El modelo M. derrama solo para los ricos

SON POCOS, AUNQUE PODEROSOS, LOS QUE FESTEJAN

Martín Sosa* – Los datos siguen confirmando que Mauricio Macri gobierna para los ricos. Según cifras del Indec la desigualdad creció durante el año pasado.
Los sectores más favorecidos por la política de Cambiemos en 2016 fueron el agroexportador, el financiero, el minero y el de servicios públicos. La industria, la construcción, el salario y el consumo, son los grandes perdedores. Argentina sale al mundo cuando todos los países comienzan a cerrar sus fronteras y el derrame predicado por el gobierno llega pero para los que más tienen.
El gobierno está “creando las condiciones para que Argentina pueda generar los empleos que necesita y eso solo sucede cuando el país no tiene inflación, cuando tiene estabilidad, una buena infraestructura y una economía moderna. Es así que vamos a atraer más inversiones, garantizar el crecimiento y vencer definitivamente el desempleo”. La cita no es del último discurso de Mauricio Macri ni de su más reciente video propagandístico en redes sociales sino de un spot que Carlos Menem lanzó en 1998, en uno de sus últimos intentos para que lo dejaran acceder a la re-reelección. Casi veinte años más tarde y con un escenario global adverso, el macrismo encarna el mismo modelo teórico de crecimiento: la teoría del derrame.

El modelo M.
Desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sostienen que la desigualdad aumentó en Argentina en el último trimestre del gobierno de Macri. Los economistas de la institución sostienen que en los últimos años la brecha venía disminuyendo pero ahora la diferencia entre ricos y pobres se profundizó, según los datos publicados por el propio Indec.
En su reciente informe, desde CEPA señalan que entre los principales ganadores del primer año de Cambiemos figuran el sector agroexportador, el sector financiero, la minería y, apalancados por los tarifazos, los servicios públicos. Dice CEPA: “La agricultura, ganadería, caza y silvicultura que aumentó su participación en la economía 1,88 puntos porcentuales” seguidos por “la intermediación financiera (con un incremento de 0,42 puntos porcentuales); servicios sociales y de salud (con un incremento de 0,21 puntos porcentuales); electricidad, gas y agua (incremento de 0,18 puntos porcentuales) y la explotación de minas y canteras (incremento de 0,15 puntos porcentuales)”.
Para llegar a estos números el CEPA analizó la participación porcentual de cada sector de actividad en el Valor Bruto Agregado (VAB) en 2015 y 2016. El VAB mide “el valor generado por el conjunto de productores de un área económica y comprende a) remuneración de los asalariados; b) ingreso mixto bruto; c) excedente neto de explotación; d) consumo de capital fijo; e) otros impuestos netos de subsidios a la producción”.

Récord de despidos.
El informe señala que entre los perdedores “la actividad más afectada de toda la economía es la industria manufacturera la cual vio retroceder su participación porcentual en 0,93 puntos, seguida por la construcción que retrocedió 0,92 puntos porcentuales”. Estas dos áreas son también las más afectadas por los despidos: en la construcción hubo más de 45.000 y en la industria manufacturera más de 21.000.
El diario La Nación señaló hace algunas semanas que el salario era “el indicador más universal de la economía que fue afectado negativamente en la gestión de Macri” y que “el saldo desfavorable con el que quedaron varios sectores de la economía está vinculado con la caída de la capacidad de compra del salario, el gran vapuleado del año. Es que el bolsillo es uno de los grandes satélites que mueven las aguas de la economía. Las billeteras flacas golpearon las ventas de productos de consumo masivo y de electrodomésticos”. A su vez, la nota agregaba que “la segunda preocupación es la destrucción de empleo, ya que los bolsillos no sólo languidecieron, sino que hay menos asalariados”.

Devaluación y retenciones.
Otra de las variables que analiza CEPA es el índice de volúmenes físicos (IVF) y el índice de precios implícitos (IPI). Ambos permiten advertir si los sectores que incrementaron su participación en la economía lo hicieron por un aumento de su producción o simplemente por una modificación de los precios relativos. Según se observa en el trabajo presentado, la producción de los sectores agroexportadores, mineros y financieros decrecieron por lo que su incremento en el porcentaje de participación se explica por los aumentos de los precios de la actividad.
Tal como indica CEPA “esto se debe, esencialmente, a que la devaluación de diciembre 2015 -conjugada con quita de derechos de exportación (retenciones)- logró modificar los precios relativos entre los sectores de actividad generando un nuevo esquema de ganadores y perdedores. La liberalización cambiaria y la suba de tasas significó, asimismo, un impacto positivo en el sector financiero”.
Un dato relevante corona el análisis del sector agroexportador y del sector minero. En ambos, pese a la quita de retenciones, no hubo crecimiento del empleo sino que, al contrario, hubo un importante número de despidos. En el sector de Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura hubo más de 3.900 despidos desde el 10 de diciembre de 2015 hasta septiembre de 2016, mientras que en el área de explotación de minas y canteras hubo más de 4.800 despidos desde que se les quitaron las retenciones. De todas formas, vale destacar que los dos sectores, juntos, concentran menos del 7,5 por ciento del total de empleos del país (el agro, dependiendo el año, varía entre 5,3 y 6,1 por ciento y el minero entre 1,1 y 1,3 por ciento).

Los trabajadores pierden.
El rol del Estado en un país que adhiere a la teoría del derrame consiste en llevar adelante medidas para hacerlo “atractivo” frente a los potenciales inversores. Exenciones impositivas, reformas tributarias o laborales, levantamiento de los topes para exportar o importar, flexibilización o anulación de controles, levantamiento de restricciones a la entrada y salida de capitales, etc. Todas estas medidas tienden a un objetivo común: maximizar las ganancias.
Pero lo que puede ser atractivo para los potenciales empleadores podría no serlo para la gran masa de trabajadores. Así es que, por ejemplo, la disminución del “costo laboral” puede traducirse en una disminución del salario de bolsillo o el no pago de aportes patronales a la seguridad social o el pago de horas extras como horas simples, por no hablar de la lisa y llana tercerización.

Contra la corriente.
Desde que asumió, el gobierno se enfoca tozudamente en esto sin advertir tampoco en los cambios en el escenario global. El Brexit y Donlad Trump son muestras cabales de lo que la Organización Mundial de Comercio (OMC) viene alertando desde el estallido de la crisis financiera internacional en 2008, es decir, la desaceleración del comercio internacional. Durante más de veinte años -salvo 2001- el comercio global creció a un ritmo 1,5 veces superior al que se incrementaba el PBI mundial. Sin embargo, en 2016 eso cambió y por primera vez en mucho tiempo, las transacciones internacionales se desaceleraron a tal punto que el PBI planetario creció más que el comercio mundial.
Pese a estos datos, el oficialismo insiste y profundiza las mismas recetas que fracasaron hace dos décadas. Eso sí, con algunas diferencias: Macri no tiene mayoría propia en el Congreso, no encabeza el PJ, no contuvo la inflación ni aumentó el poder de compra de sectores medios mediante una convertibilidad ficticia financiada con endeudamiento.
*Nuestras Voces.