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«El lugar donde están los muertos»

La historia de los países -de todos los países- registra episodios que suelen esconderse en busca del olvido. Desde la perfidia de la «razón de Estado» hasta las imposiciones religiosas han servido de excusa para cometer las mayores atrocidades contra poblaciones indefensas. La Argentina no es la excepción.
El 19 de julio de 1924, en lo que se conoce como la «Masacre de Napalpí», unas 1.500 personas, entre mujeres, niños y ancianos pertenecientes a la comunidad qom, fueron asesinadas en el Chaco por la policía del entonces territorio nacional. El genocidio se justificó como «un enfrentamiento entre indígenas», una mentira descomunal del gobierno de Marcelo T. de Alvear.
El ataque fue horroroso. Primero se les arrojó alimentos y golosinas desde un avión, para que salieran de sus casas; cuando lo hicieron policías y colonos apostados abrieron fuego sobre ellos. Investigadores sostienen que no pocos fueron rematados a machetazos.
La verdadera razón de ese acto genocida fue una movilización de la comunidad aborigen que pedía mejores condiciones laborales en la zafra del algodón y en los obrajes, donde llevaban una vida de semiesclavitud. Estos hechos sucedieron tres años después de la masacre de peones rurales en el extremo sur patagónico y cinco años después de la Semana Trágica en Buenos Aires, ambos bajo la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Ahora, 96 años después, la Cámara Federal de Apelaciones de Resistencia reconoció la culpabilidad del Estado nacional y estableció un resarcimiento económico para con el pueblo qom, o lo que queda de él. Con una ironía dolorosa el tribunal ordenó «la no repetición del hecho» y el pago de 375 millones de pesos. Eso sí, la Justicia se tomó su tiempo ya que el litigio se había iniciado hace 16 años.
Los demandantes creen que, siguiendo un mecanismo habitual, el Estado apelará la sentencia, más allá de que «el reconocimiento está dado, y se inscribe en línea con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos». El veredicto apuntó a una restitución mínima para con los pocos sobrevivientes de la matanza, y si no tiene objeciones los fondos se destinarán a obras de infraestructura para la comunidad qom.
Pese al manto de olvido que pretendió echarse sobre esta tragedia la toponimia del recuerdo tiene vigencia ya que, en lengua qom, Napalpí significa «el lugar donde están los muertos»
El racismo acendrado vigente en las clases dominantes de aquellos años fue el combustible que posibilitó la matanza, considerada la más grave contra un pueblo originario en el siglo XX. Esos prejuicios siguen teniendo vigencia en nuestros días, con manifestaciones menores pero igualmente vergonzosas. Meses atrás se hicieron virales la noticia y el video de la policía chaqueña irrumpiendo en una vivienda de la etnia qom, en la localidad de Fontana, donde atacó brutalmente a una familia entera, golpeándola, arrestando a menores y abusando sexualmente de dos mujeres. Ya en la dependencia policial continuó la violencia y las torturas psicológicas. Las propias cámaras de la policía registraron los hechos, pero los efectivos responsables prácticamente no recibieron sanciones.