Inicio Opinion El virus global

El virus global

I. El surgimiento y expansión fulminante del coronavirus, hasta ahora indetenible, ha dado lugar a las más variadas especulaciones. Están los que sostienen que se trata de la respuesta de una naturaleza superpoblada y agredida por el ser humano hasta quienes hablan de la resultante fallida de algún experimento no dado a conocer. Lo cierto es que el mundo se ha visto conmovido en sus raíces sociales y económicas por la aparición de este virus inesperado.
Un conocido sociólogo destacaba -prueba en mano- que hace algunos meses una de las universidades privadas de Estados Unidos (de las que pública o secretamente suelen trabajar para las fuerzas armadas de ese país) abrió una encuesta sobre actitudes y posturas individuales y colectivas para el caso de que apareciera una epidemia de alcance mundial. El documento es, cuanto menos, sugestivo ya que es sabido que la nación del norte ha utilizado la guerra bacteriológica en varias oportunidades. Cuba y Vietnam son ejemplos bien conocidos.
Esos antecedentes darían fundamento a la también sugestiva aparición de la enfermedad en China, una superpotencia que avanza hacia el liderazgo mundial en franca competencia con Estados Unidos, país que ha demostrado carecer de escrúpulos a la hora de imponer sus intereses geopolíticos como lo demuestran las dos bombas atómicas arrojadas sobre la población civil de Hiroshima y Nagasaki.

II. La agresión bacteriológica no es nueva en la historia de la humanidad, ni siquiera en la comparativamente breve historia nacional. En nuestro país, durante la llamada Conquista del Desierto, hay constancias de que fueron enviados a las tolderías indígenas individuos que estaban infectados de viruela, enfermedad que prendía fácil y fatalmente en los nativos americanos.
Pero más allá de su origen, es innegable que la epidemia de coronavirus ha cambiado en pocas semanas la economía del mundo. Hay quienes separan el hecho sanitario del económico, subrayando que este colapso era esperable, y hasta predecible, ante el accionar de un capitalismo financiero que ha demostrado no tener límites en su voracidad. El Covid-19 habría sido una suerte de corolario simultáneo, pero no el disparador principal. De uno u otro modo las cotizaciones en los principales mercados bursátiles, los que marcan el pulso económico del mundo, han tenido derrumbes nunca vistos en el precio de las acciones.
Por el momento el epicentro de la peste se ha trasladado desde China a Europa, muy especialmente a Italia y ahora a Francia y España, países donde se han paralizado prácticamente todas las actividades, con estrictas instrucciones a la población de no abandonar las viviendas salvo en situaciones extremas. En alguno de esos países la pandemia ha superado la capacidad sanitaria.

III. Consecuentes con la veloz expansión de la pandemia han aparecido medidas preventivas en todo el mundo, algunas nunca vistas en su conjunto como los cierres de las fronteras en época de paz, la suspensión de vuelos internacionales o las cuarentenas forzadas. En muchos lugares se ha hecho manifiesta en la población una inquietud muy cercana al pánico, circunstancia que, como es de imaginar, los gobiernos quieren evitar a toda costa.
Por estas horas, en plena crisis sanitaria donde los muertos se cuentan por miles y los contagiados por decenas de miles en todo el planeta, se pone a prueba como nunca antes la efectividad de los sistemas sanitarios y de las infraestructuras preventivas a gran escala. Algunas noticias alimentan la esperanza de la detección de un antivirus capaz de detener la pandemia, pero detrás de esa expectativa asoma también la posibilidad de que el afán de lucro imponga su ley. Mientras tanto las estrategias más positivas descansan en las medidas de carácter preventivo, cuya eficacia se evidencia en las estadísticas. La disparidad de resultados marca crudamente el desempeño de las políticas públicas de cada país.