El “Plan Atlanta”, en marcha y con triunfos

PUNTO DE VISTA

Nelson Nicoletti (*)
Los de la clase 50 para acá, hemos sido testigos de la consolidación de los Estados Unidos de Norteamérica como principal país hegemónico, desplazando a España y al Reino Unido como anteriores “imperialistas invasores” de la región. (Los ingleses persisten como piratas consuetudinarios).
El “imperialismo yanqui”, en la jerga más revolucionaria, se tomó muy en serio su carácter de “país patrón” y ha implementado diversos mecanismos para someter a las naciones al sur del Río Bravo, para explotar sus recursos naturales como objetivo central. En ese camino, y entre otros inventos, diseñó el “Plan Cóndor”, coordinado por los servicios de seguridad de las dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay, en colaboración con la CIA, para aniquilar a la izquierda opositora durante la década de los 70, en plena Guerra Fría, cuando asomaron algunos gobiernos populares en América Latina haciendo florecer los ideales de la Patria Grande sembrados por los libertadores. Y ejecutaron a sangre y fuego sus planes represivos matando y haciendo desaparecer de a miles a ciudadanos de estos países y llenando las cárceles de presos políticos e imponiendo sus políticas económicas.
La recuperación de las democracias por los ochenta, la aparición de gobiernos representantes de la voluntad popular y la imposibilidad fáctica de poner los cuarteles al servicio de nuevos golpes de estado llevaron a la golpista derecha liberal de nuestros países, en sociedad con Estados Unidos, a idear un nuevo sistema que les haga posible apropiarse nuevamente de los gobiernos.
La ciudad de Atlanta fue el escenario en que se conformó la Misión Presidencial Latinoamericana que reunió a expresidentes de la región, liberales y derechistas, que se juntaron para ver como podían desplazar a los gobiernos progresistas del mapa. Suscribieron la Declaración de Atlanta (2012) en la que se expresa: “Se está ante una oportunidad histórica para que América inicie una nueva era en sus relaciones, dejando atrás la época de los desencuentros”.
En una suite del Hotel Marriot, uno de los presentes, el expresidente Luis Alberto Lacalle, dijo que “ya que no podemos ganar las elecciones a estos comunistas, comparto una acción en dos pasos: primero iniciar una campaña de descrédito contra los presidentes de orientación izquierdista o progresista para ir minando su liderazgo. Para ello contamos con medios de comunicación. Segundo: transformar las maniobras mediáticas en procesos judiciales que terminarán con los mandatos presidenciales sin que para ello hubiera que recurrir al voto popular”.
Esta información privilegiada y de primera mano fue suministrada por Manolo Pichiardo, dirigente del Partido de Liberación Dominicana, antes de asumir la presidencia del Parlacen (Parlamento Centroamericano), cuando relató lo sucedido en aquel siniestro foro de Atlanta al que fue invitado. Investigadores de aquel evento dicen que “no se registró la presencia de expresidentes argentinos en aquella reunión”, pero, afirman “al año siguiente Eduardo Duhalde fue invitado a exponer”, y que -en cambio- sí tienen activa participación en la ONG National Endowement for Democracy, financiada por la CIA que opera en la política regional, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Gabriela Michetti y Lilita Carrió.
A la luz de los hechos, pareciera que el Plan Atlanta está en proceso y se anotó varios triunfos. Zelaya en Honduras fue destituido; el vicepresidente Glass de Ecuador fue preso; Raúl Sendic, vicepresidente de Uruguay (Frente Amplio) renunciado; Maduro demonizado hasta el delirio, Correa perseguido por cargos inverosímiles; Cristina Kirchner con ocho procesamientos al hilo fruto de un acoso judicial de claro perfil político; Evo Morales cargado con un hijo que no fue; la tremenda destitución de Dilma en Brasil; y la joyita del Plan: Lula preso y sin poder ser candidato. La brujas no existen, pero que las hay, las hay…

(*) Parlamentario del Parlasur.