El relato macrista de “vamos bien” se choca con la realidad

LA SEMANA POLITICA

Emilio Marín – El gobierno insiste en vender su imagen de que el país marcha hacia un destino de progreso y grandeza. La realidad tritura ese relato macrista. Abajo, al medio e incluso arriba de la sociedad los datos son muy distintos.
El presidente y sus ministros insisten en que están conduciendo muy bien a un país que sale del kirchnerismo. No usan la imagen de salida del infierno y a las puertas del purgatorio porque la había empleado Néstor Kirchner en 2005. Acuden a la “pesada herencia” pues no tienen que pagar el copyright porque es una expresión casi universal cuando a uno le dejan un perno difícil de extraer. Ese no fue el caso del país en marcha y con una economía relativamente sólida, aún con serios problemas, en diciembre de 2015.
No hay una coincidencia total en las filas oficialistas. Este fin de semana Mauricio Macri y Marcos Peña organizaron un retiro, de debate y reflexión. Es una manera indirecta de refutar los cantos al optimismo que ellos entonan de cara a las cámaras. Un retiro de dos días revela cosas que no funcionan bien, para decirlo con suavidad.
Buena parte de la población tiene parámetros de que la economía le resulta muy adversa en lo que va de esta gestión. Ironizando y revolviendo la herida, diputados kirchneristas prepararon un proyecto para declarar el 15 de noviembre como “Día de la mentira”. Citaban que ese día del año pasado Macri aseguró en el debate presidencial que Daniel Scioli estaba faltando a la verdad. No voy a devaluar, no voy a despedir, no voy a ajustar, no voy a quitar conquistas, etc, dijo el hombre del PRO-Cambiemos. Después de ganar actuó en forma opuesta a esas promesas sintetizadas en “pobreza cero”, colocada bien abajo en el arcón de los recuerdos.
Que la percepción es otra a nivel popular, se volvió a expresar el viernes 18 en la movilización y acto en la plaza del Congreso, con 200.000 personas. Fue convocada por Ctep, CCC y Barrios de Pie, además de la CGT del triunvirato y gremios de la Corriente Federal. El objetivo era respaldar el proyecto de ley que tuvo en la semana el respaldo de 45 senadores y sólo 13 votos en contra, requiriendo al Estado el aumento en las asignaciones familiares, el pago de un salario social complementario y la creación de un millón de puestos de trabajo.
Un ancho frente respaldó ese proyecto en la calle, amenazando con amargarle el fin de año a MM. El presidente tiene un sólo argumento para oponerse al proyecto: su alto costo fiscal, que estima en 50.000 millones de pesos. Y para postergar el tema quiere que Federico Pinedo lo ponga a dormir unos cuantos días en la Cámara Alta, para impedir su tratamiento en Diputados dentro de las sesiones ordinarias. Y de última, si todo eso fracasa, el oficialismo está dispuesto a pagar el costo político del veto presidencial, aunque puede salirle mucho más caro que con la ley antidespidos.

Abajo, al medio y arriba
Los discursos del viernes fueron muy críticos de lo actuado por el gobierno en la esfera económico-social. Y las advertencias de un fin de año bien agitado quedaron hechas por los oradores sindicales y sociales, como para que el gobierno sopese bien las consecuencias que puede tener el veto de ese proyecto social.
Un periodista y un medio insospechados de simpatías con el gobierno anterior, como Ismael Bermúdez y Clarín, publicaron que en lo que va del año hubo 127.595 puestos de trabajo menos. Se basan en los datos de la seguridad social, con la advertencia que en aquella cifra no entran los correspondientes a la provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe porque sus cajas de jubilaciones no están integradas a la Nación.
Sin datos de las tres provincias más importantes, la cifra arrojada por Bermúdez se queda corta respecto a la cantidad real de puestos de trabajo eliminados por el macrismo.
Si ese enfoque ayuda a comprender cómo pasan sus días los argentinos de a pie, otros datos provenientes de la cúpula industrial, en la vértice de la pirámide capitalista, son complementarios. Y se trata de grandes empresarios que apoyaron a MM, luego renovaron su compromiso cuando aquél empezó a gobernar y lo mantienen hasta hoy. A despecho de ese apoyo “militante”, los popes empresarios no se llaman a engaño, aunque engañen bastante adentro y afuera de sus fábricas al personal y demás argentinos.
La semana próxima se hará la 22° Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina, presidida por Adrián Kaufmann, de Arcor, quien declaró que las cosas económicas andan peor de lo que pensaba a comienzos de año, cuando estimaba que la caída de la industria sería en 2016 del 3,5 por ciento. Ahora cree que será del 4,5 y que hay 50.000 empleos menos en la industria, con un 40 por ciento de capacidad ociosa en la mayoría de los sectores productivos.
¿Será una crítica altamente politizada e inspirada por la ex presidenta? En absoluto. Son voces que surgen del gran capital nacional e internacional agrupado en la UIA, integrante del “Grupo de los 6” que tanto fogoneó la caída del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de las grandes fortunas que amasaron en esos años.
Entre la base más humilde de la población, asistente al acto del Congreso, y las minorías enriquecidas de la UIA, que van a la 22° Conferencia, hay capas medias que vienen en descenso de sus ingresos, consumo y posibilidades. El ajuste también muerde sus carnes, que se creían a salvo, y se mete en sus hogares, que pensaban blindados.
Aunque el presidente y los suyos se encierren a reflexionar un par de meses, difícilmente le encontrarán la vuelta al asunto. Ellos son el gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Tendrían que negarse a sí mismos para hallar una solución. Imposible. “Gardel va a cantar con los Beatles en la Plaza de Mayo”, canta Callejeros en ese tema, Imposible. En una canción, puede ser. En esta realidad política, no.

Trump en Argentina
De acá al 20 de enero, cuando Donald Trump asuma el Ejecutivo norteamericano, se seguirá especulando en Argentina, la región y el mundo sobre qué consecuencias traerá ese cambio en el timón del imperio.
Aunque hay bastante polémica, en ambientes empresariales se coincide en que será negativo para los planes del gobierno por la previsible suba de tasas de interés de la nueva administración. Será una forma de atraer más capitales del mundo, aspirándolos hacia EE UU, cuando Macri creyó en su llegada acá en forma de copiosa lluvia de inversiones. Y endeudarse, emitiendo nuevos títulos, como piensa Alfonso Prat-Gay, también será más costoso.
Muchos círculos locales discuten a Trump como algo lejano y ajeno, incluso para sus críticos que pueden creer, aliviados, que aquel es un grave problema para los mexicanos indocumentados en EE UU.
No es así. Trump no está tan lejos de Buenos Aires y no sólo porque tiene hay proyectos para construir aquí sus famosas Torres. Con el oportunismo habitual, varios popes de la Cámara de la Construcción y del Consejo Internacional del Comercio y la Producción (Cicyp) -que organizó una cena de empresarios y charla con Jorge Lanata a 2.600 pesos el cubierto- que deben estar haciendo lobby para asociarse con el magnate en algún emprendimiento. Imitarán el fallido intento de Franco y Mauricio Macri en los ’80 en Nueva York, ahora en el río de la Plata.
Algunas de las ideas de Trump ya estaban acá, vigentes, en eso de deportar a los extranjeros, acusados de narcotraficantes y delincuentes, senador Miguel A. Pichetto dixit.
¿Acaso detrás de la detención de Milagro Sala no hay una ofensiva de las elites blancas y ricas demonizando a la gente humilde, coya, mujer y antes llamada “cabecitas negras”? Cómo será de fuerte ese desprecio y odio de clase que hasta ahora el gobierno nacional viene ignorando el dictamen del Comité de Detenciones Arbitrarias de la ONU que reclamó la libertad de la dirigente jujeña. Ni siquiera al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, de visita a Buenos Aires, le llevaron el apunte en sus módicas gestiones por la detenida.
Otro caso de xenofobia, mezclada con los intereses de terratenientes, sojeros y mineros, es el diario “La Nación”, al que el cronista llama “Gaceta Ganadera”.
En un editorial del miércoles 16 criticó la ocupación de un campo de explotación forestal y ganadera en Salta. Cuestionó a los intrusos de un modo xenófobo: “los ocupantes han invocado absurdos títulos inmemoriales de pueblos aborígenes, condición que, en el mejor de los casos, está cuestionada por los actuales propietarios: aducen que no se trata sólo de wichis, sino también de miembros de una comunidad conocida como Wellayec, asentada en territorio boliviano”.
El vocero de la Sociedad Rural no se limitó a Salta, agregando: “Es de sobra conocida la invocación de títulos supuestamente ancestrales, sobre todo en el sur patagónico, para apoderarse de lo que otros tienen bajo dominio legal argentino: allí hay decenas de campos usurpados en nombre de supuestos derechos mapuches, de tanta fragilidad de base como lo documentan los historiadores que se han referido al ingreso subrepticio de aborígenes chilenos en nuestra Patagonia en el siglo XIX”.
Trump diría que hay que deportar a los wichís, comunidad wellayec y mapuches, los invasores bolivianos y chilenos. Los ruralistas y la derecha local votarían con las dos manos por el magnate racista.

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