El imperio pone en riesgo la paz mundial y le echa la culpa a Corea

COREA DEL NORTE EN LA MIRA MILITAR DE DONALD TRUMP

Los hechos son claros, pero tergiversados por el aparato mediático mundial. EE.UU. tiene 5.000 ojivas nucleares y Corea del Norte 15. El imperio invadió Corea en 1950-1953. Trump manda un portaaviones a Corea. ¿Y el agresor es Corea del Norte?
EMILIO MARIN
Las mentiras están a la orden del día, por parte de la administración Trump. Ese montaje acusó al gobierno de Siria de haber atacado con armas químicas a su población civil, una mentira total. Tal falsificación estuvo al servicio de justificar el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk desde barcos norteamericanos en el Mediterráneo contra una base aérea de Siria.
Ahora la campaña mediática en el mundo demoniza a la República Democrática Popular de Corea, llamada Corea del Norte porque ocupa la parte superior de la península, al norte del Paralelo 38 en que quedó dividido el país al cabo de derrotar la agresión norteamericana de 1950-1953.
Ese antecedente histórico clarifica quién es el agresor y quién el agredido. No fueron los coreanos a invadir Estados Unidos sino que esta potencia los ocupó con tal de impedir la consolidación de la república popular dirigida por Kim Il sung. Esa agresión dejó millones de muertos coreanos, que defendieron su territorio y pudieron proclamar su nación socialista con capital en Pyongyang.
La demonización del gobierno de Kim Jong un nieto del fundador de la RDPC, busca facilitar una agresión militar por órdenes de Donald Trump. O que los coreanos se rindan bajo el chantaje de que, de lo contrario, serían objeto de una andanada de misiles mucho peor que la sufrida por Siria el 7 de abril.
Desde el 9 de este mes el presidente norteamericano dio instrucciones para que un poderoso grupo naval, encabezado por el portaaviones USS Carl Vinston, navegara hacia aguas de Corea, con varios navíos de guerra. Ese portaaviones lleva entre 70 y 80 aviones, entre ellos 50 bombarderos. Y en el grupo hay misiles para tirar para arriba, amén de que están en desarrollo ejercicios navales y aéreos conjuntos de EE.UU. y su aliada Corea del Sur.
En ese país hay estacionados 35.000 marines y aunque las armas nucleares habían sido retiradas hace 25 años, diarios norteamericanos afirman que habría sido dada la orden de reponerlas. Eso para eventualmente usarlas contra Corea del Norte aunque China también estaría en la mira.
Como si toda esa parafernalia militarista fuera poca cosa, en marzo pasado -y pese a las protestas de Pyongyang, Beijing y Moscú-, la Casa Blanca comenzó a instalar en Corea del Sur el sistema antimisiles THAAD (Terminal High-Altitude Area Defense). Este preocupa a Kim Jon un pero también a Xi Jinping y Vladimir Putin. Cuando un imperio se considera a resguardo de los misiles ajenos, se siente tentado a usar los propios sin el temor a la réplica. Cuando no está asegurada la mutua destrucción, uno quiere destruir al otro.

Muchas mentiras.
El Carl Vinston en aguas coreanas, los ejercicios militares norteamericanos en Corea del Sur, la instalación del sistema THAAD y demás iniciativas agresivas norteamericanas están comprobadas. No son propaganda norcoreana. Están allí. Cualquiera puede comprobarlo. En cambio, ¿qué pueden reprochar al presidente Kim?
Trump y en los días previos el canciller Rex Tillerson, durante su visita a Japón, China y Corea del Sur, y el vicepresidente Mike Pence, de inspección ayer en Seúl, hicieron declaraciones agresivas hacia Corea del Norte admitiendo que podrían apelar a la guerra. Fueron amenazas apenas veladas, diciendo que si China no colaboraba en solucionar la cuestión coreana, “lo solucionaremos nosotros”.
No era una provocación en el aire sino respaldada por el bombardeo a Siria y la posterior bomba lanzada sobre Afganistán, con un saldo mayor a 90 muertes. No eran meras bravuconadas.
¿Y qué argumentaban? Que el gobierno socialista iba a realizar el 15 de abril su sexta prueba nuclear o bien experimentar con un misil balístico intercontinental (IBCM), de esos que el imperio teme que puedan llegar hasta su costa oeste.
Ese sábado se cumplía el 105 aniversario del nacimiento de Kim Il Sung, fundador de la república popular. Y en su honor se haría esa prueba nuclear. Todo resulto falso.
El 15 de abril en la capital norcoreana hubo un desfile militar y popular de decenas de miles de personas, homenajeando al fundador en lo que festejaron como “día del Sol”. Y por supuesto mostraron parte de sus armas, incluso un misil que parecía ser de alcance intercontinental. No hubo tal sexta prueba nuclear, centro de la falsa propaganda estadounidense, japonesa y surcoreana.
Quizás para disimular su pifia, esos gobiernos dijeron tener indicios de que Corea del Norte había intentado lanzar un cohete y había fracasado. Como siempre, no dieron ninguna prueba.
En el desfile de Pyongyang hubo muchísima gente, en adhesión a su gobierno y a su liderazgo. Y el número 2 de esa dirección, Choe Ryong Hae, acusó al presidente de EE.UU. “de crear una situación de guerra en la península coreana al mandar tropas a la zona”. También replicó a las amenazas de Trump, afirmando que “responderemos a una guerra abierta con una guerra abierta y a una guerra nuclear con un ataque nuclear a nuestro estilo”. El orador argumentó que en vista de estos sucesos estaba justificado cien veces su programa de experimentación para dotarse de armas nucleares a modo de defensa.

Los peligros.
Desde el punto de vista político, Trump ha sumado aliados que le podrían dar más fuerza frente a Corea del Norte. Por ejemplo, cambió su anterior táctica despreciativa hacia la OTAN y recibió al secretario general, el noruego Jens Stoltenberg, elogiando a esa entidad que ahora no sería “obsoleta”.
Esa suma se hace resta porque puso en crisis a su relación con Rusia, que pintaba como promisoria antes de su asunción, y que pasó a un nivel bajísimo a raíz de las posiciones contrapuestas en Siria, y también en Corea.
Atendiendo a lo armamentístico, los refuerzos presupuestarios de Trump también son un factor que pesa en este conflicto. El presupuesto para el año fiscal es de 639.000 millones de dólares en Defensa (léase Ataque). Eso significa mucha, variada y moderna maquinaria bélica, y manutención de una tropa desparramada por todo el mundo.
De todos modos, ya se sabe que las guerras no se ganan sólo con músculo y balas, sino que la política, las alianzas y el apoyo de la población, sobre todo cuando se defiende la soberanía y el propio territorio, valen muchísimo. No muy lejos de Pyongyang, en Saigón y el resto de Vietnam, los militares y autoridades estadounidenses tuvieron una derrota calamitosa, militar pero sobre todo política. Parecen haber olvidado esa lección.
Trump se equivoca al pensar que China va a soltar la mano de Corea del Norte; a tal punto lo cree que el bombardeo a Siria lo decidió mientras departía con Xi Jinping en Florida el 6 y 7 de abril. Y no es así. Beijing tiene sus diferencias con el gobierno de Kim, al que pidió suspender su programa misilístico, a cambio de que EE.UU. y Corea del Sur cortaran sus ejercicios militares. Kim no quiso, pero tampoco Trump sacó el pie del acelerador.
Y como el agresor es el imperio, es muy difícil que China se ponga de su lado. No sólo por razones de solidaridad, que existen, sino porque los sucesores de Mao saben que los misiles en Corea también pueden volar sobre Tiananmen; que el escudo THAAD apunta en su contra. Y como eso es así, China ya tomó sanciones económicas y comerciales contra Seúl. Beijing siente que su adversario no es precisamente Pyongyang.
¿Puede Washington dar la orden de tirar una bomba contra Corea como la que lanzó en Afganistán o incluso usar un arma nuclear? Sí, puede. En 2010, especulando sobre lo que parecía un hecho inminente, como lo parece hoy, Fidel Castro preanunciaba el inicio de la III Guerra Mundial a raíz de otra crisis en Corea, que afortunadamente no estalló.
Hoy vuelve a estar dentro de las posibilidades. ¿Qué disuadió a Yanquilandia? El que Corea del Norte, a diferencia de Siria, tiene más armas con qué defenderse, incluso nucleares, si bien pocas y elementales.
Esa circunstancia vuelve a darle la razón al gobierno norcoreano. El no es el agresor sino el agredido, y no ataca sino que se defiende. EE.UU. dice temer un misil intercontinental, que por ahora el gobierno de Kim no parece tener; el medio centenar de misiles suyos es de corto y mediano alcance, y EE.UU. está a 10.000 kilómetros de distancia. El flanco norteamericano real son sus bases en Japón, Corea del Sur, Taiwán y otros países asiáticos adonde sí pueden llegar los disparos coreanos.
Frenar las agresiones de Trump va en beneficio de Corea y de la paz mundial. Por eso indigna que periodistas, incluso críticos del magnate como Marcelo Cantelmi, en Clarín, describan a la norcoreana como “una peligrosa dictadura feudal seudo comunista”.
En cambio, ponen en plano muy lejano que en Corea del Sur fue destituida por corrupción la presidenta Park Geun-Hye, hija de un tristemente célebre dictador.
EE.UU. tiene 5.000 ojivas nucleares y Corea 15. El primero mandó al segundo un moderno portaaviones, que puede bombardearlo. Norteamericanos y surcoreanos están haciendo ejercicios militares. Ya montaron el escudo THAAD, amén de decidir la preposición de armas nucleares. ¿Y dicen que Kim es el peligro mundial? No. Ese peligro es Donald, y no precisamente el Pato.