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El Presidente no nos cagó

LA SEMANA PAMPEANA

I – En enero pasado, cuando se conoció el desembolso de la primera cuota del actual gobierno del bono que Macri le dio a Mendoza en pago de una deuda judicial para que construya Portezuelo, el ex gobernador sintetizó la frustración que ganó a los comprovincianos que entendieron entonces que ese pago significada convalidar la cuestionada obra: «ahora nos cagó un compañero», descargó en su twitter palabra más palabra menos y muchos sintieron lo mismo. Luego se explicó que ese pago no significaba avalar la obra sino cumplir con un compromiso del Estado obligado por un arreglo judicial por el reclamo mendocino por la promoción industrial que el macrismo transformó, con sesgo electoral, en fondos destinados a la construcción de la represa. La trampa del macrismo y de sus socios políticos mendocinos fue convertir a esa obra en una iniciativa exclusivamente mendocina, dejando de lado al comité de cuenca y al resto de las jurisdicciones afectadas por esa construcción. Por eso, el pago de esa deuda por parte del gobierno nacional fue leído aquí, en un primer momento, como un espaldarazo al proyecto mendocino de cortarse solos y provincializar la obra. La experiencia pampeana con los Nihuiles que secaron el Atuel, y el resto de las represas sobre ríos interprovinciales que cortaron el Desaguadero, agitó viejos fantasmas.

II – Pero en los últimos días, más exactamente desde la visita a La Pampa del Presidente, las sospechas y el recelo que aquél pago despertaba en La Pampa y el resto de la cuenca quedaron despejadas. El presidente dijo aquí que los ríos que nacen en una provincia no son de esa provincia sino de todas las que recorre su cauce y que no había lugar en un país federal para decisiones unilaterales sobre un río de cuenca compartida. Un día antes había instruido a su ministro de Interior para que convocara al Consejo de Gobierno de Coirco, el comité de cuenca del Colorado que es la autoridad en la construcción de Portezuelo, para que sean las provincias las que determinen los pasos a seguir. Ese camino es, claramente, la realización de un estudio de impacto ambiental sobre toda la cuenca y no solo sobre el territorio mendocino como pretendía Mendoza y, el manejo de la presa que no puede quedar en manos de esa provincia, históricamente apropiadora de agua ajena.

III – ¿Qué papel cumplió aquél duro comentario tuitero en la traza de esta clara línea presidencial favorable a los reclamos de La Pampa? ¿Fue la advertencia que decidió el cambio de política hídrica o fue un episodio desafortunado en una trama política que desembocó en los anuncios y decisiones nacionales que hoy ilusionan a La Pampa? Dicho en criollo: ¿el Presidente nos estaba cagando y el tuit lo indujo a cambiar su política, o la política hídrica favorable a las autoridades de cuenca por sobre las determinaciones de las provincias de aguas arriba que hoy está claramente expresada en su discurso y su acción es fruto de un convencimiento donde los representantes del gobierno pampeano jugaron un papel que aún no está contado en sus detalles pero que estaría reflejado en la posición presidencial que nos da la razón? ¿Fueron ambas? Las preguntas encuentran distintas respuestas de acuerdo a quiénes son los consultados. Del lado del ex gobernador dicen que valió la pena patalear luego del pago dando a entender que fue ese tono escatológico el que finalmente movió la balanza a favor de la provincia. Desde las huestes del actual gobernador interpretan ese tuit como inocuo y fuera de lugar en el logro pampeano de lograr el apoyo de la Nación en el conflicto por Portezuelo. Nadie nos estaba cagando, repitieron entonces y ahora. Aunque no tuviera estado periodístico, la tarea de convencer a las autoridades nacionales de la razonabilidad de la posición pampeana fue mucho más ardua y trabajada en reuniones al más alto nivel que solo redactar un tuit con más calentura que estrategia, aseguran.

IV – Más allá de esta polémica, lo cierto es que, haya sido el tuit o no, la provincia cuenta hoy, por primera vez en la larga historia de su lucha por sus ríos robados o amenazados, con un apoyo inédito. No solo es la Nación, sino las restantes provincias de la cuenca las que adhieren al pedido de un estudio de impacto ambiental que determine con exactitud qué efectos tendrá sobre la cuenca la realización de una obra faraónica cuya utilidad fue planeada en lejanos tiempos de excesos hídricos. (A nadie escapa, además, que Mendoza quiere esa obra solo como paso previo para trasvasar agua del río Grande al Atuel, aunque con ello decrete la muerte del Colorado como hizo ya con el Atuel y el Desaguadero). (LVS)