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El despertar de Río Negro

Tantos años de predicar en el desierto empiezan a mostrar resultados. La provincia de Río Negro está despertando con relación al preocupante panorama que presenta el río Colorado a partir del proyecto de embalse de Portezuelo del Viento. Primero la localidad de Río Colorado y poco después la de Catriel sorprendieron con una saludable inquietud que se tradujo en enérgicos reclamos a las autoridades provinciales y nacionales. Es que ambas poblaciones ribereñas del río serán de las más perjudicadas si se construye aquella represa y se le otorga su manejo a Mendoza con, apenas, una función de control a posteriori de la autoridad de cuenca, el Coirco.
El disparador fue una reciente reunión realizada en la pampeana localidad de La Adela a la que asistieron el intendente y concejales de la vecina Río Colorado. Allí pudieron escuchar los sólidos -y antiguos- argumentos que sostiene La Pampa y percatarse de que padecen una carencia informativa insólita, e inaceptable. Lo más positivo fue que esa suerte de «despertar» se tradujo en una inmediata acción política: las autoridades municipales elevaron un fuerte planteo al gobernador rionegrino y al ministro del Interior alertando por las consecuencias que podría tener para la cuenca un manejo inadecuado de Portezuelo del Viento. Lo más interesante es que, en las notas elevadas, pusieron de contraejemplo a Casa de Piedra, el embalse que es manejado en forma conjunta por todas las provincias representadas en el Coirco. Más claro imposible.
A las pocas horas otras voces se elevaron en la orilla sur del Colorado, esta vez en la más populosa Catriel, en donde una concejala y diputada electa, junto a una reconocida dirigente ambientalista sumaron sus reclamos ante la pasividad de las autoridades municipales de esa ciudad y del gobierno provincial. Las dos mujeres mostraron su indignación por la indiferencia de ambas instancias del Estado y rechazaron la construcción y el manejo de Portezuelo del Viento tal como están planteados.
Ambas reacciones son consecuencia de la larga pelea que, en soledad, ha venido dando La Pampa frente a cuatro provincias y el Estado nacional. Son estas las primeras semillas que germinan en cuanto a generar conciencia sobre los peligros que se ciernen en la cuenca del Colorado por partida doble: un largo período de bajante en los caudales del río que lleva cerca de una década y, para sumar otro factor negativo, un proyecto de embalse que, a contramano de lo que recomienda el sentido común, no será administrado por las cinco provincias que integran el comité de cuenca sino por una de ellas, Mendoza, que registra pésimos antecedentes en la materia como puede dar fe La Pampa.
Ahora resta esperar que estas manifestaciones de rechazo que, por primera vez se dan fuera de territorio pampeano, se sigan propagando para alertar a todas las comunidades de las provincias que integran la cuenca sobre el riesgo al que se están sometiendo. Un punto crucial es Pedro Luro, en la provincia de Buenos Aires, en donde está el mayor desarrollo bajo riego de todo el Colorado y, por tal motivo, el área que más tiene para perder con esta aventura de final incierto. En verdad, cuesta entender que todavía sea minoritaria la proporción de regantes bonaerenses que son conscientes del peligro al que están expuestos y lo expresan abiertamente.
Pero hay otra comunidad que, si no reacciona a tiempo, también va a lamentar su silencio y pasividad. Es la gran ciudad de Bahía Blanca que tiene un proyecto de acueducto para extraer agua del Colorado aunque ahora fuera suspendido por la gobernadora de la provincia en virtud de la crisis económica. Esa alternativa de provisión de agua potable también estará fuertemente condicionada por el manejo de Portezuelo del Viento, de ahí que resulte incomprensible la indiferencia que muestran la comuna bahiense y el gobierno provincial.