El uso político de la “grieta”

El discurso del presidente de la Nación contra Cristina Fernández de Kirchner vino a ratificar que la utilización de la llamada “grieta” sigue vigente en el repertorio de recursos estratégicos del macrismo y está lejos de haber sido sepultada. A pesar de aquellas promesas de bregar “todos juntos” en favor del “consenso” para superar las “antinomias” que dividen a los argentinos, las huestes del macrismo, desde su propia cabeza, siguen apelando a su grito de guerra favorito, muy especialmente cuando las papas queman como ahora.
Lo que sí llamó la atención esta vez fue el nivel de belicosidad del jefe de gobierno que llegó al extremo de hablar de las “locuras” de la expresidenta en su arenga a los “senadores peronistas responsables” con el fin de hacerlos desistir de aprobar el proyecto que busca anular los últimos tarifazos.
A pocas horas de la sesión que tratará el tema en el Senado de la Nación, esta destemplada arremetida del presidente no alcanzó los objetivos de transmitir seguridad y aplomo. Por el contrario, si algo dejó al descubierto fue una indisimulada inquietud por tener que afrontar un veto en caso de que, finalmente, los bloques del panperonismo se aglutinen detrás de una única decisión de frenar los aumentos tarifarios tal como ocurrió en la Cámara de Diputados.
Las airadas respuestas que recibió el titular de la Casa Rosada por parte de varios senadores justicialistas hablan de que tampoco logró alinearlos en su objetivo de neutralizar la iniciativa. Varias voces -y no solo del kirchnerismo- cuestionaron tanto la forma como el fondo de la furiosa invectiva y algunas de ellas le recordaron que el proyecto no nació ni fue empujado por la expresidenta y hoy senadora. Esta, por su parte, replicó con una ironía al devolver la estocada; calificó al presidente como un “machirulo”, expresión que contiene una fuerte carga simbólica en el campo del discurso de género.
Hasta en cierto periodismo amigable con el macrismo se registraron gestos de preocupación por el exabrupto. Algunos se inquietaron por el “desgaste” de la figura del presidente en virtud de la estrategia comunicacional del jefe de Gabinete y el conocido consultor ecuatoriano. Otros se preguntaron quién cuida la imagen del jefe de gobierno en lo que consideran el momento de “mayor fragilidad” de su gestión.
Esta insistencia en exacerbar la “grieta” y en insistir con el ya gastado argumento de que “no hay otra alternativa” y que, por lo tanto, los tarifazos son inexorables dejan en evidencia un agudo proceso de desgaste del gobierno frente a las mayorías populares. Dos años y medio de aguantar medidas económicas que castigan muy duramente a cambio de promesas sobre un futuro venturoso que nunca llega terminaron por sembrar desilusión al por mayor, como lo reflejan con claridad las encuestas. Echarle la culpa de todos los males al kirchnerismo sirvió para ganar dos elecciones, pero no pudo evitar el creciente malestar social que desbordó en los últimos meses con los brutales tarifazos y el cepo a los salarios y las jubilaciones.
A la sociedad ya no le alcanza con el marketing y necesita hechos; como el macrismo no se los puede dar, le ofrece a cambio el espejismo de la “grieta”.