El voto electrónico está en retroceso en todo el mundo

UN PROYECTO ANACRONICO DEL GOBIERNO

Patricio Del Boca* – Los sistemas informáticos cien por ciento seguros no existen. La experiencia internacional indica que la inserción de computadoras para votar no es una buena práctica. Los países que las han usado, están volviendo al tradicional sistema de boleta única de papel,
El ministro del interior, Rogelio Frigerio, presiona en Diputados para que se apruebe el voto electrónico. Dice que el Ejecutivo necesita la reforma para que el sistema comience a funcionar en 2017. “Es un problema de timing”, asegura. Mientras tanto especialistas advierten sobre las falacias de este sistema que ya fue abandonado en gran parte del mundo y no garantiza ni el secreto del sufragio ni su control.
La experiencia cotidiana ha instalado en el sentido común que agregando tecnología se resuelven los problemas y, por ello, nos vemos tentados a hacer la misma analogía a la hora de votar. Sin embargo, el uso de métodos electrónicos en el sufragio, más allá del discurso simplista y marketinero, requiere de un análisis especial. Lo primero que hay que entender es que se trata de un sistema complejo, y que el debate de fondo es cultural y socialmente profundo. Te dijeron que el voto electrónico es moderno, rápido, transparente, más seguro y que termina con el clientelismo político. Te mintieron.

¿Es moderno?
Moderno, “que pertenece al presente, al tiempo actual”. Un arma de destrucción masiva también es moderna, sin embargo eso no la hace eficiente para resolver un problema. Pero más allá de confundir moderno con algo positivo, ¿es realmente el voto electrónico algo de este siglo? No. Estos métodos de votación son tan viejos como la computación misma y aunque llevan décadas investigándolos, sólo tres países en el mundo lo aplican al 100 por ciento: India, Brasil y Venezuela.
A contramano de lo que uno piensa, el siglo XXI viene acompañado de posiciones en contra del voto electrónico. En 2009 Alemania lo prohibió, en 2007 Holanda -que lo venía usando desde 1997- también lo dio de baja por razones de seguridad e Irlanda en el 2012. Inglaterra en el 2008, luego de más de treinta pruebas piloto, dio marcha atrás. Incluso países como Estados Unidos y Bélgica, que lo utilizan en menor escala, están cuestionando su seguridad e integridad. La bibliografía sobre el retroceso a nivel mundial del uso del voto electrónico es extensa. Este tipo de votación no es algo moderno y mucho menos una tendencia mundial. ¿Cómo vota el primer mundo? Con boleta única de papel. Entre los veinte países que lideran el ranking de desarrollo humano de la ONU, sólo Estados Unidos utiliza parcialmente alguna forma de voto electrónico.

Ansiedad.
El artículo número 37 de la Constitución Argentina habla de sufragio universal, igual, secreto y obligatorio, pero nada dice de la rapidez. La rapidez no es más que un requerimiento que deviene de la ansiedad por conocer los resultados, no es un imperativo constitucional. Introducir tecnología para añadir rapidez no se justifica si conlleva complejizar el sistema y poner en riesgo alguna de las características esenciales, como pueden ser el secreto del voto o la transparencia.

Transparencia en peligro
Los ciudadanos que carezcan de un conocimiento avanzado en diseño de sistemas y seguridad informática, serán incapaces de conocer cómo es que los resultados son contabilizados de forma correcta y enviados de forma segura para su recuento. Mucho menos podrán conocer si su derecho al voto secreto es garantizado. ¿Cómo puede un ciudadano asegurar que ningún experto en tecnología vulnera su derecho al secreto del voto? Un sistema debe ser entendido por todos los votantes, y es la principal razón por la cual Alemania lo prohibió. Citando el excelente artículo de Emiliano Kargieman: “la tecnología sobre la que se basa la democracia tiene que ser dominada por una amplia supermayoría de los ciudadanos, o siempre correremos el riesgo de que un puñado de gente engañe al resto para hacer su voluntad (…). El voto electrónico se sostiene sobre el fundamento infundado de que saber usar una computadora es lo mismo que dominar la tecnología de las computadoras. No lo es”.

Inseguridad.
Los sistemas informáticos 100 por ciento seguros no existen, tampoco existen los sistemas informáticos sin errores. Ninguna auditoría puede asegurar que un sistema electrónico está libre de errores, solo puede certificar que dado los tiempos y recursos invertidos en la misma, el software cumple con condiciones aceptables para su uso. A modo de ejemplo, la auditoría realizada sobre el sistema de la boleta única electrónica usada en la ciudad de Buenos Aires encontró problemas que fueron clasificados como “no críticos” y se determinó que los mismos no ponían en peligro el normal funcionamiento de las elecciones. Sin embargo, auditores independientes encontraron errores como el “multivoto” que no fueron detectados en la auditoría. La inspección realizada no fue suficiente, y aún así, el software se usó con grandes vulnerabilidades.

¿Fin del clientelismo?
El clientelismo político no es un problema que deviene de la forma en la cual votamos, es un problema de la política y la tecnología no puede y no va a solucionar los problemas de la política. Introducir tecnología en la emisión del voto no elimina el clientelismo político, sino que abre puertas a nuevas formas de, por ejemplo, comprar votos. En comisión de Diputados, se mostró una aplicación de celular para leer el chip del sistema BUE y saber a qué candidato se votó. Incluso este error fue detectado durante la auditoría y minimizado. En Holanda, se dio de baja el voto electrónico debido a la existencia de un aparato que podía leer a quién estaba votando una persona.
El análisis sobre el uso de tecnología en el acto electoral sigue y se complejiza cada vez más, tanto técnica como legalmente. Si algo tiene que quedar claro es que no se puede tomar a la ligera. La experiencia internacional indica que la inserción de computadoras a la hora de emitir el voto no es una buena práctica. Aquellos países que lo han usado, lentamente van volviendo al tradicional sistema de boleta única de papel, que soluciona gran parte de los problemas que tiene la boleta partidaria, sin introducir los riesgos de la tecnología. (Nuestras Voces).
*Ingeniero en sistemas de información, miembro de Open Data Córdoba.

Compartir