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El horror que esconde la civilizada Canadá

PUNTO DE VISTA

JOSE VERDUN
La mención de Canadá como un país armónico, moderno, progresista y donde se vive con cierta tranquilidad en comparación con el resto del mundo no es infrecuente. Más allá de sus últimos giros conservadores en política internacional, siempre alineado con Occidente, ese gran país de América del Norte ofrece una imagen serena y democrática.
Pero las últimas noticias desmienten de raíz esa visión, y con un hecho incontrastable y espantoso: en un internado especial para niños indígenas han sido hallados en una fosa común los restos de 215 niños. Los líderes de las tribus indígenas de las que procedían los niños dan por sentado de que la cifra será mayor cuando finalicen las prospecciones.
El internado funcionó desde fines del siglo XIX hasta comienzo de la década de 1970 y fue durante ese lapso que se estima ocurrieron las muertes. Las causas fueron muchas, desde abusos hasta malos tratos y en muchos casos provocaron la huida de algunos de los internos, de los que poco o nada se volvió a saber.
Pero detrás del funcionamiento de esa institución hay una idea infame. Ese internado (y otros similares) obraban como eje de la política oficial de asimilación forzosa, por la que unos 150 mil niños indígenas fueron separados de sus familias para ser transculturados obligatoriamente; debían dejar de lado tradiciones y lenguas nativas, hablar francés o inglés y aceptar el cristianismo. Además los servicios elementales -salud, calefacción, edificios- eran muy malos o carecían de ellos. La tasa de mortalidad de los internados estaba muy por encima de las del resto del país y estremece que fueran sepultados en tumbas sin nombre.
Otro detalle del horror es que cuando los padres de los niños se opusieron a los traslados fueron amenazados y que, pese a que los sobrevivientes denunciaron los hechos desde hace mucho tiempo, recién ahora, ante la aparición de las fosas comunes, se les ha prestado atención.
La sociedad ha reaccionado con espanto ante una realidad que acaso ni sospechaban. Quienes se hallan abocados a la investigación del tema han sido terminantes: «La política de nuestro gobierno era deshacerse de lo indígena en el niño. Fue una ruptura de la familia, la comunidad y la nación. Un verdadero genocidio cultural».
La trascendencia y horror del hecho, con su evidente raíz racista, ha provocado reacciones inesperadas. Así el primer ministro canadiense pidió al Papa que hiciera una disculpa pública ya que la Iglesia Católica fue responsable de operar la mayoría de los internados.