El gobierno no tomó nota y continúan los despidos

DESPUES DEL PARO CONTUNDENTE

A pesar del altísimo acatamiento que tuvo la huelga decretada por las centrales obreras del pasado lunes 25, el gobierno despidió a 360 trabajadores de la agencia oficial Télam.
IRINA SANTESTEBAN
El ministro Nicolás Dujovne dijo que “el paro produce una pérdida de 29.000 millones de pesos” y fue el disparador de comentarios en las redes.
La respuesta más ingeniosa circuló con la rapidez de estos tiempos twitteros, con un flyer de este simple cálculo: si según el Ministerio de Trabajo hay 6.277.000 trabajadores registrados e igual número de no registrados (éstos serían menos, un 40%), y todos ellos producen una riqueza diaria equivalente a esa pérdida, entonces cada trabajador produce por día un equivalente a 2.310 pesos. Si el jornal promedio en Argentina es de 600 pesos por día, ¿quién se queda, entonces, con los 1.700 pesos restantes? “Si querés saber qué es la plusvalía, Dujovne te la explica”, concluía el mensaje.
Y no es que las redes estén invadidas por pensadores marxistas. Es la dura realidad que golpea y enseña más que “El Capital”, la obra cumbre del gran revolucionario alemán.

Paro contundente.
El Triunvirato de la CGT evaluó positivamente el alto acatamiento de la medida, a la que justificaron por “el fracaso del diálogo social y de la política”. Reclamaron cambios en la política económica y rechazaron las acusaciones del jefe de Gabinete, Marcos Peña, contra un “paro político”. Como si no fueran medidas políticas las que han empujado a la gran masa de trabajadores, incluso muchos que votaron a este gobierno, a adherirse a la huelga, a pesar de los dirigentes convocantes, muy cuestionados desde las bases.
Juan Carlos Schmidt también se refirió a los números de la economía: “en el último mes se han perdido 11 mil millones de dólares sin ningún paro general. ¿De quién es la responsabilidad de eso? ¿De la CGT?”.
Hasta Héctor Daer, el más conciliador de los triunviros, fue muy crítico con el gobierno, al afirmar que ha favorecido a los sectores que más ganan y más tienen, en particular el sector agropecuario y las mineras.

En todo el país.
A diferencia de las otras dos medidas generales convocadas por la CGT -el 6 de abril y el 18 de diciembre de 2017-, el paro del 25 fue fuerte en la Ciudad de Buenos Aires, en y provincias como Neuquén, Mendoza, Santa Fe, Salta, La Pampa, y hasta en Córdoba, donde Macri ganó en 2015 con un porcentaje superior al 70% de los votos. En las fábricas automotrices Fiat y Renault de la capital cordobesa no hubo actividad alguna, y sólo el comercio y algunos sectores del Estado, tuvieron mediano movimiento.
Aunque la CGT había llamado a un paro “sin movilización”, los sectores más combativos convocaron a marchas que tuvieron lugar en zonas céntricas de ciudades y cortes de puentes en Neuquén, Córdoba y Buenos Aires.
En Salta, la CGT, el sindicato Camionero y la Multisectorial en Lucha, a la que se sumaron organizaciones políticas y sociales, confluyeron en una movilización por el centro de la ciudad, que tuvo como eje principal el rechazo al acuerdo del gobierno de Cambiemos con el Fondo Monetario Internacional. En esta provincia, el cierre del ingenio San Isidro, con 700 despidos, fue un factor de unidad en la organización del paro y la movilización.

Ministra provocadora.
Para el gobierno y los medios oficialistas, el alto acatamiento a la medida fue exclusivamente por falta del transporte. Patricia Bullrich, fiel a su estilo provocador, denunció “aprietes” y actos de violencia: “cuando no hay transporte, no se sabe cuánto es voluntad y cuánto es extorsión. Hagan un paro con transporte, a ver cuánta gente para”.
Sin embargo, la ministra debería preguntarse las razones del alto acatamiento de los trabajadores del transporte, resuelta por la UTA de Roberto Fernández, muy cuestionado por los choferes por ser de los más conciliadores con el actual gobierno. Los despidos en las empresas de transporte son constantes y las paritarias han estado muy por debajo de la inflación, tanto el año pasado como el actual, cuando UTA firmó un 12%, incluso por debajo del techo que le puso el Ministerio de Trabajo (15%).

Festejo amargo.
El triunfo de ayer de la selección argentina ante Nigeria, fue un motivo de alegría para la mayoría del pueblo, ante la ilusión de que el equipo de Messi siga en carrera en el Mundial de Rusia.
Pero horas antes del partido, se conoció que el gobierno había dispuesto 360 despidos en la agencia de noticias oficial Télam, dejando sólo otros 350 en esa empresa. El ataque a los trabajadores de prensa ha sido una constante del gobierno de Mauricio Macri, con cierres de medios a los que acusaba de “kirchneristas” y despidos masivos como los que hoy padece Télam.
El proclamado “respeto a la libertad de expresión”, ha sido una de las promesas de Macri más incumplidas. La vulneración de la Ley de Medios apenas asumido el gobierno, a pesar de que había sido aprobada por una amplia mayoría en el Congreso en 2009, fue la señal para el inicio de una sistemática violación del derecho a la información plural, donde sean escuchadas “todas las voces”. Esa afirmación que alguna vez pronunció Hernán Lombardi, se desnuda como mentira, pues el monopolio del grupo Clarín y otras empresas configuran hoy un verdadero “cepo informativo”. Son silenciadas las expresiones críticas, que no existen para la opinión pública.
Pero más tarde o más temprano, la realidad se cuela por los medios, los alternativos o las redes sociales, como sucedió con el cálculo de las pérdidas que hizo Dujovne, y termina enseñando a la clase trabajadora, como en una clase práctica, lo que es la plusvalía.
El paro, contundente y político, mal que le pese al jefe de Gabinete, reclamó “cambios en la política económica” y rechazó al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Es de esperar que tenga continuidad, seguramente más por exigencia de las bases que por convicción de los triunviros.