El otro “campo”

I. La mayoría de los pampeanos estamos instalados en el sector este de la provincia. Quizás por esa razón hemos desarrollado una idea del “campo” muy vinculada a esta particular geografía física y socioeconómica. Sin embargo el “campo” es un término mucho más abarcativo y no se necesita salir de los límites de La Pampa para comprobarlo.
En nuestro oeste provincial tenemos un “campo” bien diferente de esta pradera del secano. En aquel ambiente tan hostil predomina la cría de pequeños animales -caprinos básicamente- organizada bajo explotaciones de tipo familiar. Y en el sur, sobre el río Colorado, están las zonas bajo riego, con características propias y bien diferenciadas.
Esta breve introducción pretende mostrar que la economía basada en la explotación de la tierra es muy diversa y no siempre aparece a simple vista la importancia económica de cada una de sus formas.

II. El “verdurazo” que llevaron a cabo organizaciones campesinas y pequeños productores en las puertas de la exposición rural de Palermo -en Buenos Aires- durante su inauguración, hicieron visible otra realidad de la que se puede ver adentro del predio. Bien podría decirse que los portones de la feria palermitana separaron, en esa ocasión, dos clases de “campos” muy distintas. Adentro el gran complejo agroexportador y afuera los productores de menor escala y más vulnerables.
“Hay otro campo que la está pasando mal”, fue la consigna de los movimientos campesinos que llegaron desde el cordón verdulero que bordea el conurbano y La Plata, aunque también dicen representar a miles de pequeños productores de Salta, Jujuy, Mendoza o Misiones que comparten iguales dificultades.
Entre los reclamos el más imperioso fue el desmantelamiento del Monotributo Social Agropecuario (MSA), un beneficio que lanzó el kirchnerismo en 2009. El actual gobierno lo está desactivando para reemplazarlo por un monotributo social en la órbita, ya no del Ministerio de Agroindustria sino del de Desarrollo Social. El reemplazo de un sistema por otro y el traspaso de cartera no es menor y contiene una fuerte carga simbólica. “Queremos que nos tengan en cuenta como un sector activo dentro del desarrollo de la economía, no como beneficiarios sociales”, dijo uno de sus dirigentes.
Pero además de este encuadre diferente también hay pérdida de derechos y beneficios. Con el MSA más de 50 mil productores de todo el país pudieron regularizar su situación laboral, tener acceso a la salud, aportes jubilatorios y la posibilidad de facturar. El cambio implica pérdida de beneficios económicos para un sector que no está en condiciones de afrontarlo. Los reclamos son unánimes ante el riesgo de que muchos productores resulten expulsados del sistema para ser colocados otra vez en la más completa informalidad; es decir, un retroceso sin vueltas.

III. Aunque muchos no lo sepan el 60 por ciento de los alimentos que se consumen en el mercado interno argentino está generado por pequeños productores. Esta realidad permite ver la importancia de la participación del sector en el volumen total de la producción alimentaria aunque, paradójicamente, cada uno de ellos representa pequeñas unidades familiares con economías muy vulnerables a causa de la escala reducida.
El gobierno nacional, que por ahora se muestra indiferente a estos reclamos -como al de muchos otros sectores de las economías regionales- ha adoptado en cambio medidas muy beneficiosas para los segmentos más concentrados del agro. La eliminación y reducción de las retenciones a las exportaciones, la posibilidad de no liquidar los dólares de las ventas al exterior y la gran devaluación del peso han significado para esta parte del “campo” un incremento extraordinario en sus ingresos.
Lo que piden los pequeños productores es ínfimo comparado con lo que el gobierno cedió a los grandes. Cerrarles las puertas a sus modestas demandas sería como abandonarlos a la intemperie.