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El linaje de esta derecha

La sensación de sentirse engañados domina hoy en buena parte de los argentinos que confiaron su voto a la Alianza Cambiemos en 2015. La suma de promesas muy atractivas y el respaldo decisivo de los medios de comunicación más poderosos del país lograron instalar en el gobierno a Mauricio Macri y su «mejor equipo de los últimos 50 años».
El que hoy ocupa la Casa Rosada es, decididamente, un gobierno de naturaleza oligárquica, de ricos para ricos, con poca y nada sensibilidad hacia los más desposeídos. Quienes a poco de iniciado reclamaban ingenuamente un cambio en el rumbo gubernamental, tardaron demasiado en comprender que ese rumbo tenía un puerto fijo: modificar drásticamente el país en sus estructuras económicas, laborales y sociales, achatar su estructura educativa, desmantelar los sistemas previsional y de salud pública por su «alto costo» y alinearse en política internacional con los países dominantes, sin importar el precio a pagar ni la indignidad a cometer en nombre de esa «inserción en el mundo» tan negativa para los intereses del país.
Quienes gustan de ejercitar la memoria a través del recuerdo o con la lectura de la historia nacional, notarán que no es necesaria mucha perspicacia para advertir que, dentro del acontecer histórico, este experiencia de gobierno es un intento más de las viejas clases aristocráticas que, desde la época colonial, vienen oponiéndose a un desarrollo soberano, integral e igualitario del país. Son los pocos pero poderosos -y entre ellos no faltan extranjeros- que se apropiaron de la tierra «conquistada» y esclavizaron a los pobladores originales. Los que contrajeron deudas siderales pero se jactaron, no sin orgullo, de que los empréstitos se pagarían «con el hambre y la sed de los argentinos»; los que inclinándose ante la corona británica destruyeron al Paraguay, el primer país industrial de América del Sur; los que reprimieron sin ahorrar sangre las protestas de las provincias interiores, extranguladas por el centralismo porteño; los que no dudaron en reprimir a sangre y fuego cualquier movimiento de trabajadores en defensa de sus derechos ya fuera en la Patagonia, en el Chaco o en los Talleres Vasena… En fin: los que no vacilaron en bombardear la Plaza de Mayo o apoyar la represión a escala nunca vista de la última dictadura.
En mayor o menor medida e intensidad cada uno de estos hechos ominosos de la historia argentina ha tenido una suerte de reflejo en el actual gobierno nacional y su intento de restauración conservadora. En la perspectiva histórica cambian los rostros de los protagonistas pero los lineamientos generales son los mismos.
La del domingo es una posibilidad inmediata y difícil, acaso la última, de que las mayorías populares recuperen su protagonismo a través del sufragio y castiguen en las urnas a quienes endeudaron a la Argentina en forma superlativa, provocaron hambre en el otrora «granero del mundo», multiplicaron la miseria expresada en gente durmiendo en las calles y promovieron a sabiendas una generación de niños desnutridos, quitando a sus padres la dignidad del trabajo.