El senador y el avance de la mujer

La renuncia del senador Juan Carlos Marino a una nueva designación a la vicepresidencia primera del Senado de la Nación es consecuencia directa de los avances de la mujer en la sociedad y en la política. No es un cargo menor -el tercero en la sucesión presidencial- lo que habla de la fuerza que ha adquirido la movilización y la generación de conciencia de género al punto de que atraviesa transversalmente a todos los partidos políticos.
Es evidente que el legislador pampeano ni siquiera dudó acerca de su decisión. Apenas horas después de que su comprovinciana Norma Durango avisara de que una nueva designación no contaría con el visto bueno de muchas senadoras y senadores en el recinto, declinó la nominación que se daba por descontada pues hasta ese momento mantenía -al menos en superficie- el respaldo del oficialismo y sus aliados.
Esta es la segunda consecuencia política que provocó la acusación por acoso sexual contra el senador lanzada por una empleada del bloque radical. La primera fue -apenas hecha pública aquella imputación- la renuncia del legislador a su precandidatura a gobernador de La Pampa. En aquel momento no faltaron acusaciones cruzadas entre radicales y macristas, los socios principales de la alianza Cambiemos, pues desde el entorno del senador se aseguró que la denuncia, y el momento en que fue realizada, nació al calor de la interna en la coalición y habría sido fogoneada desde las filas del PRO.
El riglense negó siempre la imputación y, al tiempo que se ponía a disposición de la investigación judicial, alegó su inocencia. Ahora volvió a defenderse con el mismo argumento. Sin embargo, en ambos casos optó por autoexcluirse de las nominaciones. Es que el peso de una denuncia de este tenor no es menor en los tiempos que corren. Y si bien nadie puede ser considerado culpable hasta que se conozca la sentencia de un juez, la sociedad está muy sensibilizada por la gran proliferación de denuncias por violencia de género.
A fines del año pasado hubo un momento bisagra a partir de la resonante denuncia pública de violación que formuló la actriz Thelma Fardín contra el actor Juan Darthés y que contó con el sólido respaldo del Colectivo de Actrices Argentinas. Desde ese momento un aluvión de mujeres se atrevieron a contar en voz alta los abusos padecidos que habían soportado en silencio. En ese marco fue que Marino recibió la denuncia que hoy sigue costándole muy caro a su carrera política.
El pampeano no carece de respaldo político, es uno de los senadores más antiguos y ha cimentado con su larga trayectoria sólidas relaciones en lo más alto de la estructura gubernamental del país. Aún así, resulta evidente que no desea exponer su figura como centro de un debate en el recinto en un tema sobre el cual las lealtades partidarias no están garantizadas pues, como se dijo, la cuestión de género parece no reconocer las fronteras de las identidades políticas.
Este nuevo paso al costado de una figura de tanto peso en la Cámara Alta viene a confirmar la potencia que ha adquirido en la sociedad argentina el reclamo de las mujeres en defensa de sus derechos.