sábado, 19 septiembre 2020
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El foco sobre los agrotóxicos

La multa que le aplicó el Estado provincial a la Fundación Campo Limpio (FCL) reactualiza el debate sobre la contaminación ambiental provocada por las prácticas agronómicas y la necesidad de avanzar con el tratamiento de la Ley de Agroquímicos. La sanción tuvo lugar ante el incumplimiento de la normativa legal por parte de la entidad responsable de acopiar y retirar de la provincia los envases que contienen restos de compuestos de alta toxicidad.
Meses atrás tuvo lugar una fuerte polémica en virtud de la demora de la FCL en levantar los centros de acopio de bidones. Ese incumplimiento motivó una inusual medida por parte del gobierno provincial: la prohibición de comercializar los productos fitosanitarios que se utilizan en el agro pampeano. La decisión provocó malestar en los protagonistas del agronegocio: productores, comerciantes y laboratorios, pero el gobierno no cedió y logró que, finalmente, se comenzara a cumplir con la normativa, es decir, el acopio de los bidones y su posterior salida de la provincia hacia los centros de tratamiento.
La firmeza de la medida gubernamental demostró lo que ya se presumía: la demora en cumplir con la ley no tenía otra razón que la indolencia. No se requería de grandes instalaciones ni de inversiones, solo un par de tinglados y la voluntad de empezar a hacer las cosas bien. La presencia de bidones arrojados en caminos vecinales, en zonas suburbanas e incluso en áreas pobladas motivaron infinidad de denuncias periodísticas y terminaron por generar una corriente de indignación que llevó al gobierno a exigir lo que ya estaba escrito en un compromiso. La falta de conciencia ambiental se combate con educación, pero la falta de escrúpulos de quien no duda en arrojar sustancias contaminantes en la vía pública sin importarle el daño que pueda provocar, se combate con la ley.
Y a propósito de la ley, ahora urge aprobar la nueva normativa que está en tratamiento para posibilitar un seguimiento mucho más exhaustivo de los envases que se utilizan. Cuesta creerlo pero todavía no se sabe con exactitud qué cantidad de agroquímicos se vierten en la provincia.
Este problema, que ahora pareciera encarrilarse, nos pone en contacto con otro, mucho más profundo y complejo: la forma en que se producen los alimentos en el agro argentino. La utilización de enormes volúmenes de sustancias contaminantes, nocivas para la vida humana, animal y vegetal, es un grave dilema que hoy enfrenta la sociedad. El surgimiento de la agroecología, en todas sus variantes, es una respuesta a esa forma de ver la agricultura solo como un negocio lucrativo. La industria mundial de los agroquímicos moviliza fortunas para convencernos de que solo con el uso de sus productos se puede garantizar la alimentación de la humanidad. Esa falacia empieza a ser desmontada por un movimiento que, sin tantos recursos económicos ni propagandísticos, demuestra que la tierra puede cultivarse de otra forma, más amigable con el ambiente y con similares rindes productivos. Nuestra alimentación no debería tener el alto costo de destruir el ambiente; por el contrario, debería ser una búsqueda de vivir en equilibrio con la tierra que nos da de comer.