El trabajador como un número

En nuestra provincia no se recuerda un despido masivo de la magnitud del que acaba de producirse en la empresa Alpargatas y que dejó en la calle a 73 trabajadores de un plumazo. Para la situación social de la provincia es un golpe muy fuerte. También para el gobierno pampeano que viene, a través del impulso de emprendimientos laborales, procurando sostener el tejido social sin apelar al tradicional recurso del justicialismo que hoy se encuentra agotado: el ingreso de nuevos empleados en el Estado.
El subsecretario de Trabajo provincial lo dijo sin vueltas al señalar que la administración pública no puede absorber estos despedidos, una alternativa que en otras épocas estaba siempre a mano. Otra “mala noticia” dio el funcionario: el Ministerio de Trabajo de Nación no atiende el teléfono cuando se lo llama por este y otros temas de su estricta incumbencia. En verdad, a esta altura eso ya no debería sorprender a nadie pues es bien sabido que el gobierno nacional se desentiende de los “daños colaterales” de sus misiles económicos. El aumento de la desocupación no es un problema que desvele a los Ceos del macrismo, se ve claramente cuando festejan el aumento de los monotributistas a expensas del derrumbe del empleo de calidad registrado
En la misma línea se encuentra la denuncia que acaba de formular la ministra de Desarrollo Social pampeana: hace dos años que Nación interrumpió la entrega de pensiones por discapacidad en nuestra provincia en lo que consideró una “retirada” del Estado. Y en este caso, al igual que el anterior, los reclamos a los organismos nacionales no son escuchados o caen en saco roto.
En verdad, los pampeanos -tanto las autoridades como los ciudadanos- ya se han acostumbrado a que no lleguen buenas noticias desde la Capital Federal. Este brutal despido en masa que hoy sacudió a los santarroseños debe cargarse también en el debe del gobierno central, pues la empresa alegó, a la hora de comunicar los despidos, dos problemas que dependen exclusivamente de políticas económicas nacionales: la apertura total de las importaciones y la abrupta caída del mercado interno.
Es que el trabajo no figura entre las prioridades del gobierno nacional, no es un tema que desvele a un macrismo mucho más interesado en asegurar una altísima rentabilidad a las grandes empresas, favorecer la reducción de su carga tributaria o estimular la bicicleta financiera para asegurar enormes ganancias a los bancos y otros poderosos jugadores de esos negocios especulativos.
Desde el sindicato que nuclea a los textiles plantearon el pesar que provoca este maltrato a los asalariados, producto de una ideología que considera al trabajo como una mercancía antes que un derecho, y a las personas que viven de él como un número más en una planilla. Cada trabajador que pierde su empleo es una familia más que cae en la pobreza, una frustración para quien aspira a vivir decentemente de su esfuerzo y una caída en la incertidumbre y el abatimiento ante la negra perspectiva de padeceres que se ciernen sobre el hogar.
La falta de sensibilidad del gobierno nacional ante este drama que hoy afecta a tantos argentinos define a la perfección su ideología y pertenencia de clase.