El problema feminista como exigencia política

DOMINICALES

Señor Director:
Ese mar de paraguas negros que cubrió, el miércoles, la plaza de Mayo, luego de congregarse en el Obelisco y avanzar por la avenida de Mayo da cuenta de una madurez del movimiento feminista en la Argentina, aspecto que resulta confirmado por la presencia pública de la mujer en muchas otras plazas de la república, incluyendo la principal de Santa Rosa.
Lo que se advierte es que este movimiento, que tiene una larga tradición en el mundo, toma un sesgo marcadamente político, no en el sentido de adscribir a un partido u otro de los que están activos en cada nación, sino que se encamina por la vía política y reclama de la política las decisiones que vayan eliminando diferencias entre varón y mujer. Si bien hay también reclamos propios referidos a situaciones que resultan del diferente papel de cada género, en particular la maternidad femenina y todas las consecuencias de ésta, así como reclamos puntuales, quizás definibles como de época: de una época signada por la violencia. O sea la muerte de la mujer por acción del varón.
Se puede leer en Wikipedia: Define el feminismo (reivindicación de los derechos femeninos en relación con los que ya tiene el varón), pero da cuenta de una crítica que señala que esa reivindicación igualitaria “se concentra en un solo género”. Esta expresión impresiona como un modo erróneo de pensar, puesto que las demandas del feminismo han consistido en buscar los derechos que ya tiene el varón, de manera que lo que propone es igualar las condiciones para luego actuar juntos en defensa de los derechos obtenidos y contra lo que constituya una amenaza de retroceso.
En años más recientes la mujer ha incluido reclamos propios de su condición, como lo relacionado con la maternidad, que es su rasgo diferencial, y con respecto a circunstancias del embarazo, incluyendo el derecho al aborto cuando se dan determinadas circunstancias. Está claro que estos reclamos se refieren al género femenino, pero condicionan también al varón, puesto que maternidad y paternidad son expresión de la condición que la vida impone a todo lo viviente.
El planteo correcto del problema de los derechos humanos incluye o presupone que éste género reconoce que tiene su diversidad varón-mujer. Y que, como sucede cuando hay que afrontar un problema que afecta a ambas expresiones del género, la igualdad efectiva aparece como condición necesaria para la defensa de los derechos ya adquiridos.
Si hay igualdad puede madurar la conciencia de la necesidad de afrontar juntos los riesgos que se presentan como consecuencia de ciertas propensiones humanas, confirmadas repetidamente en el proceso histórico, que buscan generar privilegios y capacidad de dominio sobre los semejantes. Dado que este riesgo resulta de la propia condición humana en el curso del proceso de estructuración de la sociedad, la prevención o la resistencia serán más eficaces si varones y mujeres afrontan el riesgo con la convicción de que son afectados en la misma medida. De los esclavos se ha dicho, en situaciones puntuales, que pueden tener comportamientos erróneos porque el sometimiento prolongado debilita el aprecio por el derecho básico de la especie: la libertad. Se ha visto que este riesgo no solamente es real, sino que se repite, como en las situaciones recientes de privación de la libertad, torturas y muerte, cuando aparece el llamado síndrome de Estocolmo, en el que el sometido opera como aliado del que somete.
La condición de ser libre es rasgo distintivo de lo humano, no como algo dado y realizado, sino como propuesta orientadora que demanda la voluntad de conquistar la libertad y defender lo conquistado.

Lógica.
Al referirse al paro y manifestación del pasado miércoles, el periodista Martín Granovsky expresa, entre otros conceptos, que toda violencia tiene una lógica detrás: que la víctima no es (para el victimario) una persona ni tiene derecho a ejercer su voluntad. Quienes mataron a Lucía (luego de drogarla, violarla y empalarla) “se sintieron dueños de su vida. Por eso eligieron su muerte”.
Y añade esto: “Y no es obra de monstruos ajenos al género humano”.

Futuro.
La periodista Soledad Vallejos, especializada en el tema del feminismo, escribe una suerte de “memorias del futuro”, o sea de lo que vendrá, de lo que se procura que sobrevenga como consecuencia de este movimiento de las mujeres. Imagina que algunos contemporáneos llegarán a vivir en una sociedad más equilibrada.

Y también tiene recuerdos del pasado, pues si bien quiere hablar del “futuro que viene”, tiene conocimiento de un pasado que incluye, por ejemplo, la muerte, hace treinta años, de Alicia Muñoz, por acción de del pugilista Carlos Monzón.
Soledad se esperanza cuando imagina un futuro igualitario, “un mundo que quizás los de ahora no veamos, pero que está creciendo…”.

Dichos.
Entre los que se oyeron el miércoles en la manifestación feminista metropolitana, se escucharon o leyeron (en pancartas) los siguientes:
“Paramos para detener la violencia femicida”
“Paramos contra el disciplinamiento que implica que Milagro Sala esté presa por ser mujer, por ser indígena, por haberse organizado”.
“Contra la detención y el procesamiento judicial irregular que mantiene como rehén a Reina Maraz, migrante quechua, hablante, presa de una justicia misógina”
Jotavé

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