El G20 debiera acordarse para que fue fundado

PUNTO DE VISTA

Nelson Nicoletti (*)
Ante la realización en nuestro país de la XIII Cumbre del G20, comparto con parlamentarios del bloque progresista del Parlasur la preocupación por el incumplimiento de las metas fijadas en la fundación del grupo. Decía el punto tres de la declaración fundacional: “Partimos de la creencia de que la prosperidad es indivisible; de que el crecimiento, para que sea constante, tiene que ser compartido; y de que nuestro plan global para la recuperación debe centrarse en las necesidades y los puestos de trabajo de las familias que trabajan con ahínco, no sólo en los países desarrollados, sino también en los mercados incipientes y en los países más pobres del mundo”…es difícil tratar de asociar tales expresiones con la realidad de las agresivas políticas de relaciones comerciales que las grandes economías nos están aplicando a países como los que integramos el Mercosur. Nada más lejos de esas intenciones que las declaraciones casi guerreras de Trump o Bolsonaro en contra de países como Argentina.
Preocupa el papel de las autoridades argentinas ante la crisis global y regional, y la situación política actual de nuestro país, de desgobierno macroeconómico y acelerado endeudamiento externo. El mundo actual está sumergido en una guerra comercial entre las principales potencias económicas y militares, y esta cumbre se realiza en Argentina, país anfitrión cuyo gobierno se encuentra envuelto en una grave crisis de legitimidad y apoyo popular, producto del ajuste en inversión pública que ha paralizado virtualmente la economía y las finanzas.
La crisis que ocasiona la guerra comercial y militar mundial, tiene un capítulo especial para nuestro País. Argentina ha vuelto a ser el “patio trasero” de los intereses norteamericanos, verdadero polo de poder global, que frena el desarrollo del multilateralismo.
Las nuevas “relaciones carnales” de sometimiento a los intereses geopolíticos norteamericanos en la región, han favorecido el endeudamiento con el FMI y pérdida de soberanía monetaria y contribuido a una crisis de gobernabilidad latente que condiciona la democracia misma.
Qué tiene que ver todo esto con aquellas intenciones de que “el crecimiento, para que sea constante, tiene que ser compartido…”, por eso el título. El G20 debiera acordarse para que nació.

(*) Parlamentario del Parlasur