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El futuro ya llegó

La provisión de agua potable a Santa Rosa y varias ciudades del este provincial desde el río Colorado está en un punto crítico. La bajante de ese curso fluvial está obligando a erogar un caudal desde el embalse de Casa de Piedra de apenas 15 metros cúbicos por segundo cuando lo normal a esta altura del año era de 50. Esta relación numérica es contundente a la hora de mostrar la crisis hídrica que atraviesa este río y otros cuyas nacientes se encuentran en la Cordillera de los Andes.
Mucho se ha hablado de este grave problema y de su incidencia en toda la cuenca, pero es la primera vez que una voz oficial -en este caso el delegado pampeano ante el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco)- alerta sobre la afectación del sistema de captación de aguas del acueducto que nace en Pichi Mahuida y llega hasta la capital de nuestra provincia luego de pasar por varias localidades.
Si la bajante persiste y obligara a reducir todavía más el caudal que suelta Casa de Piedra el acueducto podría tener serios problemas en su funcionamiento con gravísimas consecuencias para quienes dependen de él. En pocas palabras: el problema dejó de ser exclusivamente de quienes viven en la cuenca del Colorado para interesar ahora a una porción significativa de los habitantes de esta provincia, su capital incluida.
Los peores pronósticos comienzan a tomar cuerpo y ya se está viviendo una realidad que pareciera extraída de una novela de ciencia ficción. La noticia tan temida terminó por llegar y nos coloca a los pampeanos de cara a un escenario sombrío.
Pero lo peor es la indiferencia de las otras cuatro provincias que integran la cuenca y prefieren mirar para otro lado. Ahí está Mendoza con su ofensiva por Portezuelo del Viento, una represa que pretende manejar como si fuera la dueña exclusiva del agua; y Nación que no deja de prestarse a su juego en lugar de mediar con equilibrio entre provincias en conflicto por un recurso escaso como lo es el agua. Y también Buenos Aires, Río Negro y Neuquén mostrando una indiferencia demencial frente a una crisis que también terminará por afectarlas.
No son pocos los expertos que vaticinan «guerras del agua» en un mundo que vive sumido en enfrentamientos bélicos y comerciales entre países que rivalizan por el acceso a los recursos naturales. En el caso de Argentina es mencionada como objetivo geoestratégico por sus riquezas hídricas como el Acuífero Guaraní o los glaciares cordilleranos, de ahí el interés, por ejemplo, de Estados Unidos en instalar «bases de observación» que un gobierno tan obediente como el que hoy padecemos no tiene problemas en habilitar.
Pero el gran contrasentido es que, en el caso que hoy se comenta aquí, el enfrentamiento está protagonizado por provincias que pertenecen a un mismo país y que no logran ponerse de acuerdo en distribuir en forma equitativa el recurso más importante que requiere la vida humana para su supervivencia.
Los pampeanos ya sufrimos la mutilación del río Atuel con consecuencias devastadoras para nuestro ambiente y población. Sabemos de lo que estamos hablando.