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El nexo entre agua, energía y alimentos

LA INTERDEPENDENCIA DE TRES FACTORES CRITICOS

El concepto de «nexo» resulta crucial para la gestión de estos tres componentes imprescindibles para el desarrollo humano y la sustentabilidad de los ecosistemas.
CARLOS JUAN SCHULZ
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que para 2050 la población mundial habrá aumentado a 9 mil millones de personas. Para entonces se espera que la producción mundial de alimentos aumente en un 60%, que el consumo mundial de energía se incremente en un 80% y que las demandas mundiales de agua asciendan un 55%. Dadas estas perspectivas, el abastecimiento seguro de agua, energía y alimentos se está volviendo cada vez más importante en las agendas políticas a nivel mundial.
La agricultura es el mayor consumidor de agua dulce del mundo, y más de una cuarta parte de la energía utilizada a nivel mundial se destina a la producción y el suministro de alimentos. Por otro lado, la mayor parte de la combinación energética requiere de agua para funcionar: el 95 por ciento de la generación de electricidad del mundo dejaría de existir en ausencia de agua. La producción de combustibles fósiles y la creciente práctica de extracción de gas de esquisto, o ‘fracking’, al igual que la producción de biocombustibles requieren alto consumo de energía.

El «nexo».
Los vínculos entre estos dominios requieren un enfoque integrado para garantizar el agua, la energía y la seguridad alimentaria, y una agricultura y producción de energía sostenibles en todo el mundo. A partir de esta premisa, es que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dependiente de ONU, viene tratando este tema desde hace varios años y realizando estudios orientados a la formulación de políticas públicas, brindando asesoría técnica a los gobiernos y poniendo particular atención a la importancia de interconectar las perspectivas de seguridad del agua, la energía y los alimentos -el «nexo»- en la agenda internacional a través de una línea de acción denominada «El nexo entre el agua, la energía y la seguridad alimentaria».
Este enfoque tuvo comienzo en la Conferencia de Bonn 2011 y, al mismo tiempo, los productos clave en preparación para la Agenda de Desarrollo Post-2015 indicaron la posible adopción de un objetivo sobre seguridad alimentaria, energía y un objetivo más amplio sobre el agua.
El enfoque de nexo enfatiza las interacciones e interdependencias entre el suministro de agua (para varios usos), la seguridad energética y alimentaria, y los recursos asociados: tierra y ecosistemas relacionados. Proporciona un marco para identificar y resolver compensaciones y sinergias. Este es un requisito previo para gestionar la demanda y la oferta en general de una manera sostenible y reducir posibles conflictos.
Desde esta visión, la toma de decisiones -o gestión- equivocada en una cuenca, o el apartarse de las pautas básicas de «el nexo entre el agua, la energía y la seguridad alimentaria», conduce a una serie de conflictos relacionados con el recursos en cuestión y que involucran al suministro humano de agua, la agricultura de riego y la generación de energía hidroeléctrica.

Un ejemplo regional
Si observamos la acción de los diferentes actores en una cuenca -podemos tomar como ejemplo la del río Colorado- podemos ver que se plantean algunos puntos críticos, dentro del concepto de nexo, que hay que mirarlos con mayor atención. Uno de ellos es la generación de energía hidroeléctrica, la cual, bajo circunstancias especiales -como puede ser un aumento en el precio de la energía- puede influir en el consumo de agua destinada a esa actividad.
Ya en la reunión de expertos «Gobernanza del Nexo Agua, Energía y Alimentación: Desafíos de la Agenda 2030 en Agua y Saneamiento» que se realizó en Guatemala los días 6 y 7 de septiembre de 2016, se puntualizó uno de los temas muy sensibles en la actualidad y que nos toca de muy cerca. Se trata de la tendencia hacia la modernización del riego (cambio hacia tecnologías de riego por goteo, por aspersión, etc.), que puede, por un lado, significar un ahorro de agua para otros usos, pero por otro conlleva el riesgo de incrementar el consumo de energía, ampliar el uso consuntivo del agua y la extensión de las áreas bajo riego, lo cual conduce a un mayor uso del agua y lo que significa una amenaza a la sustentabilidad de las fuentes de abastecimiento, principalmente los acuíferos.
Con relación a este punto deberíamos observar el proyecto de Portezuelo del Viento, en el cual «el nexo entre el agua, la energía y la seguridad alimentaria» no está contemplado, con lo cual se desconoce este concepto que tiende a la búsqueda del equilibrio.
Si se ignoran estas recomendaciones podría tenderse hacia un mayor número de centrales hidroeléctricas en la cuenca del Colorado con el objetivo de obtener mayores dividendos sin contemplaciones en los usos de agua para generación, además de otros usos como en la industria petrolera y otros por fuera del riego, con el consiguiente deterioro del sistema hídrico y la afectación de los ecosistemas. Es por eso que tener en cuenta el concepto de «nexo» implica identificar buenas prácticas, fortalezas, posibilidades de aprendizaje y tendencias de las cuencas, y a su vez debatir cómo manejar de una mejor manera las interrelaciones e interdependencias entre el sector hídrico, el energético y el agrícola entre las distintas provincias para tender hacia una gestión armónica entre estas actividades.

Gestión unificada.
Establecer una gobernanza de la cuenca del Río Colorado, bajo las premisas del «nexo agua, energía y alimentación», requiere implementar una gestión eficiente bajo el manto de un único ente como lo es hoy el Coirco. Con esta premisa no solo se contribuye a la preservación del recurso sino también a salvaguardar las cuestiones periféricas como lo es la generación de energía y el agua para otros usos.
Además ese organismo es el que tiene que otorgar las concesiones en toda la cuenca como una forma eficaz de controlar la adjudicación de los volúmenes y su cobro, como también el control de la protección frente a la contaminación y ser el que proyecte, dirija y controle las obras hidráulicas en toda la cuenca. Por todo ello el financiamiento de las obras se tiene que canalizar a través del comité de cuenca -en este caso el Coirco-, y no de una provincia determinada con el propósito de evitar la gestión sectorizada. Mediante una administración unificada se puede alcanzar la seguridad en la gobernanza de una cuenca tomada como unidad.