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¿El trabajo entre las causas perdidas?

LAS INCOGNITAS FRENTE AL IMPACTO DE LA PANDEMIA

La pandemia encierra una paradoja para el mundo del trabajo. Por un lado lo ha desestructurado más de lo que estaba, pero por otro ha ratificado su centralidad en la sociedad del capital. Hoy es campo de disputas.
EDUARDO LUCITA
La reacción del mundo frente a la expansión de un virus pandémico, del que no se conocía su trazabilidad, tampoco su tratamiento, no fue otra que las cuarentenas extendidas, que luego el FMI redefiniría como confinamiento. El impacto en la economía fue de tal magnitud que se paralizaron la mayoría de las actividades, solo quedaron en pie las consideradas esenciales.
Las respuestas de los gobiernos se han orientado, en distintas proporciones y magnitudes, a tratar de controlar la pandemia, a minimizar el costo social y a frenar las quiebras empresarias a costa de una fuerte expansión monetaria, de un incremento sustancial del déficit fiscal y un mayor endeudamiento, en un mundo ya de por sí muy endeudado. Nuestro país ha seguido estas orientaciones. El IFE (Ingreso Familiar de emergencia) la ATP (Ayudas al Trabajo y la Producción), prohibición de despidos y suspensiones, duplicación de la indemnización por despidos, créditos a tasa cero, moratoria… todo solventado con emisión.

¿Quién necesita a quién?
El parate de la economía global fue en realidad una crisis de oferta -que luego se hizo de demanda y potencialmente financiera- no solo porque los negocios estaban cerrados sino porque no había producción ni circulación de mercancías, ni prestación de servicios, porque los trabajadores estaban confinados. Quedó así en evidencia lo que tanto han negado: que el capital depende del trabajo (la pandemia lo demostró a escala mundial). Esta es la razón de por qué el empresariado ha presionado permanentemente para volver al trabajo, sin importarle los riesgos que sus trabajadores podrían correr.
Por el contrario, el trabajo sí puede prescindir del capital (nuestras empresas recuperadas por las gestión obrera dan prueba de ello). Y los que nos responden que en realidad en las recuperadas los trabajadores lo que han hecho es solo recuperar la gestión porque el capital ya estaba, conviene recordarles que el capital no es más que trabajo acumulado.

Disputas en las alturas.
La pandemia implica un retroceso global en muchos órdenes de la vida que aún no ha sido dimensionado, al mismo tiempo que ha permitido un fuerte avance de las derechas políticas y de los colectivos anticuarentena, antivacunas y antiderechos en todo el mundo.
Aquí no hemos escapado a estas tendencias. En este contexto el trabajo se ha convertido en un campo de disputa entre una derecha promercado, al servicio del gran empresariado, y un gobierno que busca arbitrar en las relaciones capital-trabajo por medio de regulaciones, que chocan con el capital más concentrado. En esta disputa se escucha poco y nada la voz de los trabajadores -las centrales sindicales están totalmente subordinadas al poder político de turno- sin embargo estos no solo arriesgan sus vidas en la pandemia sino que sus salarios se deprecian mientras crecen los despidos y las suspensiones y crece la precarización.

Estado de situación.
El investigador de la UBA, Javier Lindenboin, da cuenta que en los primeros cinco años de la última década el empleo se sostuvo por el sector público, mientras que en la segunda mitad lo hizo por el empleo no asalariado, mientras que la creación de empleo privado registrado está prácticamente estancada. Así la calidad del los puestos de trabajo se deterioró.
En tanto que un reciente informe del Ministerio de Trabajo nos dice que entre abril del presente año y el mismo mes del 2018 se perdieron 563 mil puestos de trabajo registrados (de estos 317.900 se perdieron entre marzo y abril de este año). La baja fue generalizada en todos los modos de empleo, asalariados privados, monotributistas, autónomos, casa particulares, con excepción del sector público. En esos dos años la AFIP tiene registradas 41.950 empresas menos.
Esta es la situación de los trabajadores registrados o formales, mientras que en la informalidad, se estima revisten unos 6,5 millones de trabajadores. El impacto de la pandemia tiene que haber sido mayor en este sector por la precariedad en que trabajan (no hay prohibición de suspensiones ni despidos, no rige el procedimiento de crisis ni la doble indemnización). Distintos analistas estiman que al final de este proceso los puestos de trabajo perdidos alcanzarán al millón.

También los salarios.
El cambio en la composición del empleo tiene también su correlato en una caída en las remuneraciones. A esto debe agregarse que a fines del 2019 los salarios privados habían perdido un 15 por ciento de su capacidad adquisitiva y que esta pérdida ascendía al 20 por ciento en el sector público y los trabajadores informales. En los primeros meses de este año la caída en el poder adquisitivo de los salarios es en promedio del orden del 9 por ciento. A la fecha, de los pocos acuerdos salariales firmados ninguno supera el 30 por ciento de aumento y una gran mayoría de trabajadores (públicos y privados) siguen cobrando los sueldos del 2019.

Disputar la salida.
Nuestro país completará este año su tercer período recesivo consecutivo, con una caída en el PBI estimada en el 10 por ciento, la desocupación treparía al 15, la pobreza a más del 45 y el ingreso per cápita será como mucho igual al del 2010. Una nueva década perdida para los trabajadores y los sectores populares.
Todo indica que la recuperación de la economía será lenta y fragmentada. Lo que está en discusión es si la salida de la crisis es vía exportaciones, con un fuerte sesgo extractivista, que no garantiza una fuerte creación del empleo, tampoco mejora en los salarios, o es una salida que no rechaza las exportaciones pero pone el acento en el mercado interno y en la recuperación de la demanda. Para los trabajadores lo que está en juego son las condiciones en que reproducirán su vida y existencia.
Son imprescindibles políticas activas para crear empleo, recuperación del salario y establecer un piso de ingresos para los trabajadores que están en la informalidad. Caso contrario el callejón de las causas perdidas será una realidad para el mundo del trabajo.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).