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El nuevo comando en el peronismo

Con la renuncia de Carlos Verna a la candidatura para las elecciones legislativas se aceleró el relevo generacional en el Partido Justicialista. El proceso se acortó por razones de salud del líder de la Línea Plural quien, en una sorpresiva entrevista radial, dijo su frase más resonante: «no soy ni tengo candidato».
Si se quiere, una buena forma de consolidar el poder de su sucesor, Sergio Ziliotto, en un trance que, en el peronismo, no siempre se ha vivido con tranquilidad. Sin embargo hay otra expresión de Verna que no tuvo tanta repercusión y pasó un tanto desapercibida, que parece definir al detalle su legado. Dijo esperar del partido que resuelva las candidaturas «con inteligencia»; pero dijo algo más: «lista única» para llegar «en buenas condiciones a la elección».
Manifestó que no es «el gran elector» pero marcó la cancha. Otro gesto para su sucesor y para contener a los que están apurados por meterse en las gateras. Sabe mejor que nadie que muchos rivales se frotan las manos esperando una interna de las que suele mostrar el PJ, con recios enfrentamientos y heridos a granel. No hace tanto La Pampa fue un campo de batalla para el peronismo. Pero en la oposición las cosas no están como para gozar de peleas ajenas ni sobran las ondas de amor y paz. Tanto radicales como prosistas -decir «macristas» hoy va camino de convertirse en un anacronismo- tienen para entretenerse bastante con sus propias diferencias. Además el propio Verna puede mostrar sus antecedentes: cuando jugó de «opositor» en la interna, no apuró la confrontación, supo esperar y llegó por «selección natural» al podio.
Que hoy Ziliotto concentre en sus manos el gobierno provincial y la presidencia del partido es otro factor de peso. Para un liderazgo en construcción no es poca cosa. Recordemos que Verna no quiso esa «suma del poder» y le cedió a su archirrival Rubén Marín la conducción partidaria. Una gentileza que podía permitirse desde la tranquilidad de su solidez interna fuera de discusión.
El gobernador, ya en tren de encabezar la campaña proselitista, también convocó a la «unidad». Ahora, con Verna fuera de la carrera electoral, pasó a asumir todo el peso de la conducción. Y al expresar que Verna «era un candidato que resolvía la elección» emitió un doble mensaje: le tiró una flor a su mentor y, a la vez, le señaló a la tropa: ahora resuelvo yo.
Qué papel jugará Verna en adelante, es una incógnita difícil de descifrar por estas horas. Lo que preocupa mucho más en el PJ es resolver las candidaturas en un plazo nada generoso: apenas 20 días. La danza de nombres se multiplicó como era de prever, vernismo (¿ziliottismo?) y kirchnerismo son las dos expresiones internas que más casilleros llenarán, pero hay una cuestión que hoy cobra mayor peso en razón de lo que aquí, justamente se dice. La ausencia de un liderazgo fuerte y consolidado impreso en una boleta obligará a pensar «con inteligencia». En la última legislativa, la de 2017, el PJ estuvo muy cerca de perder la elección, de ahí que la seducción a los «independientes» haya pasado a tener especial relevancia. Los nombres de los candidatos, se sabe, no serán indiferentes en este dilema.