El Salado y una palabra clave

La relevancia de las últimas gestiones políticas vinculadas al río Atuel dejó en un segundo plano a un acontecimiento significativo. Se trata del documento que la semana pasada firmaron ocho provincias y la Nación “para avanzar en el uso conjunto y consensuado de la cuenca del río Desaguadero”.
El paso no ha sido menor, especialmente si se considera que la importancia de esta enorme cuenca -la mayor de las íntegramente desarrolladas en territorio nacional- es tan grande como la desatención y olvido que sufrió hasta la actualidad por parte de las autoridades federales y provinciales. Con justicia puede decirse que únicamente La Pampa tuvo continuidad en sus reclamos por esta cuenca en cuyo favor casi siempre predicó en el desierto.
En verdad, habría que morigerar las expectativas en esta tardía reunión interestadual ya que, con cierta vaguedad, se decidió la creación de una “comisión de seguimiento” encargada de “evitar efectos negativos y profundizar el conocimiento de la región”, objetivos que suenan un tanto modestos y con mucho retraso si se considera que estamos hablando de una cuenca tan grande como Italia y de cuyo aprovechamiento múltiple ya se hablaba hace dos siglos. Por aquellos tiempos se consideraba que este gran río de alrededor de mil kilómetros de longitud y con un caudal medio que originalmente casi duplicaba el del Colorado, al que tributaba, llegó a pensarse como una vía de transporte para atravesar la llamada diagonal árida del país.
Esa confluencia con el Colorado plantea una cuestión semántica que repercute directamente en lo político; la comisión conformada en la reunión decidió adoptar formalmente el nombre de Comisión de Seguimiento del Sistema del Desaguadero, evitando el nombre “cuenca” a pedido del delegado mendocino quien alegó “las implicancias legales” de ese término. No parece un buen comienzo para un grupo que se propone “profundizar el conocimiento” del área, especialmente porque ese pedido llegó de un Estado provincial que hasta hace muy pocos años negaba al Desaguadero-Salado-Chadileuvú la condición de río, designándolo como mero “zanjón de desagüe”, tal como se puede comprobar en documentos y declaraciones.
Sin embargo, la cuestión del nombre técnico, curiosamente, ofrece otra consideración; el conjunto de ríos y humedales que forman el recurso figuraba en los registros de aforos de los organismos hídricos nacionales como “Sistema del río Colorado”, reconociendo a este último como el recolector final de todos los cursos. El diccionario de la Lengua define a la palabra sistema como el “conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto”. La expresión parece adaptarse bien a la esencia de los cursos considerados y sus relaciones, por lo tanto no son del todo claras las alteraciones y cambios en la denominación.
Se puede pensar que este análisis es excesivamente meticuloso y se detiene a hilar demasiado fino en el terreno de la semántica. Sin embargo hay que considerar que toda prevención es poca a la hora de hablar de una unidad geográfica que fue marginada durante mucho tiempo y sobre la cual confrontan muchos intereses.