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El trumpismo y sus tácticas

ANTE EL DESPIDO DEL ASESOR DE SEGURIDAD DE EE.UU.

Suele decirse que la política internacional de Donald Trump es errática, sin embargo mantiene un hilo conductor que siempre está presente: Primero (Norte)América.
EDUARDO LUCITA*
Presionado por la campaña electoral en la que aspira a su reelección y un horizonte de crisis mundial que afectará a su propia economía Donald Trump ha iniciado un cambio táctico en su posicionamiento geopolítico.
Suele decirse que la política internacional que ha desenvuelto Donald Trump desde que asumiera la presidencia de los EE.UU. es muy errática, impredecible y con resultados muy inciertos. Se inscriben en esta política la forzada renegociación del Nafta con sus aliados México y Canadá; la salida de EE.UU. de los acuerdos multilaterales de libre comercio negociados por la administración Obama; la retirada del Acuerdo de París por el Cambio Climático y del Acuerdo Nuclear con Irán y las críticas a la OMC. Y sobre todo la ofensiva comercial sobre China y su disputa por el control de los avances tecnológicos.
Desde esta misma columna alguna vez hemos caracterizado esta política como impredecible, sin embargo por debajo de ella subyace un hilo conductor que fue enunciado desde el mismo momento en que se presentó como candidato: American First fue su lema. Primero América es el objetivo estratégico que guía sus movimientos tácticos.

La salida de Bolton.
Uno de esos movimientos tácticos a que nos está acostumbrando Donald Trump es el despido del asesor de Seguridad Nacional -el tercero en su gestión- John Bolton, un halcón mayor entre los halcones. Lo que catalizó el giro fue el empantanamiento de las negociaciones con los talibanes para lograr un acuerdo de paz que le permitiera al presidente de EE.UU. retirar las tropas de Afganistán sin que pareciera una derrota. Pero también está el fracaso de la ofensiva sobre Venezuela; Bolton prometió una suerte de insurrección opositora y que Maduro se retiraría rápido, y nada de eso sucedió. Además conformó un núcleo duro que se oponía a toda negociación con China, que no estuviera precedida de fuertes concesiones por Pekín.
En paralelo con este despido se conoció, vía un diario israelí, que ya estarían prácticamente avanzadas las negociaciones -incluirían como paso previo el levantamiento de algunas sanciones a Irán- para una reunión entre Trump y el presidente Hassan Rohani. El ataque con drones a las refinerías de Arabia Saudita ha puesto esta posibilidad entre paréntesis.

«¿Pacifista?»
Es un hecho notable: Trump amenaza permanentemente con su poderío militar, pero no es adicto a las guerras ni a los bombardeos, los considera un costo innecesario, tanto en moneda como en vidas. Suele decirse que ningún presidente de EE.UU. se siente tal hasta que no ha lanzado algún bombardeo de magnitud. Bueno, Donald Trump no cumple con este axioma, al menos hasta ahora. Esta es la base de sus desencuentros con John Bolton, comparten los objetivos estratégicos -provocar cambios de régimen en Venezuela, en Irán, en Siria, en Yemen, en Corea del Norte- pero discrepan en el momento oportuno y los métodos. Si el ahora exasesor privilegiaba la solución militar como norma, el presidente prefiere las negociaciones y las presiones intensas (comerciales y diplomáticas).
Todo indica que Trump está intentando flexibilizar su política exterior. Este giro está provocado porque necesita mostrar resultados cuando ya comienza la campaña electoral en la que busca su segundo mandato pero también porque en el horizonte se agita una nueva crisis económica mundial que puede impactar en su propia economía.

Otra vez la crisis.
Desde esta columna hace ya algunos meses comentábamos, basados en informes internacionales, que la economía mundial se estaba desacelerando más rápido de lo previsto. Estas previsiones se han cumplido. China está creciendo a la tasa más baja en los últimos 30 años. Alemania está entrando en recesión técnica, la India ya lo está. La locomotora europea arrastra al conjunto de la Unión. En América latina Brasil, Venezuela, México y nuestro país tiran abajo la economía regional.
Algunos datos complementarios. Las 500 empresas más importantes (índice SP-500) muestran para el segundo trimestre de 2019 ganancias de solo 0,5 por ciento (descontadas por inflación serían negativas), para el tercer trimestre se esperan más bajas aún. Esto explica en parte porque el crecimiento de la inversión global se ha reducido al 1 por ciento anual. Si no hay ganancias no hay inversión.
En el mundo hay hoy 15 billones de bonos con rendimientos cero o negativos. Es un capital congelado que proyecta un crecimiento futuro muy débil. Frente a una eventual recesión, que algunos pronostican para 2020/21, los bancos centrales poco pueden hacer porque las tasas ya están muy bajas o negativas, los gobiernos tendrán dificultades para aumentar el gasto público ya de por sí muy elevado, y está el endeudamiento -estatal, privado, corporativo- que ya supera el 300 por ciento del PBI mundial.
Por el contrario la economía de EE.UU. crece a un ritmo del 2,5 por ciento anual, siendo el período de crecimiento más largo de su historia. Pero al mismo tiempo acumula indicadores que señalan la posibilidad de un recalentamiento, lo que llevaría a nuevos aumentos de la tasa de interés y a la apreciación del dólar lo que aumentaría el déficit comercial. Adicionalmente un dólar más fuerte atraería nuevos capitales de los países emergentes y reduciría el precio de los commodities, afectando especialmente a América Latina. Este ciclo histórico norteamericano estaría así llegando a su fin, con el agravante que una desaceleración en EE.UU. afectaría aún más al crecimiento global y su impacto podría ser mayor al de la anterior crisis financiera. El titular del Banco Mundial, David Malpass, acaba de señalar que «la desaceleración del crecimiento global es de base amplia».

Imagen en baja.
Se entiende así por qué el presidente Trump presiona a la Reserva Federal para que reduzca la tasa de referencia llevándola a cero y por qué intenta bajar las tensiones geopolíticas que su propia acción ha exacerbado. Justo cuando la campaña electoral está por comenzar su imagen se está deteriorando y su poder político se debilita. Necesita que la economía de su país mantenga su tasa de crecimiento y anotarse algún éxito real en política internacional.
Esto explica los movimientos tácticos a que recurre, sin abandonar sus objetivos estratégicos.

*Integrante del colectivo EDI. (Economistas de Izquierda).