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El país de fantasía donde vive Macri

El contraste no pudo ser más contundente. El mismo día que la UCA daba a conocer el informe sobre el nuevo y brutal crecimiento de la pobreza Macri hablaba por cadena nacional pintando un país de fantasía y sin mencionar siquiera ese índice que revela el profundo daño social que provocó su gestión.
Y no se cita a la pobreza para escarnio de una administración que finaliza sino porque el propio presidente fue quien desafió, hace dos años, a que se evalúe el resultado de su gestión según la evolución de ese indicador social. Por no recordar, además, que una de sus promesas de campaña -prolijamente olvidada en su alocución por la cadena nacional- fue «pobreza cero», así, de una.
Lo que provocó más desconcierto en el discurso presidencial fue la constatación de que no hay límites para usar y abusar de la mentira. Ese es el verdadero «cambio» que introdujo el macrismo en la historia política argentina: mostrar que la fabulación, la distorsión de la realidad puede ser utilizada a una escala jamás vista. La complicidad expresa de las mayores corporaciones mediáticas fue imprescindible para lograrlo y lo volvieron a mostrar ahora al informar sin atisbo de crítica, asépticamente, sobre la cadena nacional.
Eso sí, a falta de correspondencia entre la palabra y los hechos, la factura del video fue muy llamativa. No se trató de un discurso en vivo, como era norma hasta ahora, sino de una grabación que intercaló imágenes del presidente en momentos oportunos: junto a líderes mundiales, abrazando a gente común, reunido con empresarios, en fin, mostrando una hiperactividad que, en los hechos, todos saben que es otra ficción. Es decir, no solo en la oralidad sino también en la construcción de su imagen el presidente rompió todos los récords en materia de embustes.
El tono general del video correspondió a una campaña proselitista antes que a una rendición de cuentas de una gestión. Con un despliegue que no desdeñó ninguno de los recursos del marketing político el presidente no habló como un gobernante que se despide de su cargo después de ejercerlo cuatro años sino como un candidato que busca posicionarse en la consideración pública. Ignoró por completo los datos duros que hablan con meridiana claridad de una hecatombe económica y social y se enfrascó en un discurso saturado de inexactitudes y vaguedades, con el auxilio de un montaje ágil y atractivo. A falta de resultados mostrables buenas son las cortinas de humo; y más todavía si se presentan con un decorado hollywoodesco digno de un film de política ficción.
Al igual que en la campaña proselitista para la elección del 27 de octubre, otra vez Macri decidió dirigirse solo a su electorado. Aquella vez apelando a un discurso agresivo que buscaba exacerbar en lugar de atenuar la «grieta»; ahora con un relato autoindulgente buscando encubrir la realidad con un vistoso envoltorio.
Pero es imposible tapar el sol con las manos. Ni la más descomunal mentira puede ocultar que bajo el gobierno de Cambiemos la pobreza llegó al 40,8% (y será aún mayor a fin de año), el desempleo se duplicó, el salario fue triturado y quedamos endeudados hasta la coronilla.