El relato macrista choca de frente con la dura realidad

¿ESTAMOS MAL PERO VAMOS BIEN?

La palabra “relato”, antaño noción predilecta del periodismo corporativo para definir los tiempos
kirchneristas, hoy parece estar olvidada.
JAVIER FRIAS*
El macrismo, aunque sus usinas de propaganda lo nieguen, ha desplegado un fabuloso relato que, antes que comunicar mal, hace lo que puede con los indicadores adversos que presenta el cuadro económico-social. Además del elemento retórico, otro aspecto central en el relato M es la cuestión de la imagen. El PRO ha planteado una suerte de teatralización de la política. La política pasó a ser un montaje.
Cuando se trata de evaluar los desaguisados económicos de Cambiemos, una interpretación bastante extendida entre los aliados de Macri es que el PRO comunica mal. Es un apoyo disfrazado de crítica al módico precio de reemplazar el análisis de las políticas por el análisis de la comunicación. El problema de Mauricio Macri, entonces, no estaría en las medidas económicas que objetivamente han beneficiado a las fracciones concentradas del capital y empobrecido a las mayorías, sino en la incapacidad del equipo de gobierno para convencernos de que semejante redistribución regresiva de los ingresos en verdad es provechosa para el conjunto de los argentinos.
Lo cierto es que la versión de la mala comunicación del macrismo se da de narices con el sofisticado y eficiente manejo del marketing político que despliega Durán Barba y cía. y que, entre otras cosas, dispone de 163 millones de pesos solo para administrar las redes sociales. La palabra “relato”, antaño noción predilecta del periodismo corporativo para definir los tiempos kirchneristas, hoy parece estar extraviada y justo en un momento en que la discursividad oficial alcanza ribetes de cinismo mayúsculo entre maratones de promesas incumplidas y anuncios rimbombantes para celebrar la profundización de la dependencia semicolonial del país.

Fabuloso relato.
El macrismo, aunque sus usinas de propaganda lo nieguen, ha desplegado un fabuloso relato que, antes que comunicar mal, hace lo que puede con los indicadores adversos que presenta el cuadro económico-social. El periodista David Cufré ha hecho, en el diario Página 12, un pequeño recuento de algunos de los malabarismos que despliega el relato M: “El ministro de Trabajo sostiene que no hay crisis de empleo mientras la desocupación creció de 5,9 a 9,3 por ciento. El ministro de Hacienda y Finanzas afirma que la economía dejó de caer mientras el Indec presenta datos del derrumbe del consumo, la actividad industrial y la construcción. El ministro de Producción asegura que su prioridad son las Pymes mientras la ejecución presupuestaria de los programas de apoyo al sector no llega al 20 por ciento en el año. El ministro de Ciencia y Tecnología justifica su continuidad en el cargo mientras los investigadores marchan al Congreso por los recortes de partidas en el presupuesto 2017. El ministro de Turismo dice que hay que cuidar las economías regionales mientras confirma que se analiza terminar con los feriados puente. El Presidente se congratula de haber bajado la inflación mientras octubre apunta a un alza del índice de precios del 3 por ciento y en el año roza el 45 por ciento, contra el 23 que había hace un año, según la medición del gobierno del PRO en la Ciudad de Buenos Aires. El ministro de Educación dice defender la escuela pública mientras se desangra el plan Conectar Igualdad de distribución gratuita de neetbooks a estudiantes. El jefe de Gabinete se ufana de que ahora hay diálogo mientras deja a las Pymes, a las CTA y a la oposición que no es oficialista afuera de cualquier mesa de negociación”.
Se trata de un listado elocuente al que podríamos sumar las cínicas invocaciones a la república, la lucha contra la corrupción (de los otros), las declaraciones en favor de eliminar el Impuesto a las Ganancias y de continuar el Fútbol Para Todos, o el pronóstico climático que anticipa desde enero la lluvia de inversiones. Todo ello en el marco del deporte favorito del presidente: prometer y no cumplir.

Aquel debate.
Difícilmente sea posible encontrar un dirigente en la historia que haya contradicho tanto sus palabras en tan poco tiempo tal como comprueba el recuerdo fresquito del debate presidencial de 2015. Que el PRO ha montado un espectacular relato lo prueban la cantidad de ideas fuerza o significantes que pueden ser directamente asociados al marketing de los globos de colores. Probemos con un inventario tentativo: pobreza cero, sinceramiento económico, integración al mundo, el mejor equipo de los últimos 50 años, diálogo, cambio, unión de los argentinos, juntos podemos, pesada herencia, segundo semestre, brotes verdes, lluvia de inversiones, revolución de la alegría.
Un bombardeo discursivo con tintes ciertamente tragicómicos. El “sinceramiento tarifario”, por caso, significa no sincerar los costos de producción que permite conocer los niveles de rentabilidad de las empresas proveedoras de servicios, la tan mentada vuelta al mundo no es más que el realineamiento de la Argentina con el sistema rentístico financiero internacional, el combate a la pobreza quiere decir más de un millón y medio de nuevos pobres y la “reparación histórica” para los jubilados va en camino de provocar el desfinanciamiento del sistema solidario de jubilaciones y pensiones.
Además del elemento retórico, otro aspecto central en el relato M es la cuestión de la imagen. El PRO, en ese terreno, ha planteado una suerte de teatralización de la política. La política pasó a ser un montaje.
El presidente, entonces, se sube a un set televisivo para “viajar en micro con los vecinos” o se saca una foto súper espontánea con su esposa andando en bicicleta en Nueva York.
La práctica del timbreo o las fotos “casuales” de María Eugenia Vidal comprando en un supermercado o de Macri comprando un regalo en una juguetería para el día del niño son otros tantos ejemplos de la teatralización de la política. Y también forma parte de este rubro la utilización insistente de la imagen de Juliana Awada y, sobre todo, de Antonia en tanto juntos prefiguran el estereotipo de la familia bien.

Números en una planilla.
Toda esa escenificación obedece a la preocupación del equipo de comunicación del PRO por humanizar al presidente. Pero el tema con Macri no es que no sea humano, porque de hecho lo es. El problema es que Macri le reconozca el carácter de humanos a quienes son víctimas de su política económica. En el mundo PRO las mayorías aparecen simplemente como un número en una planilla de Excel. Son la variable de ajuste de los tecnócratas. Y lo peor es que están “aprendiendo sobre la marcha” (Aranguren dixit).
El panorama socio-económico de la Argentina macrista ni siquiera es bueno para los tibios pronósticos que el equipo económico había trazado. Cambiemos no sólo no ha logrado corregir los desajustes y desequilibrios legados por el gobierno anterior, sino que ha profundizado las distorsiones y ha agregado un buen número de nuevos problemas.
A casi un año del inicio de sus labores, Macri puede decir que en su gobierno hay más pobres, más indigentes, más desigualdad, más desempleo, más inflación, más déficit fiscal, más endeudamiento, menos poder adquisitivo, menos consumo, menos mercado interno, menos pymes y menos industria.
Semejante escenario no puede sino ser contrarrestado con una importante maquinaria propagandística que intenta tapar como puede el ajuste sobre los sectores populares y las clases medias. Para explicar este comportamiento podríamos gastarnos en análisis sociológicos sobre los componentes de clase del gobierno de Cambiemos y las características de su modelo de acumulación.

*Nuestras Voces.

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