El terrorismo da susto porque también retrata

Señor Director:
Los hechos de terrorismo que se vienen sucediendo en relación con la guerra que se libra en medio oriente, ahora con centro en Siria, plantea algunas preguntas delicadas, que pueden estar o no en la mente de quienes han sentido el sacudimiento emocional que estos hechos provocan.
Pensaba en esto, en cómo desligar un efecto de la serie causal en el que inserta, porque convierte el hecho en algo muy racional y, sin embargo, es desde la emoción donde brota la respuesta inmediata. Leí entonces una entrevista (en P/12, del lunes 16) a Alice M. Greenwald, ahora directora del 9-11 Memorial Museum, de Nueva York, cuya implementación acaba de concluir.
Este museo tiene la singularidad de estar construido en los cimiento del World Trade Center, una inmensa construcción destruida por un acto terrorista el 11 de septiembre de 2001. Está en un séptimo piso bajo tierra, a unos veinte metros de la superficie. Es en el mismo escenario del suceso, que dejó 2.600 muertos. Se recordará que los terroristas se apoderaron de aviones de pasajeros y estrellaron uno contra la torre en una jornada laboral, con el edificio plenamente ocupado. El museo recibe a los visitantes con una reproducción muy realista del suceso, de sus efectos y de la reacción de las personas que estaban en las proximidades. Reproduce testimonios en veintiocho idiomas y quiere dar cuenta del hecho de que, en medio del horror y el miedo, hubo muchas personas que arriesgaron todo por ayudar. Se ha querido “hacer un museo que cuente una historia”, dice la directora, quien entiende que el atentado y lo que se muestra permite conocer dos caras de la condición humana, pues los que ayudaron a todo riesgo mostraron que como humanos somos, a la vez, capaces de hacer el acto terrorista y también dar ejemplos de generosidad, empatía y coraje.
Dice Greenwald que “un museo no va a detener el terrorismo en ninguna parte. El ser humano es capaz de acciones horrendas. Este museo da testimonio de lo ocurrido y también de la capacidad de cada uno por procurar cambios positivos”.
Greenwald venía de dirigir durante años el Museo del Holocausto, en Washington, otro testimonio de la capacidad humana de generar tanto un acto de terrorismo como también de pensar y poner en obra una situación de terror continuo, a lo largo de años.
Puede pensarse, pues, que el suceso terrorista sigue siendo horrendo al margen de la cadena causal en la que se inserte. Es un testimonio que nos muestra algo que, por ser posible, retrata al ser humano. No es un hecho de guerra, porque en la guerra lo que tiene sentido es lo que puede ayudar a la victoria.

Debate
A propósito del debate del pasado domingo se ha podido leer infinidad de testimonios, la casi totalidad de los cuales define el compromiso de quien lo formula. Es lo que dice Eduardo Aliverti: que en estos debates no hay vencedor definido, salvo que uno de los dos cometa un error garrafal, cosa que no se produjo el domingo. O sea que debe haber un perdedor notorio (el que comete ese error) para que haya un vencedor.
José Natanson escribe que, según la experiencia norteamericana (donde el tema ha sido estudiado a fondo) un debate no tiene impacto discernible en el resultado de las elecciones. Otros analistas limitan el efecto posible en el caso de los que no tienen decidido su voto.

Clacso
La conferencia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) que acaba de realizarse en Medellín, Colombia, dio un fuerte respaldo al proceso de paz entre el gobierno y la principal organización armada subversiva.
Se trata de poner fin a un estado de guerra que lleva medio siglo y consume las energías de ese pueblo.
La conferencia tuvo dos estrellas en los ex presidentes de Brasil (Lula) y de Uruguay (Pepe Mujica). Ambos atrajeron a una multitud en la cual predominaban los jóvenes, mayoritariamente universitarios.
Jotavé