El proyecto como la voz más escuchada en el año

Señor Director:
Es posible que la voz proyecto sea la que más se ha escuchado en el año.
Creo que se puede pronosticar al vocablo proyecto una larga permanencia, puesto que se trata de una palabra de creciente uso y no solamente político. Si se consulta el diccionario de la lengua se verá que tiene numerosas aplicaciones, sobre todo en las matemáticas. La primera acepción del verbo proyectar dice: Lanzar o dirigir hacia adelante o a distancia todo lo pensado y que se quiere llevar a cabo con una diversidad de fines; eso es un proyecto. En política el proyecto de ley es una iniciativa presentada al parlamento para corregir un estado de cosas insuficiente, erróneo o injusto, buscando aquiescencia para probar si es eficaz.
Se puede observar que cuando se trata de una propuesta política hablamos de algo que está por hacerse. Me llamó la atención que en el ajetreo político actual se use también esta palabra para designar lo ya hecho, el haber de un gobierno, mientras que en otros casos se habla de lo que promete hacer si se recibe la bendición del voto mayoritario. De hecho, pues, cuando oímos la palabra proyecto deberíamos preguntarnos si se habla de la defensa de un haber político (lo hecho por un gobierno) o de una propuesta a futuro. O de ambas cosas, por lo que debe entenderse que quienes le dan este significado doble (caso del FpV) hablan de lo hecho desde 2003 hasta estos días, como indicador de las líneas de acción que han de seguirse en el futuro. No se trataría de crear algo nuevo, sino de profundizar las líneas maestras de lo hecho. Esto es, justamente lo que dice la Carta Abierta reciente: no se trata solamente de continuar sino también de profundizar. Si se dice continuar se dice poco atento a que es posible que una nueva configuración de la realidad socioeconómica del país exija revisar parte de lo hecho y, eventualmente, corregirlo buscando tener mayor eficacia. O atacar nuevos frentes. Si, en cambio, se pone atención en el discurso opositor (en lo que tiene de más compartido) el ataque se centra contra lo hecho. Entonces, en este caso, sabemos qué es lo que se rechaza, aunque también nos interesa saber lo que se intenta establecer en su reemplazo. La oposición habla de cambio y nuevos tiempos pero no da precisiones acerca de lo que se propone hacer. Si tiene un proyecto hacia adelante, como reemplazo de lo que hay, no lo expresa con total franqueza. Se ve, pues, que el fuerte de un proyecto es el haber, lo que se viene haciendo y lo menos preciso es cómo se ha continuar para “profundizarlo”. Quien tiene un haber presentable se esmera por hacerlo notar y ésta puede ser la ventaja relativa de quienes están en el poder respecto de quienes aspiran a tenerlo.
Cuando no se trata de un discurso político el mensaje descansa sobre lo hecho para proyectar las líneas maestras, configurando el futuro deseado. Cuando se habla ante una audiencia de expertos, el discurso busca desentrañar lo hecho para que se destaquen las líneas básicas de la política ejecutada y que formarían algo así como el esqueleto de lo que se pretende lograr en una prolongación en el poder. Esto es lo que hizo, la pasada semana, el ministro de Economía. Definió los tres puntos básicos: 1) ampliación de derechos y oportunidades para los postergados; 2) reindustrialización para una independencia económica y 3) desendeudamiento externo para posibilitar la soberanía política. Así dicho, estas líneas se orientan hacia el futuro, se proyectan y dan forma a lo sustancial del proyecto. A partir de este planteo Kicillof habló del haber, de lo hecho, para mostrar cómo es congruente con esas líneas que también se proyectan hacia el futuro. La oposición en general corre con desventaja porque no puede referirse a un estado de cosas anterior a 2003 que sea atrayente y se ve obligada a retroceder mucho en el tiempo histórico o buscar un discurso que sugiera que sabe cómo hacerlo mejor.
Atentamente:
JOTAVE