El libro y todo lo que lo constituye

Señor Director:
He estado atento al desarrollo del XVI Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que se realizaba en Resistencia, Chaco, en el pasado fin de semana.
Los que tienen el mismo interés saben que detrás de ese foro está la Fundación Giardinelli, o sea, el escritor Mempo Giardinelli, a quien he citado varias veces, a lo largo de años, en esta columna. Mempo es autor de libros valiosos, pero tiene otros rasgos que vale la pena mencionar: no le fue mal en Buenos Aires, pero no quiso dejar su Chaco natal y allí está, repitiendo la conducta de pocos pero notables autores argentinos. Todos ellos saben que el que no está en Buenos Aires, quien no figura en los medios metropolitanos, “no existe”. Por eso, los aspirantes a hacerse un sitio en el mundo de la cultura, generalmente emigran a esa urbe, considerada, desde su perspectiva, como una “ciudad luz”. Alguna vez trataré de desarrollar esta idea, a la que he picoteado en más de una oportunidad. Giardinelli también conoció el exilio durante la última dictadura y allá, afuera, parece que maduró la convicción acerca de cuál sería su sitio cuando llegase el momento de retornar. El caso es que está en Chaco y que ha creado una fundación para impulsar la lectura y mantener viva y renovada a la biblioteca. Tiende dos líneas maestras: una, hacia el mundo de la cultura, nacional y mundial (latinoamericano en especial). La otra, hacia la escuela y hacia las comunidades más desamparadas. En la versión número 16 del Foro atrajo a escritores argentinos y de otros países. Y a algunos periodistas, como Silvina Friera, cuyas crónicas en Página/12 son la fuente con que he podido contar, porque en general los medios de difusión nacionales actúan como si Chaco quedase afuera o demasiado lejos.
El Foro dio mucho para contar, por lo que la periodista debe haber tenido que hacer opciones. Y eligió ir a una escuela nocturna de enseñanza media, donde se “refugian” muchachos expulsados o libres de varios colegios diurnos. El colegio se llama Fray Mamerto Esquiú y tuve la sensación de que hablaba de nuestro Ayax Guiñazú de los años en que fui docente en este colegio santarroseño creado, precisamente, para dar oportunidad a muchachos que trabajan de día o que han trajinado sin suerte ni comprensión por institutos diurnos.
Los alumnos chaqueños esperaban a un escritor llegado por el Foro. Allí fue Hernán Brienza, a quien se había anticipado su libro Valientes. Cuenta Silvina cómo Brienza entró trabajosamente en confianza con su auditorio, a partir de referir que él también había sido alumno de una nocturna. Les habló de su libro más reciente para derivar hacia la realidad de esos chicos y chicas que lo escuchaban y que no tardaron en animarse a preguntar. “Nos quisieron convencer que no podía haber héroes entre nosotros”, les dijo a partir de la propuesta de su Valientes. Una docente preguntó sobre el tema de la objetividad (Brienza es periodista) y contestó que, en verdad, no se puede ser neutral ni independiente ni objetivo, porque (los individuos) vemos la vida de manera diferente. Lo que importa es leer y expresarse. “Cuando te obligan a pensar de determinada manera ya no sos libre… ser libres es pensarnos en libertad”. Que “mi viejo creía que la lectura te hacía mejor persona, que te hacía saber cosas que iban a impedir que otros te dominaran”, que “la experiencia de tener un libro, de tener tiempo para leer, me parece una aventura difícil de superar”. Otra docente le preguntó si creía que los jóvenes de hoy leen menos y respondió así: “Hay un pensamiento que no me gusta… que nosotros éramos mejores y que los pibes de ahora son unos tarados”.
El Foro, dije al comenzar, apunta en dos direcciones: atraer a los que han podido expresarse con libertad y estimular a quienes inician la brava batalla por su formación en libertad. Que no se rompa la conexión. Que el arriba y abajo no falsee la relación.
Atentamente:
JOTAVE