miércoles, 13 noviembre 2019
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El PRO y la UCR por separado en elecciones provinciales

RUPTURA A LA CORDOBESA

En el distrito donde Mauricio Macri obtuvo el más alto porcentaje de votos en 2015, su alianza no presentará candidatos en las elecciones para gobernador.
IRINA SANTESTEBAN – El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, resolvió en diciembre que las elecciones provinciales fueran desdobladas de las nacionales, estas últimas serán el 27 de octubre, para elegir presidente y vice, y diputados nacionales.
Esta práctica de adelantar elecciones no es nueva. En Córdoba, en 1998, el entonces gobernador Ramón Mestre (padre) convocó a elecciones en diciembre de ese año, pese a que debían realizarse en mayo de 1999. Pensaba que así dificultaba la campaña del peronista José Manuel de la Sota. Sin embargo, con un marketing novedoso al mando del brasileño Duda Mendonça, De la Sota obtuvo un contundente triunfo, inaugurando un período de gobiernos peronistas que lleva ya 20 años.

Pegar primero.
La intención de Juan Schiaretti no es muy diferente a la que tuvo Mestre padre hace dos décadas: «primerear» a Cambiemos, que tan buen resultado había tenido en 2015 y 2017. Aunque el gobernador cordobés diga que el presidente Macri es su «amigo» y sus diputados nacionales le hayan aprobado la mayoría de sus leyes en el Congreso de la Nación, es obvio que esa amistad no llega al punto de dejarse arrebatar el poder en un distrito como Córdoba, el segundo en población y actividad económica.
Para el presidente Macri y su Propuesta Republicana (PRO) ha sido un durísimo golpe, pues la ruptura se produce en el seno de su principal aliado, la UCR, cuyo aporte fue decisivo el triunfo en 2015.
Pinta como la tercera derrota que viene sufriendo el gobierno nacional en los distritos. La primera fue en La Pampa, cuando en la interna de Cambiemos, su candidato «Colo» Mac Allister perdió por paliza ante el radical Daniel Kroneberger. Después fue Neuquén, en las elecciones del domingo pasado, donde el candidato de Cambiemos quedó tercero, por detrás del Movimiento Popular Neuquino, y del PJ-kirchnerismo. Aunque el gobernador electo, Omar Gutiérrez, tiene buena relación con el gobierno nacional, la derrota fue clara.

Radicales divididos.
La división en la alianza oficialista en Córdoba es otro duro golpe para la estrategia de la Casa Rosada, al punto que ya se habla de un cambio en la fórmula presidencial para octubre, en la que entraría a jugar María Eugenia Vidal para presidenta y Carolina Stanley para gobernadora en Buenos Aires.
En Córdoba, el primero en irse de la alianza fue Luis Juez, quien anunció su candidatura a intendente, aunque su intención original era competir por el premio mayor: la gobernación. Era su revancha doce años después, cuando en 2007 perdiera por muy poco margen frente a Schiaretti, en comicios con irregularidades y acusaciones de fraude.
El segundo en bajarse fue el candidato de Macri: Mario Negri, cuya fórmula con el ex árbitro Héctor «La Coneja» Baldassi, no tenía apoyo del aparato partidario, hoy controlado por el mestrismo. Negri argumentó falta de condiciones para garantizar «elecciones transparentes».
Suena feo una acusación de esa magnitud, cuando está dirigida no a un adversario político sino a un hombre de su partido: Ramón Mestre (hijo) el actual intendente de la ciudad de Córdoba, que luego de cumplir dos mandatos quiere competir por la gobernación. Insiste en su candidatura porque dice que él ya había renunciado en 2015 y que ahora era su turno. Como Negri (apoyado por Macri) no aceptó, se había llamado a una elección interna.
Las diferencias planteadas son serias porque han derivado en la ruptura de la alianza que a nivel nacional había tenido en Córdoba un claro respaldo electoral. Pero no se trata de diferencias políticas ni programáticas, ninguno de los contendientes critica el rumbo político económico del presidente Macri. Negri ha sido su espadachín en el Congreso para la aprobación de todas las leyes de ajuste, como la reforma previsional y el presupuesto.
Mestre es un intendente que en sus ocho años de la municipalidad de Córdoba ha propiciado políticas privatizadoras muy similares a las de Cambiemos. Privatizó el servicio de recolección de residuos, que colapsó hace algunos meses, y que se lleva gran parte del presupuesto. El transporte público está en crisis, con empresas en quiebra, y con uno de los boletos más caros del país (23,70 pesos). En los últimos meses, para no ser menos que Schiaretti, se ha lanzado a un megaplan de obra pública, que ha convertido al tránsito en un caos, y no ha mejorado la calidad de vida de «la docta».
En enero, la joven Daiana Moyano fue violada y asesinada cuando regresaba de noche de su trabajo, y debió bajarse a la entrada del barrio donde vivía, porque el colectivo no ingresó por el deplorable estado de las calles, en una zona que casi no tiene iluminación. El documento que se leyó ante 90.000 personas el pasado 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, tuvo un duro párrafo destinado al intendente Mestre por este femicidio.
El jueves vence el plazo para la presentación de las alianzas, y no hay ya vuelta atrás. El que está chocho es el gobierno de Unión por Córdoba, ya que, aunque falten dos meses, se avizora un triunfo de Schiaretti para un nuevo período.
Para Macri ya no será tan grato como antes venir a Córdoba, donde decía sentirse «como en su casa». Y máxime si como en otras oportunidades se da una vuelta por las automotrices Fiat, Iveco y Renault, que hoy tienen a sus trabajadores suspendidos. Según el diario «La Voz del Interior», del grupo Clarín, el parate en el sector automotriz afecta a 15.000 empleos, mientras que el Centro Comercial de la ciudad informaba en febrero que había 600 comercios que habían cerrado sus puertas en el casco céntrico. Córdoba no era una isla con Eduardo Angeloz y tampoco con De la Sota y Schiaretti.