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El gobierno de Macri destruyó empleo al por mayor

SE CONOCIO EL DATO EXACTO DE LA PERDIDA DE PUESTOS DE TRABAJO

En el cuatrienio de Mauricio Macri se perdieron 245.904 puestos de trabajo. El sector industrial resultó ser el más castigado. Hasta 2015 se venía creando empleo.
MARIANO KESTELBOIM
Durante la semana pasada se conoció con exactitud la cantidad de puestos de trabajo formales perdidos en el sector privado durante el gobierno anterior. Fueron 245.904 empleos menos los que se registraron en diciembre de 2019 respecto a diciembre de 2015, de un universo que en el primer mes de gobierno de Macri era de 6.246.526 puestos de trabajo. Quizás a algunos les pueda parecer un porcentaje no tan significativo respecto a la masa total que había (3,94 por ciento), pero la destrucción neta en cualquier economía es muy grave porque la población económicamente activa aumenta año tras año. Según el Indec, la población de entre 20 y 65 años, creció en ese cuatrienio en 1.198.843 personas. Y el país ya venía de una baja tasa de creación de empleos, pero era positiva y muy alta en relación a los muy pobres resultados recientes. En 2015 se habían creado 77.500 empleos; en 2014, 21.102 y en 2013, 35.247. Un total, en los últimos tres años de 133.849 trabajadores registrados adicionales. Era un nivel bajo en relación a los años anteriores pero, al menos, ascendente.

La industria.
Por lejos, la actividad más castigada fue la industrial donde se terminaron perdiendo 170.726 puestos, equivalentes al 13,6 por ciento de la dotación total que había en diciembre de 2015. Y, paradójicamente, a pesar de haberse quitado las retenciones a las exportaciones agrícolas y devaluado fuertemente, los empleos agrícolas apenas crecieron en 8.306 puestos de trabajo. Al menos, se convirtieron en el único sector productor de bienes que no sufrió una destrucción de puestos de empleos con las políticas neoliberales. La demanda cayó, parte de la oferta fue reemplazada con bienes importados y, en un contexto de suba generalizada de costos, menor escala de ventas en el mercado local y políticas globales más proteccionistas, las empresas locales perdieron competitividad.

Dato certero.
La cifra de los últimos cuatro años, a diferencia de las otros principales objetivos económicos que tampoco cumplió el gobierno anterior y que empeoraron gravemente la situación de origen, como los indicadores de pobreza, inflación o crecimiento, tiene el atributo de ser absolutamente certera, dado que es un dato concreto surgido de las declaraciones formales realizadas por las empresas privadas respecto a su dotación de trabajadores activos ante la AFIP.
Si bien los otros indicadores brindan una aproximación a la evolución de esas variables, no pueden ser exactos porque son estimaciones que no han podido captar plenamente los fenómenos medidos, debido al abrupto cambio de precios relativos de los últimos cuatro años. La variación relativa de precios entre los bienes de consumo prácticamente insustituibles y el resto posiblemente haya sido la más significativa del último siglo junto al «Rodrigazo» de mediados de los años setenta.

Los precios.
Los muy superiores incrementos de los valores de los alimentos, de los medicamentos, de los combustibles y, en especial, de las tarifas de los servicios públicos sobre el resto de los precios se debió a un conjunto amplio de políticas aplicadas, tanto en los gobiernos kirchneristas como en el de Macri. En los primeros incidieron los congelamientos tarifarios y la fuerte resistencia cuando, por ejemplo, aumentaron tarifas en los años 2009 y 2014, como resultado de recortes de subsidios. También las retenciones y los controles de precios de los alimentos y remedios de consumo popular y de combustibles habían generado cierto atraso.
Desde ese menor nivel, el siguiente gobierno aplicó políticas que mucho más que compensaron los rezagos. La combinación de quita de retenciones, devaluaciones, subas de tarifas, apertura comercial, destrucción de empleos y salarios reales en descenso fue un cóctel muy potente que generó que la matriz de precios relativos tuviera un vuelco brutal en detrimento de la gran mayoría de los consumidores que destinan una porción mayor de sus gastos hacia esos bienes. Pero la metodología de seguimiento de precios del IPC del Indec, de las consultoras privadas y de los institutos provinciales no lo ponderaron. O sea, se modificaron abruptamente las cantidades de consumo y los indicadores utilizados solo fueron capaces de captar los cambios de gasto relativo en cada bien. O sea, el indicador de inflación captó cómo variaron en términos relativos los precios pero siguió contemplando niveles de consumo en cantidades que no se verifican por la pérdida de calidad de vida, como el consumo en indumentaria, juguetes, muebles, entre otros bienes, que tuvieron incrementos significativamente menores que los bienes de consumo menos sensible y de oferta más concentrada.

Peor todavía.
Es muy probable que, si bien, en promedio, los hogares perdieron un 20 por ciento de su poder de compra contra la inflación medida por el Indec, en la gran mayoría de los casos, la capacidad real de consumo debió ceder bastante más entre fines de 2015 y diciembre de 2019. No solamente el rubro de precios de alimentos midió más respecto a nivel general, también los precios de los alimentos básicos de mayor consumo de los sectores de menores ingresos (lácteos, aceites, derivados del trigo, frutas y verduras, entre otros) tuvieron un incremento mayor respecto al aumento general de los alimentos.
En un mundo donde las guerras comerciales se han exacerbado y donde los gobiernos apuntan a sostener empleos productivos, haber atravesado cuatro años de destrucción sistemática de las capacidades en el mercado laboral, debe ser computado en la herencia en un nivel alto como el de la deuda externa. (BAE Negocios).