miércoles, 19 febrero 2020
Inicio Opinion El señor juez

El señor juez

La muerte del juez Claudio Bonadio no sorprendió pues ya era conocida su enfermedad. Las condolencias que expresaron sus colegas fue parca y distante, sin las fórmulas habituales que destacan el pundonor o los méritos del fallecido.
Es que Bonadío fue un experto en adaptarse a los cambios políticos, en duplicar causas y en trabajar en alianza con espías y periodistas. Practicó el lawfare con más energía que nadie y se las arregló para quedarse con 9 de las 10 causas iniciadas durante el macrismo contra Cristina Kirchner desnudando un sistema de sorteo venal.
Un conocido fiscal lo calificó de «arbitrario», pero quizás se quedó corto. Era hombre de portar armas y así fue como mató a dos jóvenes asaltantes, a uno de ellos por la espalda. En la causa fue, obviamente, sobreseído.
Fue el juez que impidió a Héctor Timerman salir del país para tratar la enfermedad que lo llevó a la muerte. Los grandes medios porteños lo mimaron porque fue el vengador que tanto esperaban, el que más se ensañó contra el aborrecido kirchnerismo. En cambio se apuró en sobreseer sin indagarlos a Horacio Rodríguez Larreta y Guillermo Dietrich cuando fueron denunciados por irregularidades en la licitación del Paseo del Bajo.
En los noventa había sido uno de los jueces de la servilleta de Corach, y unos años después sería apartado de la investigación del encubrimiento de la AMIA por cajonear cinco años la causa.
Representó como nadie al magistrado seducido por el poder, y lo ejerció sin frenos inhibitorios bajo la mirada embelesada del macrismo y el «periodismo de guerra» cuando su cruzada contra CFK arrasaba con el estado de derecho.
En Comodoro Py su despacho era conocido como «la embajada» porque entre esas paredes no mandaban las leyes argentinas sino la voluntad del juez. Fue el magistrado que acumuló, por lejos, más pedidos de sanciones en el Consejo de la Magistratura. En la reforma judicial que todos aguardan el modelo de juez que encarnó Bonadío no debería tener lugar.

Un incomprendido
El ejercicio del periodismo suele tener sus dificultades. Algunas veces la noticia más tentadora debe ser descartada por carecer de fuentes que la respalden. Y eso ocurrió tres años atrás cuando se difundió la información de un llamado urgente y del máximo nivel desde la China de Xi Jinping a su embajador en Argentina. Por lo que se filtró a la prensa la llamada obedecía al interés en patentar y desarrollar un invento argentino apetecido por los orientales: nada menos que la construcción en tiempo record de 3.000 jardines de infantes como una forma de ejercer la justicia social, según las palabras del entonces presidente Macri.
Quizás a causa de las «tormentas» que padeció Argentina, se sabe que el número de jardines construidos es menos que ínfimo: una decena a lo sumo. Los chinos, con su proverbial sentido práctico, al parecer tomaron la idea en sus partes esenciales y, dada la grave situación sanitaria que atraviesan, la aplicaron a la construcción de dos grandes hospitales en… diez días. Lo que viene a corroborar que, como dijo el expresidente argentino, sus ideas no fueron correctamente interpretadas y ejecutadas por los niveles inferiores a su jerarquía.