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El fabricante de mentiras

«El era un fabricante de mentiras / tenía las historias de cartón…» dice la canción de Charly García que interpretaba Sui Generis en los años setenta del siglo pasado y que ahora recobra inesperada vigencia a causa de los avatares políticos de nuestro país.
La llegada al gobierno del macrismo puso a los argentinos de cara a una estrategia marketinera que descansó en el uso de la mentira como arma política a una escala jamás vista. En las promesas de las campañas electorales, en los discursos oficiales, en las justificaciones ante la debacle económica y social, en las entrevistas ante periodistas complacientes… No hubo espacio del debate público que quedara libre de esta forma de comunicar que fue la marca en el orillo del macrismo. La persecución implacable que sufrieran los propietarios de un grupo mediático, con prisión incluida y feroz hostigamiento económico por parte de la AFIP, muestra que para imponer su relato el gobierno no respetó límites políticos ni éticos.
No vamos a aburrir con tantos ejemplos que los lectores de este diario conocen muy bien sino apenas comentar la última gran incursión en el terreno de las falsedades: el reciente documento del gobierno titulado «Ocho puntos sobre la economía», un compendio de embustes digno de los antecedentes en la materia de su autor: el jefe de Gabinete Marcos Peña.
A modo de síntesis de despedida, el texto señala que los argentinos vivimos poco menos que en una economía escandinava y que se solucionaron prácticamente todos los «problemas heredados». A saber: «hemos revertido la herencia de 2015, a fines de 2019 el país está listo para crecer»; «hemos dado los pasos necesarios para empezar a ver una reducción sostenida y sostenible de la inflación»; «en nuestra gestión se crearon 1.250.000 puestos de trabajo»; «el desempleo está en niveles similares a los que dejó el gobierno anterior»; «llenamos la Argentina de obras que potencian la competitividad» como «rutas, puertos, aeropuertos, gasoductos, trenes, energía, agua potable y cloacas»; «el punto de partida para 2020 es mucho más sano»; se justifica el desmesurado endeudamiento externo «porque habían quedado muchas cuentas sin pagar del gobierno anterior como la deuda con los holdouts» y finaliza asegurando que «falta mucho» pero que «este es el camino correcto para tener un país mejor».
No hay mejor método que combatir las falsedades con datos, y con unos pocos es suficiente para desarmar tamaña andanada de bolazos. Un informe reciente del Centro de Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), confeccionado con estadísticas oficiales, presentó un estudio comparativo de los principales indicadores económicos del país entre 2015 y 2019. Allí se puede apreciar que en ese lapso la pobreza creció del 29,7% al 35,1% con estimaciones a fin de año cercanas al 40%; el desempleo subió del 6,5% al 10,6%; el salario mínimo se redujo de 580 a 275 dólares; la inflación trepó del 27,5% a 54,5%; el riesgo país creció de 555 a 2223 puntos; el PBI per cápita bajó de 14.884 a 10.016 dólares; el déficit de cuenta corriente subió de 2,7% a 4,9% y la tasa de interés de las tarjetas de crédito subió de 36,6% a 91,5%.
Dato mata mentira.