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El «periodismo de guerra» no descansa

EL ANHELO MACRISTA PARA 2021 ES SOSTENIDO POR EL DESPLIEGUE MEDIATICO

La prensa de la derecha tiene una milicia bien adiestrada a la hora de disparar fuego cruzado contra los gobiernos populares. Furiosos o atildados, lo mismo da. Vale todo.
COMUNA*
Gran parte de los columnistas de Clarín y La Nación, la mayoría de los títulos de noticias o pseudo noticias de estos diarios y de Infobae y Perfil, desnudan otro desplazamiento de los límites para atacar y asediar al Gobierno y al presidente Alberto Fernández, quien en un tiempo político récord -asumió hace nueve meses- es definido como un fracaso, un fiasco, alguien que ya no tiene margen de acción.
«Asintomático», «la pandemia es el Gobierno», «inútil», «incapaz», «lastre», «grogui», «disfuncional», «extraviado», «improvisado», «obcecado», «todos en peligro», «títere», «al borde del abismo», «conflicto de poderes», «al verso», «bajo fuego», «más leña al fuego», «jugando con fuego», son palabras, definiciones, adjetivos que en estos días fueron dirigidos contra el Presidente y su Gobierno.
Esto da el contexto que demuestra que la declaración de Bullrich definiendo al macrismo como preparado para tomar el poder en 2021 no es error, confusión o extravío ocasional, como los que alega Duhalde para poner al Presidente en el mismo plano que Fernando de la Rúa, un insulto político descomunal.
Este conjunto de notas y pronunciamientos vuelve cada vez más difusa la diferencia que hasta hace poco intentaban explotar los medios opositores entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El relato es que todo lo que ambos hacen conduce al mismo resultado, una crisis terminal, un desastre ante el que convocan a reaccionar en las calles, como se está haciendo rutinario. En esta disputa sin control por el poder, La Nación publicitó una foto que copió de Twitter para volverla «noticia» política: una supuesta manifestante con el cartel «elecciones anticipadas ya».

Ataques coordinados.
Es prácticamente ocioso explorar matices entre notas de las y los columnistas «prestigiosos» y las declaraciones de dirigentes de la ultraderecha, porque hacen un trabajo concertado y con un mismo fin: pisotear el mandato popular mayoritario de octubre de 2019 para llevar una vez más al país al rumbo opuesto.
En efecto, poco y nada separa a la definición de Fernández como «hombre inútil», que espetó la estadista del macrismo Laura Alonso de la que Bonelli, en Clarín, dedicó al conjunto de ministros: «lastre». Y así, del presidente «grogui» que lanzó Duhalde se puede pasar al contradictorio e inconsistente que describe Pagni, en La Nación, bajo el título «La pandemia es el Gobierno». Y del sistema político «disfuncional», de la «inoperancia conceptual, caprichos y errores» que tecleó Berensztein al «solo queda rezar» que Laborda pone en boca de un empresario sin nombre, y al «estamos todos en peligro de perderlo todo» de uno de los Wiñazki, en Clarín.
Y así, varias semanas después de que una animadora televisiva del Grupo Clarín cumplió la orden política de preguntar si el Gobierno cumple su mandato o termina anticipadamente, llegamos a la sentencia del presuntamente más ilustrado Joaquín Morales Solá, en La Nación del domingo 20, solo que con una retórica menos brutal aunque igualmente descarada: lo que vemos en estos días es «un Alberto Fernández que fue, que solo ha sido».
Fontevecchia, al comando del sobrino tonto del sistema mediático, tituló «Alverso» para insultar al presidente, tomándose del ingenio de la soldadesca macrista en las redes digitales. Tampoco Infobae se privó del ánimo incendiario. El domingo anterior desplegó dos títulos sucesivos, el primero y el segundo de la mañana: «El Gobierno echa más leña al fuego» y, al lado, «Jugando con fuego».

A falta de voces…
Salvo la dirigencia macrista radicalizada y los antitodo que salen a las calles (contra el peronismo, contra la cuarentena, contra los barbijos, contra ella, contra él, contra la vacuna, contra Ginés, lo mismo da), y salvo Duhalde, no se encuentran otras voces que a cara descubierta acompañen esta ofensiva que cada día renueva métodos y relatos. Tanto así que Olivera, en La Nación, no puede ponerle nombre a esta frase de un supuesto empresario de la industria: «Si buscás una declaración, creo que la más adecuada es la de Duhalde».
¿Y cuál será la salida? Los carteles «que se vayan todos» que estos medios mostraron el sábado recuerdan la evocación de 2001 que en especial Pagni, aunque no solo, viene haciendo hace varias semanas, como lo hace Bonelli el viernes: «Clase política incapaz».
Suerte que Borensztein se acordó, en una exploración histórica en busca de soluciones, que «el desmanejo macroeconómico» y la derrota de Malvinas «inhabilitaron a las fuerzas armadas como actores políticos…» porque, si no…, quién sabe… Y como que hay que descartar los cuartelazos, al menos los convencionales que La Nación y Clarín siempre ayudaron a preparar, Guyot hace en La Nación unos remilgos ante «la reacción aún tibia de una opinión pública que no parece entender o asumir del todo lo que está ocurriendo». Una pena, agrega, porque «el tiempo de hablar claro es hoy. Después quizá sea tarde».

Haciendo la Corte.
Y, quién lo diría, la Corte Suprema capitaneada por el ex abogado del Grupo Clarín recibe ahora su ración. La defensa de los jueces que el macrismo usó y quiere seguir usando tanto para sus acciones contra el kirchnerismo como para la autoprotección (como la recibida por Dujovne, Dietrich e Iguacel en el caso del negociado de los peajes), debe ser tomada por el tribunal. Así se lo advierte Morales Solá a los supremos, con tono de pocos amigos: la Corte, tecleó, «va por un camino judicial extrañamente sereno, exageradamente respetuoso de las instancias inferiores». En fin, republicanismo al palo, estilo Carrió.
Eso fue el miércoles, pero el domingo ya estaba más enojado: «La Corte Suprema huyó de su responsabilidad institucional». «La Corte calla» aunque aclara -porque amigos son los amigos, y socios son los socios- no es culpa de Rosenkrantz, sino de los otros.
Si el Presidente «ya fue», si el Gobierno es un «lastre», si al Congreso lo domina «Ella», y si además la Corte no actúa, ¿quién podrá ayudarnos?

*Comunicadores de la Argentina.