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El proyecto tan esperado

Con alto grado de certeza bien puede decirse que el de Empatel es el proyecto más importante que tratará la Legislatura provincial este año. La iniciativa figuró en un lugar destacado en el discurso que el gobernador de la provincia brindó el 2 de mayo ante la Cámara de Diputados y recibió una adhesión inmediata de todo el arco político pampeano y el movimiento cooperativo.
El martes tuvo lugar el ingreso formal del borrador que envió el Poder Ejecutivo para su tratamiento legislativo y se confirmó que la figura elegida para constituir la empresa será, al igual que con Pampetrol, una sociedad anónima con participación mayoritaria del Estado (Sapem) y con posibilidades de integración de las entidades solidarias y el capital privado.
Una empresa provincial de telecomunicaciones con esta conformación societaria no es poca cosa; incluso a nivel nacional cuesta mucho encontrar iniciativas siquiera parecidas. De ahí que este proyecto tenga no solo relevancia por su propia envergadura sino también por el momento en que irrumpe. En plena campaña electoral para las elecciones generales de octubre este paso del gobierno pampeano significa también marcar la cancha apostando a un modelo de desarrollo económico y de organización empresarial que está en las antípodas del que vino a imponer la alianza integrada por el PRO, el radicalismo y sus socios menores.
Cuando los vientos neoliberales azotan el país y el continente, esta pica que se clava en una modesta provincia del interior argentino muestra que hay alternativas al discurso único que pretende imponer la ortodoxia económica desde el Consenso de Washington. Porque deja ver que el Estado puede ser una herramienta estratégica de desarrollo y que su articulación con los actores de la economía solidaria -como cabalmente lo son en La Pampa las cooperativas prestadoras de servicios públicos- tiene un campo de acción de alcance extraordinario. La experiencia acumulada en la distribución de la energía eléctrica o el agua potable es un antecedente muy valioso que muestra que no se trata solo de palabras edificantes sino de hechos concretos.
Y es, también, esa rica experiencia de conjunción entre Estado y cooperativas la que obró un milagro político: que hasta la oposición encolumnada hoy con el proyecto macrista acepte esta iniciativa y la acompañe -con sus observaciones, desde luego- en su futura aprobación.
Es un lugar común decir que todo gobernante abriga el deseo íntimo de dejar alguna marca que recuerde su gestión al frente de la administración pública. Si esto es cierto, es altamente probable que el actual mandatario sea recordado en el futuro por la creación de esta empresa. Desde luego, si todo anda bien, se hacen las cosas en tiempo y forma y, nada menor, se prevé la presencia de la oposición legislativa en el directorio con el propósito de jerarquizar la siempre imprescindible tarea de control. La experiencia positiva en Pampetrol constituye un buen antecedente como para estimular la reiteración de ese esquema en la futura empresa de telecomunicaciones.