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El litio y un debate

El uso industrial del litio es bastante reciente, especialmente en la industria electrónica en donde se ha vuelto importantísimo, tanto que la generación de empleo por su extracción se duplicó en los últimos tres años.
Hasta el momento los sitios con mejores probabilidades de explotación están en Sudamérica, muy especialmente en Bolivia, Argentina y Chile, con los más importantes reservorios en el mundo, en ese orden. Los yacimientos se ubican en zonas extremadamente áridas, especialmente en grandes salares. La empresa vinculada al litio más importante del mundo ha puesto en marcha un proyecto de extracción en la provincia de Salta con una inversión superior a los 500 millones de dólares. Se abastecerá con energía solar y podría llegar a generar más de cuatro mil puestos de trabajo, directos o indirectos.
La enorme utilidad del litio hace que se le otorgue la condición de «mineral estratégico». Por lo pronto algunas de las empresas más grandes del mundo en la materia ya tienen los ojos puestos en esas reservas compartidas entre nuestro país y sus vecinos, pero también el gobierno nacional mira con mucho interés esa posibilidad de desarrollo.
Por supuesto que ya asoman los militantes del neoliberalismo que piensan en el litio como una materia prima exportar y no mucho más. De explotarlo con otro criterio y de generación de valor agregado a través de la industrialización no quieren ni hablar, sometidos, como siempre, a una mirada que nunca escapa del colonialismo económico. En tanto avanzan algunos proyectos legislativos que proponen el desarrollo de una industria que será central, «en un mundo que avanza hacia el reemplazo de los combustibles fósiles por otros a baterías de litio e hidrógeno verde». Esas iniciativas -que se analizan actualmente en el Congreso Nacional- buscan un quiebre del antiguo y perjudicial enfoque del país: exportar materias primas a valores que imponen los países desarrollados y, paradójicamente, volver a comprarlas como productos elaborados y a precios muy superiores.
El proyecto que se analiza contempla la conformación de una entidad binacional con Bolivia para un desarrollo productivo conjunto, a través de un consorcio empresario que favorezca la producción entre ambos países y en el que también están involucrados los ministerios de Ambiente y de Defensa.
A esta idea de un desarrollo efectivo a partir de un recurso natural los opositores le anteponen el artículo constitucional que sostiene que «corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio», un concepto controvertido que ignora la vulnerabilidad político-económica de las provincias frente a las grandes corporaciones multinacionales que dominan el mercado de este y otros minerales estratégicos.
Frente a este panorama se impone una pregunta: ¿qué posibilidades se le presentan a nuestra provincia, asiento de grandes salitrales que se cuentan entre los mayores del país? Por lo que se sabe no hay al respecto una palabra definitiva surgida de una exploración en profundidad ya que, por el momento, solo se cuenta con informes preliminares contratados por el CFI. Sería bueno, sin embargo, que el Estado pampeano supiera si, más allá de las implicancias económicas y legales, este preciado mineral puede abrir en la provincia una perspectiva económica distinta.