El año confirmó el apego a los libros

SEÑOR DIRECTOR:
Al ensayar el repaso del año en los aspectos que son de mi interés (y no son pocos) advierto que no ha decaído y probablemente se ha activado la presencia del libro y de otras formas de comunicar ideas o de proponer lecturas de lo real o de lo que puede imaginarse a partir de la atadura empírica que hace casi ilusorio el vuelo de la imaginación.
Para la gente que puebla o transita el mundo de las letras, el premio Nobel sigue estando en el lugar más alto. Este año lo ganó el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio. Los latinoamericanos, en especial Mario Vargas Llosa y el mexicano Fuentes, siguen siendo nombrados y auspiciados, pero la hora de esta región pasó para el comité Nobel. Contamos con nuestro equivalente iberoamericano, el Cervantes, que este año ha sido asignado a un frecuentador de los grandes premios: Juan Marsé, nacido en Barcelona, en 1933. Esta notable distinción fue puesta en marcha en 1976 y ya en 1979 fue asignada a un argentino, Jorge Luis Borges (junto con Gerardo Diego). Después la ganarían Ernesto Sabato (1984), Bioy Casares (1990) y Juan Gelman (2007). También hay otros americanos, entre ellos el uruguayo Onetti y el paraguayo Roa Bastos. El discurso de aceptación de Gelman es pieza sabrosona.
Marsé integra una generación notable, de la transición del franquismo a la democracia peninsular. Fue excluido por la censura y su novela Si te dicen que caí sólo pudo aparecer en México hasta la muerte de Franco. Se conoce lo que dijo el censor de esta novela: “Si quitamos que salen maricones y gente de malvivir y prostitutas, si quitamos todo eso todavía sería una porquería la novela”. Franco, aunque duró, “fue”. Marsé ganó el premio Rulfo (que sigue en jerarquía al Cervantes) en 1973, con esa obra. Después ganó el Planeta con La muchacha de las bragas de oro, y finalmente el Cervantes 2008 con Últimas tardes con Teresa. El lenguaje aceptado es muy diferente hoy a lo que admitía el paladar franquista y Marsé no vacila en usar las palabras que estima que transmiten lo que quieren decir sus personajes. Reside con frecuencia en Andorra, pero dice que no se adhiere a un suelo: “No soy nacionalista ni me dejo desafiar por asuntos de identidad, ni de banderas, ni de patrias…”. En las abundantes notas con que fue saludado su Cervantes, siempre hay una referencia a su propio nacimiento. El relato dice que nació él y murió su madre. Ese día, en el hospital, otra mujer perdía su embarazo y ya no podría repetirlo. El padre de Marsé se encontró con esa mujer y su marido a la salida del hospital. Al conocer su historia, les dijo que él no sabría que hacer con el crío y ahí acordó dárselos. Ahora Marsé dice que ésta es la historia que le ha contado su madre adoptiva, pero que tiene motivos para dudar.
Otros premios anuales existen, algunos creados por editoriales y hasta por diarios. La crítica ha destacado el premio La Nación, adjudicado a la novela Forastero, de Jorge Accame. El autor nació en Buenos Aires, pero vive en San Salvador de Jujuy y el noroeste argentino es el escenario y de allí son los personajes de su novela, editada por Sudamericana.
Sobre el final del año se estaba leyendo mucho Primero la gente, un libro escrito por el argentino Bernardo Kliksberg y el indo Amartya Sen, recibido con elogios por todo el arco progresista y comentado con entusiasmo por el obispo Casaretto.
La Pampa oficial sigue apoyando la edición de autores locales y ya se ha escuchado alguna crítica que apunta a la calidad entendida como condición para la trascendencia de lo publicado. Lo cierto es que en pocos años hemos visto aumentar la actividad editorial y 2008 ha sido particularmente activo, incluso por afuera del auspicio oficial.
El libro, pues, revela vitalidad y tiende a ocupar más lugar. No es fácil medir la equivalencia entre lo que se publica y lo que se lee, pero hay que creer que no solamente está activo el interés de los que escriben.
Atentamente:
JOTAVE