El “dunga dunga” es financiero, pero también militar

EJERCICIOS MILITARES CON ESTADOS UNIDOS DECIDIDOS POR MACRI

La mayor dependencia de Argentina respecto a EEUU tuvo expresión grosera con la vuelta al FMI. La otra cara son ejercicios militares con el Comando Sur.
EMILIO MARÍN
Al menos para el anuncio de “negociaciones” con el Fondo Monetario Internacional, Mauricio Macri tuvo que dar la cara y grabar un mensaje de tres minutos. Nicolás Dujovne ya tuvo una reunión con directivos del Fondo, otra con el Departamento del Tesoro y fue recibido por Christine Lagarde, la directora gerente de aquella entidad.
Sigue el mutismo sobre las características del pedido de crédito, aunque conociendo la poca defensa de la soberanía que caracteriza al PRO-Cambiemos y las normas usurarias del capital financiero internacional, se adelantar que no es una negociación de iguales. Tampoco tendrá un resultado positivo. Con dictaduras militares o gobiernos civiles, o con una mezcla de ambos, tales préstamos dejan un saldo negativo en el deudor: en el empleo, por el ajuste y el crecimiento de la deuda y el sacrificio de generaciones en el altar elevado de esas obligaciones.
Tramitar créditos en el FMI reforzará la dependencia económica-financiera, con repercusiones en el plano político-social, legal e institucional. Como ejemplo extremo está lo ocurrido en diciembre de 2001.
No es un solo aspecto del gobierno macrista, pues hay un proyecto político tendiente a acoplarse a la administración Trump. En los días previos al cachondeo con Lagarde hubo noticias de otra grave subordinación a esos intereses.
Macri autorizó por decreto, evitando una ley del Congreso, que militares estadounidenses entraran para un operativo entre el 2 y 3 de mayo pasado. El pretexto fue un ejercicio conjunto para luchar contra “el terrorismo y narcotráfico”. Los analistas y servicios de inteligencia de EE UU, los “maestros”, con sus subordinados argentinos, sus “discípulos”, debían interceptar un camión con armas químicas que circularía por Corrientes.
Evitar la autorización legal fue parte del secreto. El lugar del operativo también estuvo vedado al conocimiento de los medios y la opinión pública. El balance, ídem. La embajada norteamericana dijo a algunos medios amigos que eso era parte del Programa de Ejercitaciones Militares Combinadas de EE UU, en el marco del trabajo del Comando Sur con asiento en La Florida. Su máximo jefe es el almirante Kurt Kidd; tiene jurisdicción sobre 31 países de América Central, el Caribe y América del Sur, abarcando una superficie de casi 25 millones de km2.
Según los justificadores de estos ejercicios, su objetivo sería “brindar formación contra el tráfico de armas de destrucción masiva”. El argumento es muy contradictorio en boca norteamericana, teniendo en cuenta el uso criminal que el Pentágono hizo de ese tipo de armas, por ejemplo las químicas, durante su agresión a Vietnam en los ´60 y ´70, su invasión a Irak en 2003 y contra Siria desde 2011 mediante sus grupos asociados de ISIS-Daesh y Al Nusra.

Kidd, un amigo peligroso.
Estos asuntos militares y de seguridad son más peligrosos para la democracia argentina por estar siendo monitoreados por dos ministros incompetentes y con el “sí fácil” para Washington, Oscar Aguad y Patricia Bullrich.
Las alianzas de este par de funcionarios, obvio, con la venia presidencial, se limitan al Pentágono, el Comando Sur, el FBI y la DEA, y la Fuerza de Defensa de Israel y el Mossad. Eso es horrible porque EEUU e Israel son, especialmente con Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el mayor peligro para la paz mundial.
En marzo pasado Bullrich estuvo de gira en EEUU y visitó a los jefes de la DEA y el FBI, y sobre el final de esa visita se le acopló Aguad. La ministra de Seguridad informó de un acuerdo con la DEA para montar una base de operaciones en Misiones, contra el “narcotráfico y el terrorismo”. Y el de Defensa comunicó la creación de una fuerza militar de despliegue rápido, apuntando al mismo objetivo. El debate no se hizo en el Congreso, de cara a la sociedad. Como siempre, los “maestros” serán de afuera y los “alumnos” de adentro.
La política y los instructores norteamericanos quieren convencer a los argentinos que el grave peligro para nuestro país serían las “células terroristas” de Hezbollah, “dormidas” en la Triple Frontera. Para los argentinos bien nacidos en cambio el mayor desastre es que los ingleses usurpan nuestras Malvinas y tienen la base militar de la OTAN en Mount Pleasant. Esta es la prioridad.
El año pasado se hizo con los yanquis el operativo aero-naval Cormorán en Chubut y Buenos Aires. Para ser justos, hay que decir que durante el gobierno de CFK se habían suspendido los ejercicios con los norteamericanos en nuestro país, pero seguían los dirigidos por ellos en la jurisdicción marítima y aérea latinoamericana. Siguieron los Unitas (incluso en nuestro mar en 2008, 2009 y 2010), los Panamax y en 2017 hubo otro en la Amazonia brasileña con fuerzas terrestres combinadas. Entre las decisiones lamentables sobresale el rol argentino en la fuerza de ocupación de Haití, la Minustah, que humilla a ese país desde 2004.
Esos ejercicios de EE UU son parte de su plan de dominación mundial. La esencia del FMI y Wall Street no cambia, y la del Pentágono tampoco. Hoy apuntan ante todo contra Venezuela, para arruinar al gobierno de Nicolás Maduro antes de los comicios del 20 de mayo. Y por si no lo logran, preparan una intervención militar junto con Colombia, Panamá, Argentina y Brasil. Así se patentiza en un documento secreto firmado por el almirante Kidd, filtrado y publicado en inglés por el sitio Voltairenet.org.
Cada quien tiene sus prioridades. Trump, Kidd y Macri quieren acabar con Maduro. El cronista sueña con ver la bandera argentina en las Malvinas y la de remate en Wall Street.