viernes, 18 septiembre 2020
Inicio Opinion El milagro del acuerdo

El milagro del acuerdo

I. Y de pronto ocurrió el milagro: oficialismo y oposición celebraron al unísono, como un gol de la selección en la final de la Copa del Mundo, el acuerdo alcanzado entre el gobierno nacional y los acreedores externos. En el mundo mediático también se borraron las diferencias: tanto los grandes medios de la derecha, acérrimos opositores, como los progresistas y más cercanos al gobierno, aplaudieron con grandes titulares el cierre de esta negociación de la deuda externa.
Desde luego, los motivos de los festejos son diferentes. Para el gobierno significa un paliativo financiero en medio de una pandemia que afecta, y mucho, la actividad económica al igual que sucede en todo el mundo. En tanto por el lado de la oposición macrista, los grandes intereses empresarios que defiende su dirigencia encuentran un alivio, porque muchos de sus líderes compraron bonos de la deuda y por lo tanto integran ellos también el club de los acreedores, y porque tienen una indudable afinidad con la lógica del endeudamiento permanente.
Sin embargo, en esta circunstancia no vendría mal distanciarse de estas expresiones celebratorias para recordar que esta negociación, que no pocos medios frivolizan y hasta llegan a presentarla como una suerte de justa deportiva, también representa un mecanismo de sometimiento de la soberanía nacional.

II. No es casual que las tres experiencias neoliberales que sufrió nuestro país coincidieron en incrementar en forma desmesurada la deuda externa. La última dictadura, la década de Menem y De la Rúa y el reciente cuatrienio de Macri aplicaron los mismos lineamientos económicos que terminaron dejando más pobres, más desiguales y más endeudados a los argentinos. Los gobiernos que los sucedieron se vieron severamente condicionados por los compromisos externos asumidos y debieron distraer enormes cantidades de recursos económicos para afrontarlos. La fórmula es bien conocida: los gobiernos de derecha endeudan y los gobiernos populares pagan. Ocurre en Argentina y en todo el mundo bajo un sistema en donde ha triunfado el capitalismo especulativo por sobre el productivo, con su conocida secuela de concentración de la riqueza y empobrecimiento masivo a niveles nunca vistos.
Argentina ha logrado un alivio momentáneo que permitirá afrontar mejor los daños provocados por el Covid-19. Pero ahora le espera otra difícil negociación, esta vez con el Fondo Monetario Internacional que le prestó al gobierno de Cambiemos el mayor crédito de su historia. A propósito, se acaba de saber por declaraciones de un alto asesor del gobierno de EEUU, que ese préstamo del FMI obedeció a una estrategia de Donald Trump para «ayudar» al macrismo y evitar el regreso del peronismo al poder. La maniobra falló porque no logró evitar la caída electoral de Macri, pero el tremendo costo de esa operación geoestratégica deberá ser pagado por la sociedad argentina. Para peor, casi todo ese enorme volumen de dólares terminó siendo capturado y fugado por los empresarios más ricos y poderosos del país en lugar de ir a obras y servicios públicos.

III. Mientras se sigan reiterando estos mecanismos perversos de endeudamiento, mientras no se corte la posibilidad de que un presidente pueda, por sí solo, tomar deuda en el exterior a su antojo sin intervención del Congreso, estaremos condenados a repetir esta historia ominosa. Lo más indignante es que esta colonización financiera implica la resignación de la soberanía política al aceptar los gobiernos endeudadores que el Estado argentino se someta a la jurisdicción de tribunales extranjeros.
«Hay dos formas de conquistar y esclavizar una nación, una es con la espada, la otra con la deuda». La frase pertenece a John Adams, presidente de EEUU entre 1796 y 1800, y no a un líder revolucionario del tercer mundo. Deberían pensar en ella los que hoy festejan.