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El poder mafioso está desnudo

EXTORSIONES QUE SALPICAN A STORNELLI Y ELECCIONES 2019

Solo con un poder mediático hiperconcentrado y una Justicia parcial, el gobierno que destruyó el salario de
los trabajadores puede tener una chance en octubre.
CLAUDIO SCALETTA
Hace tiempo ya que la porción más politizada de la población, una minoría, descubrió la capacidad de los medios de comunicación como potentes instrumentos para legitimar las relaciones de poder. Pero lo que realmente impacta es la nueva dimensión del poder comunicacional, que multiplicó los mecanismos de transmisión. A un individuo cualquiera los mensajes le llegan de manera multidimensional, desde Netflix a la prensa gráfica, desde las redes sociales o cuando camina por la calle. Pero los medios también funcionan de manera bidireccional como un panóptico que descubre movimientos, gustos y deseos. El habitante del capitalismo avanzado está a la vez vigilado y atravesado por discursos desde que se despierta. La concentración del poder económico asegura el control de la producción y la distribución de ese discurso que se retroalimenta con información personalizada. La idea de «prensa libre» es pura mitología capitalista.
El teórico de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, decía que «muchas repeticiones hacen una verdad». Lo recordamos porque la «posverdad» no es precisamente un fenómeno contemporáneo. Lo que es contemporáneo en Argentina es la hiperconcentración de los medios y el control casi total por parte de un solo grupo económico sobre la producción y distribución de la información. Los grupos mediáticos ya no se limitan al lugar mítico del cuarto poder, una suerte de mecanismo de control extraordinario sobre el funcionamiento de los tres poderes de la república, sino que son «el» poder.

El poder mediático.
Desde 2015 se indujo en la economía un fuerte cambio en los precios relativos -dólar, tarifas y salarios- y por lo tanto en la distribución del ingreso entre el trabajo y el capital, pero también al interior del capital, entre empresas locales y extranjeras, a favor de las segundas, y entre bancos, energéticas, agropecuarias y extractivas en desmedro de la industria. El marco fue la reconstrucción del endeudamiento externo y la resubordinación al capital financiero.
El resultado fue la desindustrialización, la recesión y el aumento de la dependencia con el exterior. Se trata de un modelo desastroso para las mayorías, pero con claros ganadores alineados a los poderes globales. Pero para seguir profundizándolo, el régimen necesita ganar elecciones, lo que parecería un verdadero prodigio en un escenario normal. Sin embargo el oficialismo confía en su potencial y es aquí donde pesa el poder comunicacional.
Repasando muy brevemente, el poder mediático logró frenar la difusión de los Panamá Papers que revelaron la propiedad de firmas offshore -generalmente creadas para la evasión y la elusión impositivas-, del grueso de la plana mayor del gobierno, incluido Mauricio Macri. El poder mediático cubrió luego el reingreso vía blanqueo del dinero sacado al exterior vía las offshore. El beneficio alcanzó incluso a los familiares del presidente, lo que significó saltar la disposición en contrario del Congreso. El poder mediático cubrió la muerte de Santiago Maldonado en un contexto de represión de la Gendarmería y también el asesinato de Rafael Nahuel a manos de la Prefectura. También alimentó la continuidad de la mentira sobre el supuesto asesinato del fiscal Alberto Nisman. Los dos principales diarios porteños y sus satélites apoyaron el encarcelamiento de opositores e hicieron propia la defensa de la prisión de los funcionarios del gobierno anterior incluso antes de que se agoten las instancias de apelación de las sentencias amañadas. En síntesis, la prensa hegemónica legitimó la existencia de presos políticos.

Disimular el robo.
Frente al desastre económico, la transferencia de ingresos en favor de unos pocos y el aumento de la pobreza, la apuesta para 2019 es la misma que en 2015, insistir con el «se robaron todo». Ello requiere no sólo disimular el verdadero y fenomenal robo del presente, sino también subir la apuesta hasta el encarcelamiento de la principal líder opositora. Con este fin se urdió la operación de inteligencia-judicial-mediática de «las fotocopias de los cuadernos». La operación necesitaba retorcer las normas jurídicas, por lo que debió crearse, con apoyo del opoficialismo, la figura del «arrepentido», proceso que luego se completó con un decreto que se espera utilizar como complemento, el de la «extinción de dominio». Lo que siguió fue la vergonzosa extorsión judicial a empresarios vinculados a la obra pública a quienes se les permitió optar entre la cárcel o declararse arrepentidos y denunciar a funcionarios del gobierno anterior. Todo ello sobre la base de fotocopias de cuadernos que no existen porque, se admitió, fueron quemados.
Y ahora apareció la frutilla del postre. Todo indica que los funcionarios judiciales que controlan la causa decidieron usarla no sólo para fines políticos, sino también para enriquecerse personalmente extorsionando a potenciales «involucrables». Nótese en el camino el rol de la prensa. Los operadores periodísticos que participaron en esta sucesión de encubrimientos y operaciones fueron hasta premiados, cuando en realidad, si se respetase la Constitución y las leyes, son pasibles de sanciones penales, por ejemplo por su contribución al armado de causas truchas.

Mucho en juego.
Si la legitimidad de la causa de las fotocopias nació renga, la presunción de que también fue utilizada para el enriquecimiento personal de los funcionarios judiciales intervinientes la hiere de muerte. Pero no es una causa más, sino la que el poder mafioso que, con apoyo internacional, hoy conduce el aparato de Estado pensaba utilizar contra la oposición. En los meses venideros se asistirá a acciones desesperadas. Es mucho lo que está en juego para quienes corren el riesgo de perder el poder y también la libertad.
Pero imaginemos un probable triunfo opositor. El recambio político deberá lidiar con un poder judicial amañado, con un poder mediático todavía más belicoso que en 2015 y con una deuda incrementada en 150 mil millones de dólares. Al mismo tiempo la sociedad pretenderá una reparación del daño provocado por cuatro años de políticas antipopulares. Parece imposible imaginar una salida que no involucre rupturas profundas con el orden del presente. (Extractado de El Destape).