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El primer caso en la provincia

Finalmente el coronavirus dio el presente en La Pampa. El primer caso entre nosotros ya es una realidad aunque esa mala noticia puede ser matizada con otra buena. Se trata de un caso importado, es decir, de una persona que se infectó en el extranjero y que, al llegar a nuestra provincia, se aisló en la cuarentena de inmediato. Hoy permanece internado en el Molas para su mejor atención pues se trata de un adulto mayor de 71 años.
La Pampa dejó de ser territorio libre de la pandemia, como lo era hasta hace unas horas con otras pocas provincias del país, y por lo tanto es esperable que los controles comiencen a tornarse más severos. En ausencia de vacunas contra el Covid-19, el remedio más eficaz es, hasta ahora, el aislamiento. La experiencia lo muestra con creces. Aquellos países cuyos gobernantes se tomaron en serio la sanidad de su población, con suspensión de actividades y un rígido sistema de cuarentena obligatorio, están sobrellevando mucho mejor esta pandemia que ya llegó a prácticamente todas las naciones del planeta. Las cifras que muestran algunos países son abrumadoras. Y no estamos hablando de Estados pobres del tercer mundo sino de potencias económicas como Italia, España o Estados Unidos en el hemisferio norte, y de Brasil o Chile en Sudamérica. En todos los casos, sin excepción, la gravedad del cuadro sanitario es inversamente proporcional a la robustez del Estado en los sistemas de salud pública. De ahí que Argentina pueda presentar estadísticas mucho más alentadoras.
En cuanto a nuestra provincia, es para destacar que el estado de tensión que vive la comunidad no le impide generar iniciativas de gran valor social. Un grupo de profesionales y emprendedores está desarrollado un respirador artificial de bajo costo con el propósito de ponerlo a disposición de Salud Pública. Es bien sabido que se trata de un insumo crítico, por su escasez y gran requerimiento a la hora de enfrentar una epidemia de esta naturaleza. En tanto, en Eduardo Castex, una pequeña empresa familiar está fabricando máscaras de protección para personal sanitario y las donaron al hospital local. En otras localidades grupos de mujeres confeccionan barbijos y luego proceden a donarlos y también se observan a voluntarios que se suman para acompañar a los agentes oficiales en las tareas de prevención.
Lejos de inmovilizarse, sectores de la sociedad se sienten impulsados a la acción con iniciativas que apuntan a reforzar las defensas y a complementar las tareas desplegadas por las autoridades sanitarias. Como suele decirse, en las épocas de crisis suele aflorar lo mejor y lo peor de las personas. Estos casos, sin sombra de duda, están entre los primeros. Para los segundos, en cambio, ahí está la deplorable actitud de un exintendente que violó la cuarentena y, en estado de ebriedad, provocó disturbios con amenazas incluidas.
Pero no es lo único a anotar en la columna del debe; allí también debería figurar la reacción negativa de muchos que se prestaron a una suerte de linchamiento del primer vecino contagiado, divulgando por WhatsApp datos falsos al imputarle una conducta negligente que no existió. Como para confirmar que las redes sociales pueden ser un arma de doble filo.