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El voto de la mujer

LA DEMOCRACIA FEMINISTA

La larga marcha de las mujeres argentinas para conseguir la plenitud de sus derechos políticos fue jalonada por varias leyes, algunas de avanzada en todo el mundo.

VICTORIA SANTESTEBAN*

En clima de elecciones y a 74 años de la sanción de la ley de voto femenino en Argentina, hagamos un recorrido brevísimo sobre las leyes que dieron paso a la participación política de mujeres hasta alcanzar una realidad con presidentas y gobernadoras, diputadas y senadoras que nos ubica en el escaso grupo (6%) de países con mujeres jefas y subjefas de Estados.

Sufragistas.
Como sucedió en países europeos, el Partido Socialista en Argentina -creado en 1896- fue pionero en abogar por el voto de las mujeres. «A menudo se cruzaban la denominación de ‘socialista’ y ‘feminista’, y no pocas veces con propósito estigmatizante» cuenta Dora Barrancos en su trabajo «Participación política y luchas por el sufragio femenino en Argentina (1900-1947)». Entre las sufragistas argentinas, se destacan las médicas Cecilia Grierson y Elvira Rawson de Dellepiane, María Abella Ramírez una de las primeras periodistas en escribir publicaciones sobre feminismo en el país, la también médica Julieta Lanteri, la socialista Alicia Moreau, Carolina Muzzilli, Alfonsina Storni y Salvadora Medina Onrubia. En 1910, en el marco del Primer Congreso Femenino en Buenos Aires, la Liga Nacional de las Mujeres Librepensadoras exigió el derecho al sufragio frente a audiencias feministas que no terminaban de ponerse de acuerdo sobre la prioridad en agenda respecto de este derecho. Pero para la década de 1920, con la conquista del voto femenino en Inglaterra, su exigencia en Argentina adquirió consenso entre las feministas dando inicio a las primeras presentaciones de proyectos de ley.

Voto femenino.
En 1932, la Cámara de Diputados trata por primera vez el voto femenino y el divorcio vincular, derechos que obtuvieron media sanción en diputados pero que recién serían reconocidos en 1947 y ¡1987! respectivamente. Para las elecciones de 1946, casi todos los partidos habían incluido entre sus propuestas al compromiso asumido en el Acta de Chapultepec sobre voto femenino. Finalmente, el 9 de septiembre de 1947, durante la presidencia de Perón y con Evita como figura protagónica en la conquista del voto, el Congreso sanciona la ley 13.010. Habría que aguardar cuatro años para que las argentinas estrenaran urnas: el 11 de noviembre de 1951. Y si bien nuestro país no estuvo entre los de la región pioneros en derechos políticos de las mujeres, con el voto femenino se aceleró el proceso de participación femenina en la política a una velocidad y con una magnitud que no lograron igualar siquiera países europeos.

Cupos.
Aunque la representación política en Argentina en cabeza de mujeres superó -y supera- a la mayoría de los países a nivel mundial, fueron necesarias acciones afirmativas que exigieran cupos femeninos -y luego paridad- para paliar la disparidad de género en un ámbito todavía tan masculinizado. En 1991, el Congreso sanciona la ley 24.012 de cupo femenino que estatuye un piso del 30% de mujeres en las listas legislativas. En 2017, con la sanción de la ley 27.412 de paridad de género se establece que las listas a cargos electivos y partidarios deberán contar con el 50% de candidatas mujeres de forma intercalada y secuencial. Luego de la primera elección en el marco de esta ley, para el bienio 2019-2021 la Cámara de Diputados quedó conformada por un total de 106 mujeres -el 41,2% del total- y el Senado con 29 mujeres -el 40,3%-.

Violencia política.
Hacia fines de 2019, el Congreso sanciona la ley 27.533, modificatoria de la 26.485 de protección integral hacia las mujeres a fin de incorporar la violencia política como otro tipo de violencia de género, dirigido «a menoscabar, anular, impedir, obstaculizar o restringir la participación política de la mujer, vulnerando el derecho a una vida política libre de violencia y/o el derecho a participar en los asuntos públicos y políticos en condiciones de igualdad con los varones.» A su vez, la ley agrega como modalidad de violencia contra las mujeres a la violencia pública-política que impida o limite el desarrollo de la vida política o el acceso a derechos y deberes políticos.
Entre los trabajos preparatorios que dieron lugar a estas modificaciones, se ubica una encuesta realizada a políticas argentinas que señaló que el 83% de las encuestadas habían sufrido violencia política por razones de género. Y en cuanto a las situaciones de violencia destacadas, se ubicaron el acoso sexual y las descalificaciones por sus atributos físicos y vestimenta. El mandato de sobriedad masculinizante y pacatería para pretendidamente sonar más preparadas y calificadas para los cargos, es desafiado por quienes saben que no necesitan disfrazarse de varones para ejercer derechos políticos y la contrapartida a esa disrupción, es la violencia. Recordemos que hasta la mismísima expresidenta de la Nación, Cristina Fernández, era salvajemente escrutada por sus outfits, y que en oportunidad de dar un discurso en calzas, hubo un jurado de moda y protocolo que la defenestró; el mismo que critica la imagen de la actual ministra de salud, Carla Vizzoti y que se horroriza porque Victoria Tolosa Paz dijo «garchar» en el marco de una entrevista de lo más informal.
También son tristemente célebres las tapas de la revista Noticias ensañadas en cosificar a CFK y hacer dudar de su capacidad de mando por su condición de mujer. Es que para ese sector del mundo que todavía piensa en clave patriarcal, las mujeres sólo pueden ser elegidas en concursos de belleza -hegemónica-, por el voto de quienes inspeccionan al borde de la pasarela que se cumplan con esos cánones esclavizantes. La reina de la primavera y la reina del hogar son las únicas «dirigentes» de ese patriarcado en demolición al que todavía hay que hacer frente, con elecciones limpias, en una Argentina que hoy celebra 74 años del voto femenino y 38 de democracia ininterrumpida.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.