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El modelo y la guerra del pan

La «guerra del pan» que se ha desatado en Victorica permite varias lecturas. En un país gobernado por una alianza política que representa como nadie los intereses del poder económico concentrado, este enfrentamiento entre Pymes introduce una gran contradicción en el modelo. Mientras las más grandes corporaciones del país no paran de embolsar ganancias astronómicas aumentando los precios sin piedad gracias a las políticas de un gobierno de CEOs, en una modesta localidad del interior pampeano se está registrando una pelea porque un pequeño comerciante resolvió bajar el precio del pan. En el escalón inferior de la pirámide económica, microempresarios se enfrentan porque uno de ellos decidió beneficiar a los consumidores reduciendo significativamente el monto que se paga por un alimento esencial para la mesa de los argentinos.
En este combate de pobres contra pobres, bien lejos de las maniobras palaciegas de los altos ejecutivos empresariales, se desenvuelve también el drama de la lucha por el ingreso, aunque con características propias.
La sensibilidad social de un comerciante es cuestionada y lo acusan de poner en riesgo la supervivencia de las panaderías del pueblo. En una situación de crisis, con salarios que se derriten ante la inflación y estrepitosa caída de ventas que afecta incluso artículos de primera necesidad como el pan, afloran estas reacciones de los que piensan, ante todo, en su propio negocio. Así funciona el sistema.
Hasta el presidente de la cámara de los panaderos se hizo presente en Victorica para observar los hechos sobre el terreno. Dijo que golpeará las puertas del municipio y que presentará «un proyecto de ordenanza», algo que no parece demasiado claro: vivimos bajo un sistema capitalista en donde manda la ley de la oferta y la demanda, y más todavía en estos tiempos en que un gobierno de derecha neoliberal llegó por el voto a la Casa Rosada. Interferir en el juego del libre mercado es una herejía, y hoy bajo el macrismo lo es por partida doble.
Cuando gobernaba el estigmatizado kirchnerismo no sucedían estas cosas. Con sus problemas y sus crisis, bajo el gobierno anterior los salarios crecían por encima de la inflación, la desocupación descendía a niveles históricos y el consumo -tanto de alimentos como de bienes durables- no paraba de aumentar. El Estado estaba presente para garantizar paritarias libres y el programa «Precios cuidados» evitaba la disparada inflacionaria de los alimentos como una forma de defender la mesa de las familias.
Hoy, con la «revolución de la alegría» del macrismo se dejó atrás aquel «derroche populista» y nos dicen que tenemos que acostumbrarnos a esta despiadada forma de vivir para «insertarnos en el mundo» neoliberal a fin de que lleguen «las inversiones» que harán de nuestro país una potencia económica. Los hechos desmienten a diario semejantes promesas electorales y el daño social es cada vez más alto. Esta «guerra del pan» de Victorica que enfrenta entre sí a pequeños comerciantes enfrascados en su lucha por sobrevivir es una dolorosa comprobación.