El relato macrista en crisis terminal

LA SEMANA PAMPEANA

I – En la semana los pampeanos tuvimos la posibilidad de medir con exactitud la magnitud de la crisis institucional en la que se halla sumida la república federal, esa forma de gobierno que adoptamos hace siglo y medio y que, además de la división de poderes, establece también la división del país en estados federados y regula sus relaciones. Si el funcionamiento de nuestra república se hiciera bajo el manto de la Constitución y las leyes y las autoridades nacionales se avinieran a cumplir el contrato federativo, La Pampa no tendría necesidad de recurrir a la justicia con la asiduidad con que, éste y los anteriores gobiernos nacionales, la han obligado.

II – El juicio por la retención indebida de la coparticipación, el iniciado por el robo del río Atuel, el que se vio obligada a iniciar por el incumplimiento de la creación del comité de cuenca del Desaguadero, son ejemplos que desnudan esa crisis. En la semana dos de esos juicios fueron noticia: el aval de la Corte Suprema para que la provincia inicie una demanda para la constitución del comité de cuenca y la desobediencia de las autoridades nacionales al fallo que las obliga a pagarle a La Pampa la deuda generada por años de restarle 1,9% a la coparticipación.

III – En ambos casos, la flagrancia en que incurren los funcionarios debería dar lugar a denuncias penales por incumplimiento de los deberes. Pero en política, con indeseada frecuencia, el delito suele ser camuflado de gestión. Luego de meses de infructuosas reuniones ordenadas por la Corte, la Nación dejó en claro que no tenía intenciones de pagar la deuda de 2.000 millones y desafió a La Pampa a iniciar un juicio ejecutivo, conscientes que los plazos judiciales llevarán la segura sentencia de pago al próximo gobierno. Quienes así se comportan, con una mezcla de irresponsabilidad y cinismo, son los que han estado meneando, como causa de su fracaso, la “herencia recibida” pero no tienen empacho en añadir a la deuda externa monstruosa que han tomado, otra deuda interna igual o peor de monstruosa.

IV – La coartada nacional para zafar de pagar la deuda fue lo que hoy es casi un clásico de las mentiras macristas: prometer obras. La Pampa fue testigo de la primera de esas mentiras a escala nacional que el presidente hizo en Ingeniero Luiggi cuando anunció la construcción de 3.000 jardines de infantes. Luego se sucedieron las promesas de reparar las rutas nacionales, de hacer los alteos cuando las inundaciones cortaron esa vía de comunicación central para el país y se han repetido en casi todos los pueblos y ciudades de la provincia con promesas de obras y fondos para hacerlas que nunca llegaron.

V – Por eso no sorprendió la respuesta que uno de los funcionarios macristas en La Pampa que con más crudeza suele expresar la línea política de la derecha lugareña asociada hoy al radicalismo, le dio a los despedidos de Calzar. El hombre, encargado nada menos que del área de Trabajo del gobierno nacional en la Patagonia, les dijo que se fueran de la provincia a trabajar al petróleo. Justamente, los opositores locales que han hecho una de sus banderas la crítica a los gobiernos peronistas por fomentar el éxodo de pampeanos por cuestiones laborales, les recomiendan que, ante los coletazos de la política económica macrista se vayan a trabajar a otro lado. El silencio que los socios de este genuino representante del conservadurismo local hicieron ante su dislate político, marcó con claridad el impacto que les causó. ¿Con qué cara se subirán ahora a una tribuna los radicales y sus socios del Pro en la iniciada campaña electoral para prometer una provincia inclusiva que frene el éxodo si dentro de sus filas se lo está fomentando?

VI – La misma contradicción enfrentó en estos días el intendente santarroseño que salió a cazar fantasmas ante el paro que dejó sin transporte a la ciudad. Lejos de apuntarle a sus jefes políticos nacionales que eliminaron los subsidios que han puesto en crisis el sistema de transporte urbano, salió a denunciar una fantasmagórica asociación que solo parece existir en su incapacidad para ver o sincerar lo que realmente está pasando. La misma negación parece afectar a su hermano que, ante las advertencias de fraude por el decreto macrista que quiere eliminar telegramas y firmas de fiscales del conteo de votos en la próxima elección, salió a “matar al mensajero”. Lejos de asumir que la maniobra electoral disminuye la capacidad de control democrático de la elección, dijo que decirlo “le hace mal a la democracia”. (LVS)