizado en Santa Rosa muestra un panorama desolador. Casi el 70 por ciento de los establecimientos registrados están cerrados -18 sobre un total de 26- lo cual implica que de las 2.300 plazas que había disponibles en la ciudad solo se mantienen 700. Según el dirigente empresario, muchos de ellos no podrían volver a retomar las actividades una vez superada la emergencia sanitaria y, en el interior pampeano, el panorama general no es diferente. No hace falta decir que se trata, en la gran mayoría de los casos, de pequeñas y medianas empresas.
En tanto el paisaje de locales comerciales cerrados que se observa en esta capital es otra muestra contundente de la fuerte crisis que disparó la pandemia. Con un agravante: los argentinos ya venían soportando una situación socioeconómica angustiante producto de la calamitosa gestión de gobierno del macrismo. Las dos pandemias -la neoliberal primero, y la virósica después- sumaron sus efectos para dejar al país en la crítica situación que hoy padece.
Ahora bien, estas dificultades podrían ser mucho más arduas si no se hubieran dispuesto medidas económicas paliativas para ayudar a las Pymes a atravesar la segunda -o tercera- ola de la epidemia que llegó con cifras de contagios y fallecimientos mucho más elevadas que las observadas el año pasado. Este recrudecimiento de la circulación del virus obligó -como respuesta obligada- a adoptar medidas preventivas para proteger la salud de la población. Así se impusieron -además del plan de vacunación- las restricciones a la circulación de personas, a la actividad comercial e incluso a la presencialidad escolar.
La incidencia en algunas actividades económicas fue directa. La hotelería, la gastronomía, el comercio, los gimnasios… figuran entre los más afectados, de ahí las quejas que se han elevado desde esos sectores.
Los alivios impositivos y los programas crediticios -a través de la banca oficial- que adoptó el gobierno provincial están colaborando para atenuar el fuerte impacto de la pandemia. Frente a estas duras circunstancias, no puede obviarse el hecho de que no han sido muchas las jurisdicciones que decidieron implementar medidas de este tipo, a pesar de que algunas de ellas -como la Ciudad de Buenos Aires- cuentan con un respaldo económico muy superior a esta pequeña provincia.
Pero hay un factor que no está ayudando en este difícil trance: el aumento continuo y elevado de los precios, en especial el de los alimentos. Este grave problema, que no da respiro y en cuya solución no acierta el gobierno nacional, aporta lo suyo para horadar todavía más las frágiles economías de las Pymes. Afecta sus ventas y las pone frente a una puja salarial permanente pues sus trabajadores, con toda razón, no desean seguir perdiendo poder adquisitivo -o en tal caso perder lo menos posible- en la frenética carrera con los precios. Es un encerrona, una tormenta perfecta, que añade incertidumbre en un escenario de por sí incierto.