El extractivismo mata

La realización en nuestra ciudad de un encuentro nacional contra el extractivismo vino a plantear una consecuencia negativa de la explotación irracional de los recursos naturales. Por extractivismo se entiende un modelo “basado en una alta dependencia de la extracción intensiva (en grandes volúmenes) de recursos naturales, con muy bajo procesamiento (valor agregado) y destinado a su exportación”. Como se puede ver, se trata de una nueva definición para un viejo problema: el colonialismo, es decir, el sometimiento de los países subdesarrollados por parte de las potencias del llamado primer mundo. Esa relación desigual se ha potenciado bajo la globalización neoliberal al punto de convertir este tema en un objeto de estudio más relativo a la explotación. Por cierto que América Latina tiene mucho para decir al respecto.
Aunque la mayoría de las fuerzas económicas y sus representantes no lo tengan en cuenta, vivimos en un mundo en donde los recursos naturales, con el crecimiento de la población, el hiperconsumo de los países ricos y las nuevas técnicas de producción, van camino a un próximo agotamiento, un duro legado para las generaciones venideras.
El peligro apunta a dos clases de extractivismo: el de los recursos no renovables (minerales, hidrocarburos, gas…), y el de los renovables, básicamente animales y vegetales. La calificación de estos últimos es relativa ya que, en muchos casos, el ritmo de extracción y consumo supera al de renovación, por lo que el agotamiento también está próximo. A ello se suma el hecho de que el afán de lucro de las grandes empresas transnacionales las lleva a la producción y uso irracional de contaminantes para fertilización, que envenenan el suelo, sustento de toda la vida.
Las evidencia muestran que los gobiernos nacionales de las últimas décadas apoyan decididamente esta forma de explotación indiscriminada, como lo prueba sobradamente el respaldo al complejo agrominero exportador que explota -por no decir saquea- nuestras materias primas.
Por lo dicho cabe destacar la labor de los organizadores de la reunión -los colectivos sanitarios de La Pampa y Andrés Carrasco- pues constituyó otro paso adelante en la toma de conciencia con respecto a los graves daños que provoca al ambiente y a la sociedad humana esta forma de explotación irracional de los recursos naturales.