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El vino pampeano, un cambio alentador

En ocasiones el cambio de los tiempos, el advenimiento de nuevas circunstancias o, simplemente, lo inesperado suele advertirse en cosas sencillas, nada espectaculares pero a la vez significativas. La reflexión viene a cuento en virtud de que en estos festejos de fin de año, no son pocos los que se han propuesto visitar las vinerías locales en busca de algo con qué llenar las copas en el brindis tradicional. Si hay que festejar el fin del cuatrienio neoliberal y la llegada de un gobierno con mayor sensibilidad por las penurias de los sectores populares, que la bebida elegida esté a la altura de las renovadas expectativas.
Lo notable es que entre todas las ofertas de vinos (que posiblemente siga siendo la bebida más solicitada a pesar de las insistentes publicidades en favor de la cerveza) entre la tradicional oferta de los mostos de las regiones más reconocidas como Mendoza, San Juan o Salta y los más recientes de Río Negro y Neuquén -los llamados «vinos patagónicos»- están ganándose un lugar más que respetable los vinos pampeanos.
En el recuerdo de los más veteranos seguramente estará presente aquel ya lejano intento del Ente Provincial del Río Colorado que, por fuera del circuito comercial y como demostración de las posibilidades productivas de las áreas bajo riego del suroeste pampeano, ensayó un producto de calidad regular aunque simbólicamente importante. Aquella irrupción que entusiasmó a los pampeanos sensibles a la evolución de las nuevas opciones productivas no dejó de provocar sonrisas irónicas en las provincias de larga tradición vitivinícola que, con un dejo de autosuficiencia, parecían decirnos: «zapatero a tus zapatos».
Mucho tiempo pasó desde entonces, el desarrollo tecnológico favoreció el surgimiento de iniciativas más sólidas, varias empresas con experiencia en la actividad comenzaron a radicarse en nuestro territorio provincial, desde el Estado se amplió la superficie bajo riego con nuevos predios sistematizados y hasta comenzó a llevarse a cabo una actividad cultural y festiva vinculada al tema que ya va por la cuarta edición: la Fiesta del Vino Joven que tiene lugar en la Villa Turística Casa de Piedra.
Esos pasos vinculados al aspecto productivo tuvieron repercusión en el terreno comercial y así los vinos pampeanos, en los últimos años, comenzaron a ganar presencia en las góndolas con productos que fueron avanzando en calidad. Varias bodegas ya se están haciendo conocidas y no omiten la designación de origen con lo cual La Pampa ha comenzado a hacerse un lugar, todavía modesto pero con buenas perspectivas de evolución.
Este cambio tan alentador viene a ilustrarnos a los pampeanos acerca de la importancia que está cobrando la diversificación de la producción agrícola en áreas que durante mucho tiempo estuvieron olvidadas o menospreciadas por quienes vivimos en el este del secano. Si en verdad se quiere alcanzar niveles de desarrollo socioeconómico más elevados este es el camino a seguir. Hacia esta dirección deberá seguir apuntando el esfuerzo del Estado, el movimiento cooperativo y los privados.