Inicio Opinion El frío invierno dura hasta septiembre; el macrista ¿hasta diciembre?

El frío invierno dura hasta septiembre; el macrista ¿hasta diciembre?

LA SEMANA POLÍTICA

El frío se siente hasta en los huesos, y mucho más cuando las personas no tienen las calorías, alimentos ni abrigo. Según el calendario, el invierno termina el 21 de septiembre. ¿El invierno macrista acabará el 10 de diciembre?
SERGIO ORTIZ
Según Juan Carr, de la Red Solidaria, por el frío habían muerto cinco personas en Buenos Aires, de los miles que viven en la calle con bajas temperaturas y bajo la línea de indigencia. Bastó que él coordinara con el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, que 150 de esos desheredados pudieran pasar una noche abrigados en el Monumental, para que el gobierno mostrara la hilacha.
Un funcionario macrista encargado de velar por la vida de esos compatriotas, le echó la culpa al último de los muertos, Zacaríaz, porque no habría querido ir a uno de los albergues. Mucho peor estuvo Fernando Iglesias, legislador de Cambiemos, quien aseguró que Carr había montado una «opereta» kirchnerista.
Que haya gente que se muera literalmente de frío, ya es un drama. Que en vez de lamentar esas muertes y buscar soluciones de emergencia, se digan aquellas barbaridades, da para pensar que Aristóteles estaba equivocado. El hombre no sería un animal político, sino que algunos políticos de derecha son peores que los más salvajes animales.
Además de diferir sobre la naturaleza del fenómeno, también son muy diferentes los números. Para el gobierno porteño sólo habría 1.141 personas en situación de calle. Entidades sociales, fundaciones y el CELS dicen que el número correcto es 7.251.
Y el gesto de River, que el cronista destaca y se enorgullece de amar esos colores, sólo dio cobijo y comida a 150 indigentes un par de noches. El Estado está en una falta más evidente que los dos penales que no nos cobraron contra Brasil. En este caso no hacía falta el VAR. Era cuestión de tener ojos y no mirar para otro lado ni pasar caminando rapidito, como hacen muchos cuando ven ese triste paisaje en nuestras calles, sobre todo de noche en la puerta de edificios o de negocios.
Preguntados sobre las razones de estar arrojados a esos lugares tan inhóspitos, muchos de los interrogados dicen que perdieron el trabajo y no pudieron pagar sus alquileres. Esas causas no hablan de una «opereta K» como dijo el provocador Iglesias, sino de una obra consumada del macrismo. No lo dice este diario sino el Indec: hubo 242.000 despidos en el último año.
Para sobrellevar el frío hay que estar bien alimentado y vestido. Por el ajuste impiadoso del gobierno de Cambiemos, la gente no tiene las cuatro comidas diarias y menos aquellas que incluyan carne y proteínas.
De calefaccionarse ni hablemos, con los precios del gas por las nubes pues aumentaron 2.281 por ciento desde que Macri está en Balcarce 50. La garrafa de 10 kilos cuesta 360 pesos y los 100 kilos de leña de quebracho colorado salen 550 pesos. Al final el verso siniestro del gorila Álvaro Alsogaray puede sonar casi como un lema de vida en 2019: «hay que pasar el invierno». Que se termine cuanto antes.

Más ajuste.
Mauricio Macri se ha tranquilizado un poco porque el dólar se ha estabilizado y bajado un par de pesos y porque el círculo rojo tiene buena onda tras la sumatoria del peronista Miguel Pichetto a la fórmula del rebautizado Juntos por el Cambio. En esos ámbitos no se presta atención a cuántos argentinos murieron de frío sino a cuánto está el dólar y qué negocios se abren.
La firma del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea (UE) generó opiniones no coincidentes entre quienes orientan sus inversiones dentro del poli rubro Expoagro, de Clarín y La Nación, y los empresarios ligados a la industria.
Después de veinte años de negociación entre los dos bloques se firmó el acuerdo en general, si bien faltan muchos detalles y los requisitos algo más que formales de la ratificación parlamentaria de los cuatro países sudamericanos y los 28 europeos, que puede llevar años.
Los europeos abren parcialmente sus mercados a exportaciones agropecuarias y los sudamericanos reciben más producción industrial y de servicios de los socios de la UE. Los críticos de lo firmado por Mauricio Macri y Jair Bolsonaro con sus socios mayores allende el Atlántico dicen que el pacto reprimarizará nuestra economía y reducirá aún la industria, en competencia desigual con sus pares europeos.
Si esta fuera la valoración correcta quiere decir que los perdedores serán mayoría en nuestro país, comenzando por los trabajadores y Pymes, incluyendo algunas industrias medianas y grandes ya reducidas por el ajuste macrista.
Y por otro lado habrá grandes ganadores, ligados al campo, no precisamente trabajadores rurales sino a los grandes pooles de siembra y el agrobusiness.
Gustavo Grobocopatel, el llamado «rey de la soja», festejó el tratado con Europa y se fue de lengua, al afirmar: «hay que permitir que haya sectores que desaparezcan». Después quiso enmendarse, desafiando la gran verdad de «no aclare, que oscurece».
El otro bocón en estado de orgasmo fue el director de Clarín Rural, el ingeniero Huergo, quien festejó «la llegada de un acuerdo a todas luces extraordinario. Por primera vez el Mercosur justifica su existencia. No será instantáneo, pero la apertura de un mercado de 500 millones de habitantes, de alto poder adquisitivo y ávido de mejores alimentos, suma muchas bocas a la oferta sudamericana. Prácticamente todo ingresará a la UE con menores tarifas, sólo protegerán unos pocos sectores que ellos consideran sensibles».
Carlos Marx escribió que «la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa». En nuestro caso se puede considerar como la tragedia al Tratado Roca-Runciman y como farsas a los acuerdos firmados con el FMI por el menemismo, la Alianza y Cambiemos. Algunos se frustraron a tiempo, como el ALCA de George Bush, y es de esperar que este con los europeos y otros similares anunciados con Estados Unidos y China corran la misma suerte que el libre comercio que quería imponer el texano bruto y naufragó en las aguas de Mar del Plata.

Que termine la pesadilla.
El gobierno está cada vez más endeudado, pero no le importa. El FMI, ahora sin su gran amiga Christine Lagarde sino con un director interno, David Lipton, anunció el desembolso de otra cuota, de 5.400 millones de dólares. Del total del crédito de 57.100 millones de dólares, habrá ingresado el 80 por ciento antes que el ingeniero termine su mandato, para darle más chances de reelección. Y después estos neoliberales y mediocres quieren sacar patente de serios con sus argumentos de que, en economía, como en el hogar, no se puede gastar más de lo que entra, como ironizó Claudio Scaletta, en Cash (Página/12, 30/6). Estos tipos están endeudando el país en forma alevosa y fugando en simultáneo casi la misma cantidad de divisas, haciendo negocios y bicicleta financiera. Es una fiesta en la cubierta del Titanic pues como les advirtió Alberto Fernández a los enviados del Fondo, el país está en un default disimulado.
Nicolás Dujovne empezó a dibujar los números del Presupuesto 2020 y hay números que meten miedo. Los intereses de la deuda pública serán el 2,8 por ciento del PBI ese año, casi triplicando el peso que tenían en 2015. Y los números son en realidad más ominosos porque ese cálculo no suma el déficit cuasi fiscal del Banco Central por la emisión de las Letras de Liquidez (Leliq) que en vencimientos más próximos importarían 26.000 millones de dólares.
Si es por la presentación que hacen los medios de incomunicación acoplados a la empresa cambiemita, aquellos no son los problemas más importantes. El gran obstáculo sería, según esa visión, las asambleas y paros encubiertos de gremios aeronáuticos que demoraron los vuelos en la víspera del feriado.
El ministro Guillermo Dietrich repitió la versión sobre operetas K, para culpabilizar a esos sindicatos. Omitió decir que él había postergado la reunión con esos interlocutores para tratar cuestiones del salario, pero también a la política de «cielos abiertos» para las empresas norteamericanas que él firmó con su par estadounidense en detrimento de Aerolíneas.
El gobierno piensa profundizar su obra y el inefable Pichetto augura que van a ganar en primera vuelta.
Ojalá ese pronóstico no se cumpla y sea al revés, que pierdan en primera o segunda vuelta, para empezar a dar vuelta la página.
Más importante es saber si el nuevo gobierno rectificará rápido y profundamente la destrucción de estos cuatro años, en relación al empleo, la deuda externa y fuga de capitales, los tarifazos, la inflación, los favores a las energéticas, la manipulación de la justicia, la desmalvinización, el gatillo fácil policial y el sometimiento a Washington.
Alberto Fernández camina en puntas de pie para no sobresaltar a los mercados, aunque igual lo cuestionaron por su solidaria visita a Lula en Curitiba.
Axel Kicillof, que podría ser gobernador en Buenos Aires, también se mueve en esa onda conciliadora, pero un poco mejor. Admitió que debe haber control de capitales en entrada y salida del país, y que la eléctrica Edelap, culpable del apagón en La Plata, debe ser estatizada.
Esa es la dirección correcta para transitar, acelerando. De lo contrario el invierno, aún sin Macri, seguiría después del 10 de diciembre.